¿Pasar Página o Quemar El Libro?

Este viernes he visto un capítulo más de la segunda temporada de la MARAVILLOSA serie «Sapere Aude», la continuación de esa joya televisiva que es «Merlí», y que podemos ver en Nexflix. Cada capítulo viene cargado de filosofía de la buena: de la teórica en las clases que imparten La Bolaños y otros profesores, y filosofía de la vida. Real. Como la vida misma. El gran acierto de esta segunda temporada ha sido incorporar al personaje de Dino, el impresionante Eusebio Poncela haciendo alarde de lo que es, el mejor actor de cine, teatro y televisión que ha parido este país. Sus conversaciones con Pol o María Bolaños (¡¡enorme María Pujalte, brava!!), son de lo mejor guionizado para la ficción en muchos, muchos años.

Al final del capítulo 7, en el que la pandilla está sentada hablando de sus cosas, Rai dice: «Pasar página está bien, pero a veces debes quemar el libro y tirar sus cenizas al mar.» ¿Por qué lo dice? No te lo desvelo que no quiero hacerte un spoiler. 😉

En los últimos meses, he tenido relación muy directa con la familia de un prodigioso joven músico con TEA. Hablando con sus padres me decían que era injusto que este chico, superdotado en las artes musicales, no pudiera acceder al Grado Superior de Música por su discapacidad, cuando había demostrado conocimientos y técnicas excepcionales, alabadas y reconocidas por sus propios profesores. Barreras entre la norma y la realidad. Diferencias entre lo que unos dictan -muy alejados de la realidad de la calle, y otros tenemos que cumplir.

¿Qué miedo existe a renovar la Constitución, para trabajar y redactar en un nuevo tratado que acoja y recoja la realidad de un país, de una sociedad que ha evolucionado en estos casi 45 años de su historia? ¿Por qué mueven páginas, marean sus letras, artículos en lugar de «quemar el libro», tirar las cenizas al mar con todos los honores por la labor prestada, y trabajar todos en construir un modelo acorde a los nuevos tiempos? ¿Qué pierden unos, y qué ganamos otros?

Quizás el problema reside en eso, en lo que pierden unos pocos.

Ocupad@s

¡Dos meses sin escribir! Y no por ganas. Si no por tiempo. La «vuelta al cole» ha sido tan «intensa», que no he encontrado el momento para sentarme delante del PC, abrir el blog y activar el modo «domingo» para actualizar los contenidos, las páginas, y escribir de nuevo.

En los primeros días de septiembre, he estado desplazándome al trabajo desde otra vivienda, porque la nuestra estaba en obras (bueno, aún no han acabado, pero ya hemos vuelto al hogar), y me enfrentaba a 17 paradas de metro entre esta casa estacional, y el trabajo. Durante estos largos trayectos he escuchado todos esos podcast que tenía almacenados. ¡No hay mal que por bien no venga! En uno de esos trayectos, se sentó a mi lado una chica, de unos 30 y pocos años, que estaba anotando en una libreta tipo «moleskine», las clases extraescolares y particulares de su niña. ¡¡Y yo me quejo de agenda!! 🤯 Aquello era un puzle de mil piezas sin plantilla sobre la que guiarse. Era una locura. Como soy muy curioso, de vez en cuando lanzaba el ojo izquierdo hacia su libreta. Pude ver que el viernes, a las 19 horas escribía «psicólogo». ¿Para ella o para la niña?

Y mientras que yo movía mi pie al ritmo del podcast de Defected by Rimarkable mi cabeza se puso a pensar: ¿Realmente necesita esta niñas todas esas clases extraescolares? ¿Son una excusa para que los padres tengan tiempo para trabajar, llegar a casa y que la niña no esté sola, o tener que pagar a una niñera? ¿Están creando un «monstruo de la ansiedad» o una «niña prodigio»? ¿Qué pensará la pobre criatura de tan apretada agenda? ¿Sus amiguitas/os tendrán la misma carga de extraescolares? ¿Cuándo tendrá tiempo para jugar? Y en estos pensamientos, llegué a Atocha y me tuve que bajar.

Vivimos entre los huecos del calendario. ¡Si nos dejan!

Flip-Flop

Es mi calzado favorito. Si las condiciones climatológicas lo permitieran, estaría todo el año en chanclas. Como desde hace un par de meses el calorcito aprieta, las flip-flop son lo mejor para estar fresquito. Cada temporada me dejo caer por la página de Havaianas y busco un par que me gusten. Este año me han regalado unas de la colección «Strangers Things» chulísimas. ¡No veo el momento de estrenarlas! Porque eso si: las nuevas no se estrenan hasta que no comienza oficialmente la temporada de playa. Mientras tanto, tiramos de «fondo de armario» 😜.

Y parece ser que ese momento de sacarlas de la bolsa está ya más próximo. Se huele. Se intuye. Se necesita. Se impacienta. Se agolpa en las prioridades. Ya hemos desempolvado la maleta del trastero y está esperando a que se llene de kilómetros.

Ha sido un año magnífico, intenso, con cosas muy interesantes y proyectos de los que invitan a crear. Retos. Muchos. ¿Quizás demasiados? Condensados en estos 7 meses de un año en el que hemos tenido prisa por recuperar los dos previos de pandemia y post-pandemia. También ha sido un año muy triste. Se fue y empezó de la peor manera posible. Pero esta excesiva actividad profesional y personal ha hecho que el duelo haya sido más llevadero. Pero no se olvida.

El próximo martes, a las 14.30 horas, colgaremos el cartel de «Cerrado por Descanso» hasta finales de agosto. La agenda ya está que explota a la vuelta pero… ¡De eso hablaremos después de las vacaciones!

Feliz verano a todas y todos.

A Medio Gas

En reserva. Casi sin combustible. Con el depósito de las energías bajo mínimos y con una necesidad imperiosa de repostar energía (renovables, limpias y sostenibles). No, no estoy haciendo ninguna radiografía de la situación energética del mundo. Más bien estoy dando los resultados de mi escáner vital de estos momentos. Muy cansado. Pero feliz.

Mis años naturales se mueven por los años escolares. La temporada comienza en septiembre y acaba en julio del año siguiente. Y la «vuelta al cole» ya tiene agendadas cantidad de lecciones y materias, así que hay que intentar disfrutar de la pausa.

Me queda una semana. ¿Llegará la reserva? Espero que sí. 🤦‍♂️

Andar… ¡Sola!

El pasado jueves, cuando bajaba a la piscina sobre las 8 de la tarde (a esa hora los padres empiezan a replegar a sus niños para prepararse para el cole, y se puede nadar sin problemas), me encontré con una vecina con la que hacía tiempo no coincidía. De lejos me llamó y me dijo: ¿No te has enterado? Yo le pregunté que de qué me tenía que haber enterado. Ella me dijo: ¡Que mi marido se murió en mayo! ¡¡Me quedé fulminado!! Entrando en detalle, la semana que pasó yo estuve en Salou trabajando en un evento y claro, no vi el cartelito que se pone en el portal o en la garita del portero. Me disculpé, le di el pésame y estuvimos hablando un buen rato.

En un momento de la conversación, en el que mis argumentos se fundamentaban en que hay que seguir adelante, que están sus hijos, que tienes mucha vida por delante, que buscara nuevas ilusiones, etc…, me dice: –¡¡Por qué no me ha llevado a mi también!! Y rompe en desconsuelo. Uf… Yo no sabía que hacer… Como pude la consolé y nos despedimos. Esta señora, su marido (DEP), y mi madre (antes de que empezara con los problemas de movilidad), iban muchas tardes a caminar juntos por el Parque del Planetario. Se apreciaban mucho. Fuimos de los primeros vecinos de la urbanización hace ya 45 años y eran, son muy majos y muy respetuosos siempre.

En la piscina, fui incapaz de concentrarme y de hacer mi entrenamiento. Me puse a flotar, a intentar desconectar, a olvidarme un poco de esa situación. Entonces, instintivamente miré a la terraza de la casa de mi madre. No estaba asomada… Ya no. Curiosamente, otro vecino, me despejó de mi tristeza y comenzó a comentar que vaya cambio generacional se había producido en los últimos años en la urbanización. Ahora eran todo parejas jóvenes con niños/as y que la piscina estaba llena de los nietos de los primeros vecinos/as. ¡Ya quedamos muchos menos, me dijo! Y nos pusimos a contar bloque a bloque cuántos vecinos de los «primeros colonos» de la urbanización «Nuevo Parque», quedábamos. Pocos.

De acuerdo con los datos del último trimestre de 2020 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número total de viudos y viudas en España asciende a 2.917.800 personas. De ellos, 2.331.200 son mujeres, mientras que los hombres solo representan 586.600. Es decir, el 80 por ciento de los viudos/as en España son mujeres. Ellas, ahora, están aprendiendo a andar solas.