El Emperador no tiene quién lo pare


Solo escribir de él, ver sus fotos, hablar de él… da grima. El “emperador” Berlusconi sigue acaparando todos los medios de comunicación con la rabieta que ha cogido por el caso de la joven Eluana que, decidida a aplicar el derecho de decidir con su vida que desea la muerta, este facineroso dirigente le quiere quitar: el derecho a vivir…, y a morir.

Este personaje, que ni la pesadilla más terrible de Stephen King fuese posible de crear, se apodera de la democracia para seguir aplicando, bajo el rodillo de la autocracia y el fascismo más recalcitrante, su poder de decisión y de elección. Aún soy incapaz de entender como los italianos pudieron volver a votarle y ganar las elecciones. No me cabe en la cabeza. No puedo entenderlo…, de verdad.

El caso es que la joven Eluana, en coma desde 1992, tras sufrir un accidente, expresó ante la Corte Italiana su deseo de morir. Deseo que ha sido confirmado por sus padres y por sus abogados. Ahora, el botarate político italiano, este personaje salido de la clínica de rejuvenecimiento con menos años pero más cara dura, convulsiona la política, los estamentos, los jueces y la república italiana con su cruzada católica y ultrajante contra los derechos de las personas.

Hasta el propio padre de Eluana no entiende la situación y capea como puede la batería de jueces, juicios y sentencias que la maquinaría judicial de Il Cavaliere, ha activado en contra… ¿de qué? Pues, está claro, en contra de la moral no confesional y católica. Y ahí los italianos lo tienen difícil. Si en España el yugo de la Iglesia Católica es pesado en determinadas ocasiones, en Italia se multiplica por siete. Y es que, que Ratzinger tenga su feudo ubicado en el centro del corazón de Roma, genera más aversión a lo “católicamente incorrecto” que en cualquier otro estado.

Y resulta más increíble todavía, que sea imposible de parar. Que el pueblo no salte a las calles en defensa del derecho a la libertad de elección. Vivo si quiero. Muero si lo deseo. A todos nos gustaría conocer qué está pasado por la cabeza de esa chica quiere liberarse y liberar a todos los que la rodean de un sufrimiento alargado durante tantos años. El padre manifestó: “Cuando Eluana no esté con nosotros, volveré a una dimensión humana. He vivido en una dimensión inhumana. Mi hija ha sido violada, continuamente invadida en su cuerpo, objeto de una violencia que ella habría definido como inaudita, inconcebible e inaceptable”.

Aún sigo dándole vueltas: ¿cómo es posible que dictadores como éstos manejen los hilos de un país? ¿Quién tiene la culpa de esta desfachatez vestida de Zegna?

Miedo me da que esto pudiera pasar en nuestro país. Porque “berlusconis vestidos de corderos” los tenemos a patadas. Sólo hay que mirar a Génova (pero no la de Italia).

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