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¡Vaya la que se está liando en la Academia de Cine! Flaco favor al cine español. ¿Es necesaria tanta publicidad a escasos quince días de los Goya, la gran cita del cine patrio con los medios y el público? Mi opinión es que no, que no son compatibles las riñas, dimes y diretes con una imagen sólida y cohesionada de la gran familia del cine español, y menos si entre medias se mete la Ministra que todo lo desarregla y malmete al cineasta/director con su propia casa invitándole a salir por la puerta trasera porque, no vaya a ser que se incomode sentándose juntos en su visita al Teatro Real. Mal gesto. Si el mundo del cine manifiesta un cierto incomodo desde dentro, va a ser muy difícil que el espectador, público o privado, diseccione lo que esta situación conlleva de crítica y de razón. Lo más fácil, para muchos, será aquello de que “el cine español no conecta, porque ni sus miembros se ponen de acuerdo entre ellos”.

El problema que siempre revolotea por las atmósferas culturales y sociales es la consabida disociación entre cine español y público. El pasado miércoles, tomábamos un café con una directora de cine y, mientras nos contábamos nuestros proyectos, nuestros objetivos para este año difícil y complicado, en los ojos de ambos (el de la directora y el de mi pareja, también director de cine) observaba cómo se les encendía esa chispa mágica que genera la ilusión por rodar, por vivir y desvivirse con la mágica ilusión del cine. Y quizás esa sea la pregunta: ¿le falta pasión al cine español? Yo creo que si.

Pero también le falta aire y transparencia, y un poquito menos de control por parte del Ministerio y más apoyo de instituciones privadas y de las televisiones. Y riesgo. Ante la dificultad de estrenar, rodar con presupuesto y distribuir, hay que optar por la “guerrilla” frente a la comodidad de esperar a encontrar ese cazasubvenciones que te facilite el dinero público para poder desarrollar tu proyecto.

El cine es cultura, como los museos, las exposiciones o la música, y tenemos que convertir al cine español en un bien de todos, al gusto de todos, y que debe conectar con el espectador potencial: todos. ¿Cuándo nos convenceremos que, por ejemplo, tenemos que mirar hacia Francia para tener un fiel reflejo de lo que significa: apoyo, interés, motivación, conexión, creación, distribución y difusión del cine nacional? Yo no me explico por qué, el Ministerio de Educación, no utiliza como herramienta pedagógica el cine, cuando existen películas maravillosas (últimamente documentales, es cierto) que ayudarían a comprender y a amar el cine desde dentro. Además de generar una visión cercana y real a muchas situaciones, realidades y problemas que está viviendo nuestra sociedad.

No tenemos que esperar a que Almodóvar, Amenabar, Segura (que este año amenaza con su Torrente 4), u otros directores que mueven espectadores, alegren las cifras de cuota de pantalla para que el resultado del cine español no ensañe y dé motivos de alegría a aquellos intereses políticos de gobernantes reacios con la gente de la cultura.

El cine es un bien de interés general, que tiene que formar arte y parte de la cotidianeidad de todas y todos. No ensuciemos más con problemas el leve equilibrio y presencia de nuestro cine porque, como dijo el humorista Pedro Ruiz: “lo bueno del cine es que, durante dos horas, los problemas son de otros”.

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