Velocidad

Llega un momento en el que hay que parar. No es normal. Más de dos meses sin tener un fin de semana sin actividad. Para no hacer nada. Y los próximos dos siguientes pintan igual… ¡O peor! ¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas?

Ayer, mientras fumaba un cigarro con familiares de mi marido, en un momento de calma tras un fin de semana de intensa actividad, difícil, dura, triste…, comentábamos cómo había pasado el año. ¡Volando! Llega otra Navidad (rara, eso sí), y pronto tendremos la Semana Santa, y después los puentes de Mayo; y luego el verano -que pasa como una exhalación-; y de pronto la vuelta al cole; y luego Halloween; y sin darte cuenta Navidad otra vez… Viajamos en AVE para aprovechar el tiempo cuando nuestra vida es nuestro particular tren de alta velocidad

Velocidad post de @jgamago en #reinventarse

Photo by Florian Steciuk on Unsplash

Y entonces, cuando la autopista se acaba, en algunos casos no podemos ni reflexionar cómo ha sido ese viaje de 365 días a la velocidad del AVE. Y si tenemos la osadía de pensar en lo dejado atrá, nos proponemos que el año que viene haremos las cosas de otra manera para bajar la actividad, frenar la intensidad, y reducir la velocidad de las cosas. 

Es entonces cuando nos engañamos. Una vez más. A la velocidad de la luz.

Sin cita

He empezado a ver una serie documental en Netflix que se llama “The Undatables”. Esta serie se centra en las historias de diferentes personas con discapacidad que tienen dificultades para encontrar pareja y, cómo a través de dos agencias especializadas de contactos que tienen entre sus clientes a otras personas con discapacidad, les ponen en contacto para encontrar a su media naranja.

Los capítulos, de unos 40 minutos de duración, siguen una misma estructura: presentan al hombre o mujer que busca pareja. Seguidamente hace aparición la persona de la agencia y algún familiar o amigo que explica las dificultades que éste o ésta tiene para encontrar el amor. A continuación se genera una cita con un chico o una chica que ha respondido a su anuncio, o bien que la agencia les ha encontrado. Finaliza con la cita en sí y con su consecución en posibles más citas, o con el chasco de que aquello no haya funcionado.

Tras ver dos temporadas (son cortitas), me alegra saber que no hay un patrón ante el fracaso por ser diferente. No hay un dato que nos indique dónde reside el fallo de las flechas de Cupido en las personas con discapacidad. No. Las dificultades son las mismas que en el resto de la sociedad: falta de conexión, intereses dispares (yo quiero niños, tu no; yo quiero una relación, yo un rollo…), la distancia…

La serie engancha, sobre todo por alguno de los personajes que rescatan al comienzo de cada temporada, analizando cuál es la situación actual tras los primeros contactos. Y me han fascinado “el poeta” Shaine, la adorable Kate o el romántico Sam. Sinceridad, pasión, honestidad, miedo, verguenza, dolor, esperanza, ilusión, confianza… Todos esos sentimientos que se generan cuando te encuentras solo y buscas una persona de confianza con la que ir más allá de una sincera amistad.

Sin cita post de @jgamago en #Reinventarse

Pero más allá de la empatía por estos hombres y mujeres (y con cuidado de no caer en la ternura, y por tanto en el erróneo sentimiento de la conmiseración), está el respeto hacia la igualdad. El amor no tiene edad, sexo ni identidad. Cupido dispara sus flechas y no siempre acierta. Pero la libertad de tod@s las personas comienza con el derecho a la propia elección de su deseo (sin dañar al del otro), y por tanto de ser tan respetable -o más-, que el tuyo y el mío.

Adicciones

La RAE define la palabra “adicción” como:

  1. Dependencia de sustancias o actividades nocivas para la salud o el equilibrio psíquico.
  2. f. Afición extrema a alguien o algo.

Ahora todo son adicciones: al movil, a la tele, al trabajo, al ocio, a las drogas, al tabaco, a viajar, a gastar, a no hacer nada, a hacer muchas cosas… Somos incapaces de abandonar la adicción a…

Cuando somos pequeños, nuestros padres quieren corregir la adicción al pecho de la madre, al chupete, al brazo, o a la “mamitis” aguda. Cuando somos adolescentes, la adición a dormir, a hacer el perezoso, a jugar, al chocolate o al fútbol. Cuando ya somos más “mayores”, muchas de las adicciones heredadas se desmontan de nuestra chepa porque la responsabilidad, y la economía no nos lo permite: debemos ser “responsables”. Cuando llega ese momento en el que la edad nos jubila, entonces igual podemos rescatar algunas de esas dependencias olvidades en la carretera, y volver a hacer algo, con alguien, o solos. El caso es hacer porque lo que nos queda, quizás, no nos pemita adiccionarnos a mucho.

Adicción post de @jgamago en #Reinventarse

Nos pasamos la vida privándonos de cosas por otros. Y cuando llega el momento de disfrutar, de encontrar un nuevo equilibrio entre aquello a lo que queremos engancharnos y lo que la ley de vida nos permite, entonces son los otros los que nos invitan a permanecer adictos a sus vidas.

Un ciclo que… ¿cuándo se acaba?

Imágen de Scott Davis vía @burnttoastcreative

Para tod@s

“El nuevo modelo de familia”, así es como ha denominado Volvo esta nueva señalización en parkings públicos para reflejar la diversidad de estos nuevos tiempos. Plazas de aparcamiento para tod@s, sin excepción. Una nueva forma de concienciar a la sociedad de la realidad de que ya no es “uno”, si no muchos los tipos de familia que esta sociedad moderna y -aparentemente- inclusiva permite y facilita.

Para tod@s post de @jgamago en #Reinventarse

Más información en el post de La Criatura Creativa

PANK!

Primero fuimos los PUNK (Profesional Uncle No Kids) para referirnos a aquellos hombres que no tenemos hijos y que focalizamos nuestro “instinto paternal” hacia nuestros sobrinos. También llamados, DIOK´s (Double Income Other Kids) en aquellas parejas heteros o gays que no tienen hijos (o no desean tenerlos), y que agasajan a sus sobrinos o ahijados o hijos de sus amigos, como si fueran sus vástagos. Pues bien, ahora también a las mujeres ya les han puesto su etiqueta: PANK: Profesional Aunt No Kids. Vamos, como lo de portavoces/portavozas… ¿no? 😉

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Fuente: Yorokobu / The Topic Trend