(Ir)Responsabilidad Compartida

Ayer comenzó para algunos/as, el comienzo de la cuenta atrás. El desconfinamiento llegó para los mayores de 14 años que no tenemos ni hijos, ni perros, que estábamos en casa, y cuya salida al exterior se remitía a bajar la basura o a ir al supermercado (eso si, con responsabilidad y por necesidad).

Ayer se dio el pistoletazo de salida y la posibilidad se convirtió en necesidad y urgencia, lo que desbordó las predicciones. Mi marido y yo salimos de 20 a 21 horas (distrito de Arganzuela, Madrid), y nos volvimos, por que las calles del barrio parecían la Gran Vía en un día de Navidad. Gente que salía sin mascarilla. Personas que se paraban en corrillos en la acera, bloqueando el paso de los que salimos a caminar. Abrazos, besos y efusividad. Adolescentes pegados al movil (¿pero no habéis tenidos suficiente móvil en casa?), y en grupitos de amigos ji ji, ja ja… ¡Y sin mascarilla! Bicis timbrando a los peatones que iban por la acera, skateboards y patinetes zumbando alrededor… Personas que decían que ya habían salido esta mañana, pero que ahora hacía muy buena tarde… WTF! Runners a lo suyo, que bastante tienen con ponerse de nuevo en forma. ¡Y los parques cerrados a cal y canto! (lo que habría evitado este colapso de transeuntes que salen a la jungla tras muchos días de encierro en nuestras jaulas de cemento). ¿Irresponsabilidad Compartida?

(Ir)Responsabilidad Compartida post de @JgAmago en #ReInventarse
Imagen de Edwin Hooper en Unsplash

El concepto de responsabilidad compartida lo tenía vinculado al mundo de la empresa y su RSE/RSC, y lo definen como:

Los modelos de responsabilidad compartida promueven que las personas se ilusionen y disfruten con nuevos retos, adquiriendo competencias de alta calidad que les proporcionen los recursos necesarios para desarrollar su capacidad de liderar y de tomar decisiones, impulsando su papel como creadores de conocimiento dentro de la organización.

Pero buscando referencias para escribir esta reflexión, he encontrado esta cita de Karen Barad, Profesora, Historiadora y Filósofa especializada en Feminismo que define la responsabilidad compartida del individuo/a como:

… «un acto de intra-dependencia, es una consciencia de esta conexión, es compartida entre todas las partes del sujeto “relación” y es consciencia de cómo ponemos o quitamos estas barreras y fronteras para decidir qué es importante, qué no es importante, qué cosas decido tener en cuenta y cuáles no, a la hora de tomar decisiones sobre mis actos sabiendo que estoy afectando y soy afectado/a por mi entorno y mis relaciones».

Karen Barad, Barad, Karen (Spring 2003). «Posthumanist performativity: toward an understanding of how matter comes to matter»

El entorno nos facilita ser sociales y sociables. Pero también nos embrutece, envilece y genera invidualismo. En este puzzle de responsabilidad compartida por decenas de piezas que entran en juego, no conseguiremos la foto final si una de ellas no encaja. Deberíamos desaprender para aprender. Crear nuevos escenarios de colaboración responsable y construir un nuevo entorno que nos ponga rumbo a hacia esa «nueva normalidad».

Números

Leyendo en el blog de Natalia Simón, una de sus últimas entradas titulada «El Valor de las Encuestas», me sugirió el tema sobre el que escribir hoy, camino de los 40 días de confinamiento por la crisis del COVID-19.

Desayunamos, comemos y cenamos con números. Sobre las 11 de la mañana, cada día conocemos la cifra de personas contagiadas con coronavirus, las altas nuevas, el total de afectados en las últimas 24 horas (según el sistema nacional de sanidad), y el número de muertos. Un número que ya tenemos asimilado al del día que es, la hora que es, el año que vivimos… Un número que forma parte del día a día. Un número que nos provoca escalofríos, inquietud, tristeza, pesar… Un número que suma, multiplica, de vez en cuando resta… Un número que divide.

Números post de @JgaAmago en #Reinventarse
Imagen de Carlos Irineu da Costa en Unsplash

Natalia habla de fiabilidad, confianza, validez y representatividad. Y los números del COVID-19 está muy lejos de todas estas variables y ponderaciones. Y a pesar de ello, son datos que preocupan. Asustan. Dan miedo.

El expresidente de Brasil, Itamar Franco dijo que «Os números não mentem, mas os mentirosos fabricam números» («Los números no mienten, pero los mentirosos hacen números»). El día que conozcamos los números con fiabilidad, confianza, validez y representatividad, ese día, sabremos que con los números se podrá demostrar cualquier cosa. Hasta la verdad.

Ciencia y Consciencia

El confinamiento está significando que día a día desayunemos con las ganas de salir a la calle, almorcemos con el deseo de ir a abrazar a nuestros familiares y amigos, cenemos con el mantra de que mañana, al volver a despertarnos, el menú será igual. Ganas. Deseos. Anhelos. Esperanzas. Intenciones. La luz al final del tunel ni siquiera comienza a asomar, por mucho que los «líderes» se empeñen en intentar normalizar la situación. Ni curva, ni leches. Ese rayo se volverá en oscuridad. Lo siento. Los españoles NO estamos preparados.

Ciencia y Consciencia post de @JgAmago en #ReInventarse
Imagen de Science in HD en Unsplash

Una nueva entrega del estupendo programa de Iñaki Gabilondo en Movistar+ (ya va por el tercero, la próxima semana será el cuarto y último), está arrojando una visión más allá de las crónicas diaria de muertos, de irresponsables políticos de todos los colores y marcas, de mensajes erróneos, de recetas mágicas y de pócimas salvadoras. «Volver a ser otros» debería ser uno de los libros de cabecera de cada uno de esos desayunos, comidas y cenas con los que comenzar a pensar en pequeño, para poder hacer cosas a lo grande. Ciencia y Consciencia, concluía la segunda entrega.

Todo sabemos -más o menos-, lo que es la ciencia ¿verdad? Pero, ¿Y la consciencia?

La consciencia es el conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, pero también se refiere a la capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento.

Fuente: Wikipedia.

No se trata de actuar conforme al bien o el mal, según nuestra moral. Se trata de percibir que las cosas están cambiando y que tenemos que cambiar con ellas. No nos debe valer un «más de lo mismo» cuando el desescalamiento del confinamiento (¡qué de palabros estamos aprendiendo!), nos permite retornar a cierta cotidianeidad. No.

Debemos reconocer que tenemos que cambiar para alcanzar unos valores nuevos que nos permitan lograr la felicidad que abandonamos el día que nos confinamos; la felicidad que está por venir cuando regresemos a una vidas sin encierro forzado. Sólo entonces viviremos sin el miedo a otra pandemia: la de la falta de consciencia por culpa de la conciencia.