Abierto por vacaciones

¿Serías capaz de trabajar de 6 de la tarde a 6 de la mañana, de domingo a domingo los 365 días del año? ¿Te gustaría que, de ese sueldo que recibes por tu trabajo, te descontaran el vestuario, o las tiritas si te haces daño, o los viajes dentro del horario laboral y para la empresa que trabajas, o incluso a pagarte las comidas cuando podrías llevarte el almuerzo desde tu casa? ¿Consideras justo que tengas que pagar a tu jefe una deuda que no sabes porqué has contraído por hacer el trabajo en su lugar de desempeño? ¿Estarías dispuesto a que este trabajo de mierda, además, sea ofreciendo tu cuerpo a personas a las que no conoces, con las que no quieres tener relación, y las que asqueas con tan sólo se te acerquen a saludarte? Esto, es una realidad. Se llama trata de mujeres. Y no es un trabajo. Es explotación de personas.

Imagen del Instagram de @chicasnuevas24h

Ayer jueves tuve el inmenso honor de ser invitado y acompañar a Mabel Lozano en la premiere de su nuevo documental “Chicas Nuevas 24 horas“, un trabajo cinematográfico que refleja la situación de la explotación de mujeres en países como España, Argentina, Paraguay, Perú o Colombia. Un retrato sin edulcorantes, ni efectismos. Sin artificios. Real. Sin caer en la lágrima fácil ni veladas pretensiones de reportaje para una televisión generalista en horario primetime. No. Este trabajo es un bisturí que disecciona con precisión eso que todos sabemos, eso que todos hemos oído hablar, eso que todos conocemos que alguien ha consumido. Y que sigue ahí.

Este documental tiene nombres y apellidos, los que encubren los anuncios de periódicos, las páginas Web, los carteles en las farolas de las calles, los que olvidan los comerciantes de personas y que convierten en un número: cuánto haces, tanto vales.

Son personas, pero tratadas como mercancías, y como tales derivan por todo el proceso de gestión de productos: comprar, empaquetar, dispensar, recibir, exhibir y vender. Pero tienen una (des) ventaja: son reutilizables, y cuando dejan de ser útiles… ¡Desechables!

70 minutos de conciencia social. 70 minutos de repulsa. 70 minutos de odio visceral hacia esos traficantes, encantadores de serpientes, mentirosos tahures, familiares codiciosos, corruptos y corruptelas. 70 minutos… Presentar lo que ocurre cada minuto, cada día, cada mes, cada año, año tras año en la vida de estas mujeres y niñas requiere un tiempo extra. Y Mabel nos lo pidió al comenzar la proyección. Y nosotros se lo permitimos.

Ahora nos toca pedir -o incluso exigir-, al resto de la sociedad, que dedique sus 70 minutos a ver lo que ocurre. Para que en los segundos posteriores al visionado, la cadena de favores se amplíe y, entre todos, consigamos que ese reloj que cuenta el tiempo que tarda otra mujer, otra niña en ser engañada, se pare.

“La verdadera igualdad de todos es la igualdad de personas libres: sólo la libertad es igualdad” – Max Stirner.

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