Platos Rotos

Somos humanos. Comentemos errores. Porque hacemos cosas. Porque probamos y testamos nuevas soluciones. Porque no nos quedamos de brazos cruzados y emprendemos. Si salimos con éxito (o simplemente salimos bien parados), hay veces que no valoramos el esfuerzo que nos ha significado afrontar esa tarea. Se ha hecho realidad, se ha salvado con justicia y listo. Pero cuando fallamos, cuando algo sale mal, cuando el resultado no es el esperado… ¡Entonces nos situamos en el reverso tenebroso del fracaso! Y cuesta afrontarlo. Cuesta salir. Si. Y más cuando ese tsunami, interno y externo que genera el error, afecta en su onda expansiva a personas que le han dedicado las mismas horas, el mismo esfuerzo, la misma dedicación, cariño e interés que tú le has puesto a la tarea. Y la situación se agrava cuando, personas por las que lo darías todo, han confiando en ti para emprender esa misión.

Platos Rotos post de @JgAmago en #ReinventarseBlog
Imagen de CHUTTERSNAP en Unsplash

Soy perfeccionista. Hasta el extremo. Mi marido no se cansa de decirme que demasiado, que debo relajarme un poco más y no tomármelo todo con esa “pasión” que me quita el sueño, el humor y la salud (¡ojala también me quitara el hambre, porras!). Y hacía mucho tiempo que no me enfrentaba al error, con nombre y apellidos. Me desmoroné. Y encontré cariño, apoyo, aliento, ánimos, brazos a los que agarrarme, hombros en los que lamentarme. Pero el consuelo no encuentra motivos suficientes para olvidar, y dejar de seguir dándole vueltas… ¿Por qué?

“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.” “Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos.”… “Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error.”

Si…, si…, Todo eso lo tengo presente pero… ¡Cómo jode que antes de una cena especial, se rompa tu mejor vajilla! 😡

Feliz Navidad a todas y todos. 🎄