Vive y deja vivir

El crítico y escritor británico John Ruskin dijo que: “Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”. Un niño/a viene con el disco duro libre, virgen, vacío, esperando a que su capacidad crezca a ritmos vertiginosos, que las millones de descargas que se van produciendo en su entorno, desde su madre, a través de la familia, en la sociedad, vayan ocupando las celdas correspondientes a su memoria y poco a poco las Megas se conviertan en Gigas, o en Teras…, adquiridas legalmente a través de la educación, de la formación, de la moral y la ética que tanto padres, familiares y educadores transmiten al niño vía experiencia vital. Pero también, como con los procesos de las computadoras, esa información puede ser pirata, descargada ilegalmente, recibida por agentes contaminantes que convierten esa información en perversa.

Toda esa información, esas descargas, legales o no, se reciben a través de la televisión, el cine y, por supuesto, a través desde la Red. La tarea de padres, educadores, políticos, líderes de opinión de filtrar toda esa información, de depurar, canalizar y emitir esos mensajes, es crucial, información que, como la masa de una pizza, hay que ir manipulando, acariciando, moviendo, aderezando de harina o sal, de guante de hierro y mano de seda, para que la base quede perfecta. Si la masa es grumosa, con imperfecciones, el plato final no será de gusto del comensal.

Yo creo que, en la actualidad, el problema es que la mayoría de las descargas, de la información que los niños, adolescentes y jóvenes del mundo civilizado, tienen más acceso a las descargas piratas que la información legal. Es mas rápido, no hay que dar explicaciones y tiene su punto de riesgo y de confrontación. La familia se aliena por el día a día de cada uno de sus miembros, alcanzado cuotas que para, por ejemplo, las mujeres, han costado lágrimas y sangre y que ahora no se está dispuesto a abandonar.

El modelo es, por tanto, visible, aparente en cada rincón, en cada espacio en el que el joven vive y convive por lo que toda es información que salga deteriorada, contaminada, pirata, muchas veces es la que se queda porque es la que más impacta en el receptor. Si seguimos alimentando la educación de nuestros infantes, adolescentes y jóvenes con mensajes contradictorios, homófonos, perversos sobre el hecho LGTB, el daño moral, intelectual que se aflige sobre las nuevas generaciones, constatará como un hecho irremediable y de difícil solución. Si seguimos ampliando la grieta de que la diversidad no es tolerable en un mundo heterosexual, seguiremos alimentando el hambre de diferencia, de clases, de superioridad y de igualdad de unos frente a otros. Y en esta tarea hay que incidir desde la escuela, desde las familias, desde los políticos. Flaco favor nos hacen determinados sectores de esta sociedad de seguir dinamitando la igualdad para todas y todos negando la realidad de la diversidad sexual, aún cuando dentro de sus filas, de sus mandos, de sus corpúsculos, se encuentran ocultos bajo el estigma del miedo.

Y gran parte de que se siga estableciendo y ampliando esa fractura social y moral, tiene que dirigirse a nuestro sistema de enseñanza.

El sistema educativo español se mece en la cuna del que tiene el poder. Esto es contraproducente para su madurez, para que cimente un poso institucional, serio, solvente y contrastado. Cada vez que los políticos mangonean en la ley educativa, toda la base se cae, el profesorado se desorienta y tarda en asentarse.

Ahora disfrutamos de una educación más plural (o se pretende) con la asignatura de Educación para la Ciudadanía que tanto daño significó para muchos (curiosamente para aquellos que no se dedicaban a la educación) y que ahora ya no es pugna electoral. Eso sí, en cuanto el partido de la derecha vuelva a gobernar, de nuevo la educación será reformada, no lo dudemos, y la primera pieza que caerá es esta asignatura en valores.

Si lo que quiere la derecha es volver a la raíces de un centralismo, de un nacionalismo, de una sola educación en valores cristianos, la sociedad plural tiene que actuar de la misma manera reaccionaria que aquellos que quieren aplicar su rodillo.

Los padres, los profesores, los educadores, los medios de comunicación, los troneros, los contertulios, los políticos, no pueden soltar perlas ensangrentadas porque son virus que enraízan en la moral y la ética de cada uno para derivar hacia actitudes homófobas y punitivas contra los que no están bajo esa norma que tenemos que dar como establecida, y que no es tal, porque la única forma real que debe existir es la de la libertad, bajo el respecto al resto de libertades.

Artículo publicado para EducaDiversa: http://educadiversa.org/
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