De un país en llamas

Estamos en un país en llamas y no tenemos un “cuerpo de bomberos” que sea capaz de apagar semejante incendio.

Nuestro país está ardiendo al contemplar la pléyade de incompetentes políticos que tenemos, que son incapaces de arrimar el hombro para hacer causa común contra esta crisis que está destrozado un país, una sociedad, familias y sus entornos. Nuestro políticos, esa corte de vanidades apalancadas en la mediocridad del poder que ostentan, chillan, berrean, patalean e insultan, pero trabajar, no trabajan.

Tenemos un país en el que el Gobierno está quemado, tocado y casi hundido. Un gobierno que ha tenido que aprobar propuestas que los de la oposición tenían para cuando ellos entraran en el poder, pero que ahora son los socialistas los que se meriendan con nata y sirope una impopularidad que a ZP y su gente les ha tocado en la misma línea de flotación. Pero es que, una vez más, lo han vendido tan mal… ¿Por qué no comenzaron esa retahíla de nuevo puntos de recortes con el anuncio de la rebaja y posterior congelación de todos sus sueldos y prebendas¿ ¿O de los Ministerios que no tiene entidad (Vivienda dentro de Fomento, volver a fundir Educación con Ciencia e Innovación, eliminar la Vicepresidencia 3ª –¿me pueden decir que hace Chaves?-)? ¿O de meterle mano a las administraciones autonómicas y locales que son el caos organizativo y presupuestario? No, primero al núcleo duro y más sensible. ¡Y nosotros ni nos miramos porque aún nos quedan dos años y, quizás, remontemos esta lamentable situación!

Sufrimos un Estado en ebullición porque tenemos una oposición que tiene manchada su cúpula, sus rostros, sus nombres, y lo único que hacen es escaldar las barbas de los otros. Tenemos una oposición tan ruin, que deberían de mirar a Alemania o Reino Unido y ver cómo, frente a la adversidad y para salvar eso que tanto se enorgullecen en defender que es el nombre y la reputación de España, flaco favor están haciendo jugando a dinamitar cada intento de acción por parte del Gobierno. Seguro que les da resultado, si. Pero eso es de cobardes.

Convivimos en una nación encendida por la ira por ver como un juez que lucha por la verdad, por la justicia, contra la corrupción es apartado de su trabajo por aquellos que aún luchan por la muerte, por la persecución y por la corrupción. Estamos a la altura de una república bananera en la que los corruptos, los mafiosos, los asesinos fascistas, los seguidores de una dictadura macabra y cruel, son los que manejan los hilos del tercer poder.

Y cada fuego se aviva, se caldea más, crepita en todos y cada uno de los sufridos parados, inmigrantes, pensionistas, familias humildes, jóvenes en busca de una oportunidad… Y no hay nadie que lo apague. Y el que consiga agarrar las mangueras tan solo amainará las llamas porque, en el subsuelo, por debajo, el calor y el furor seguirán encendidos en espera de alisios que los animen a reavivar.

Me encantaría poder cargar en los escritorios de los PC de nuestros políticos la frase de Henry Ford que dice: “El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia” y que cada mañana, cuando comiencen sus jornadas de trabajo, intenten perseguir esa pequeña realidad.

Me temo que, debido a su gran y sempiterno orgullo, no querrán entender esta frágil verdad.
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