Luca

Huele a verano. Y parece ser que, este estío, vamos a poder olerlo mejor (con sus buenos y sus malos aromas), ya que no estaremos obligados a llevar mascarilla mientras que estemos al aire libre. ¡No sé como acabará esto, pero creo que son buenas -pero tempranas-, noticias!

Ayer vimos “Luca” la nueva MARAVILLOSA película de animación de Pixar para Disney, una exquisita joya que rezuma verano, sal, agua, sol, calor, pantalones cortos, sangría, pescadito frito y mar. Una estupenda película que habla de diversidad, de diferencia, de inclusión, de amistad, de minorías, de todo eso que no soportan los de verde (imagino que les prohibirán a sus hijos verla, porque desde el momento “0” la película respira diferencia). Bueno, quizás les dejarán disfrutarla con la perorata final de que “¡veis hij@s, son unos monstruos!”. Y se quedarán tan panchos.

Películas como esta (o como su anterior joyita “Soul”), deberían de ser asignatura obligatoria en los centros de educación primaria (y secundaria), para poner en común con los alumnos y alumnas la diversidad de la sociedad. Porque ¿Quién de nosotros es lo suficientemente “normal” como para decir qué se considera “normal”?

Entre los dedos…

Hoy me he levantado tarareando una canción de ABBA. La edad no perdona, lo sé, y quizás si hoy pregunto a mis sobrinos que si les suena el nombre de este grupo, me dirán que soy un “abuelo”. ¡Como mucho les sonará de haber visto con sus padres la película “Mamma Mía” en Netflix! El caso es que mientras preparaba el desayuno su tema “Slipping through my fingers” (que en castellano se tituló “Se me está escapando…”) ponía la banda sonora al amanecer de este domingo. Hagamos historia: esta canción fue compuesta en el año 1981 y fue dedicada a Linda, la hija de Bjorn, y como se estaba perdiendo su infancia entre tantas giras, conciertos, grabaciones, entrevistas, etc. Fue la última canción que ABBA grabó en castellano, y se incluyó en (desde mi punto de vista), su mejor y último disco: “The Visitors”. La letra la podéis leer (en español y en inglés), aquí.

Hoy cumple años Hannah. Nuestra niña, nuestra princesita, y cada día más… ¡nuestra señorita! Y cada vez que tenemos la suerte de achucharla, de verla, de compartir con ella el tiempo… ¡Tenemos esa sensación de que se nos “escapa entre los dedos”, y cómo se está convirtiendo en toda una mujer! Desde pequeña, hemos tenido devoción por ella. Inteligente, tímida, curiosa, creativa, original, vivaz, divertida, arriesgada, emprendedora, sensible… ¡Fran siempre ha dicho que Hannah llegará a ser una nueva “Lady Gaga”, porque su creatividad no tiene límites! Nos encantaba ver como construía con sus piezas de Lego barrios, entornos con lo que soñar… O cómo jugaba con sus Barbies y desarrollaba historias (siempre muy diversas, todo sea dicho). O cómo tocaba el piano y compuso su primera canción… O cómo creó su canal de Youtube con videos geniales. ¡¡Y tantas cosas más!! Hannah nos decoró su habitación, en la visita a NYC que hicimos tras nuestra boda, y la convirtió en el paraíso gayfriendly con el que ella nos quiso agasajar. Ella fue nuestra madrina de bodas. Desde el momento “0” tuvimos claro que si alguien tenía que acompañarnos hasta el “altar”, era ella (el momento está recogido en la foto destacada de este post). Y ese día, los dos nos agarramos muy fuerte a sus dedos.

El genial ilustrador Quino, dijo:

“Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud”

Quino (1932-2020)

Hoy es su cumpleaños. Y Hannah reinventa su día a día. Sigue construyendo su juventud. Desde primera hora el chat de la pandilla está “on fire“. Cuando Hannah se despierte, comprobará lo mucho que sus “tías y tíos” la queremos. ¡Feliz cumpleaños, princesa! ¡Ganas de verte y achucharte para que no te escapes entre los dedos!

54

Entre Málaga y Malagón. A un paso de “ser mayor” y abandonar la madurez. Un poco más y, en este momento tan complicado, casi me quedo con una opción menos: la de optar a la vacuna de Astrazaneca 😉 Dentro de 365 días pasaremos a engrosar las filas de un nuevo rango en las encuestas: “mayores de 55″… Pero en mi caso es tan sólo una cuestión de número, no de actitud. Mientras tanto… ¡Vivamos los 54!

A pesar de que a veces, los números pesan, estoy muy a gusto. Se lo que quiero. Y también se lo que no quiero. Otra cosa es saber decir NO. Eso ya cuesta más. Y tras pasar el miedo y la incertidumbre a cómo iba a reaccionar mi organismo ante el COVID, podemos decir que otra prueba superada y que no, tampoco lo quiero (por si acaso).

Hoy también es el cumpleaños de mi marido. Esta cifra mágica, la del 7 de marzo, fue parte del pegamento que va camino de los 18 años juntos. Él es un poco más joven. Aunque siempre es y será mi “abuelo” 😂 ¿Vamos a por los 55?

El Príncipe ha perdido su corona…

Ayer terminamos de ver la espectacular 4ª temporada de la “joya de la corona” de Netflix: “The Crown”. No hay ni puntos ni comas, ni aristas ni vaguedades… ¡Impecable! Destacando las interpretaciones de Emma Corrin (Diana), Josh O´Connor (Carlos) y la impresionante actuación de Gillian Anderson como Margaret Thatcher (sin olvidarnos de las recurrentes Olivia Colman (Isabel II) y de la maravillosa Helena Bonham Carter como la Princesa Margarita). Tal es el nivel que ha alcanzado la serie, que ha superado a sus otras tres temporadas en ratio de calidad y crítica: en Rotten Tomatoes tiene un 97% y en Metacritic un 82%.

Pero lo que más me llamó la atención de este último capítulo fue la enconada defensa del fracaso de la relación que hace Carlos frente a Diana. Ella (Diana), es la adúltera. Él no. Porque él está enamorado de su gran amor: Camilla. Diana sólo tenía que cumplír las expectativas de los que prepararon este enlace para salvar la corona y dar herederos al futuro rey. ¿Es que Diana no estaba enamorada de Carlos? ¿Diana no vivió embrujada, encantada en su palacio, adorada por el público, odiada por la familia, repudiada por su marido… ¡Por amor!? Se abre debate… 🤔

El Príncipe ha perdido su corona... post de @JgAmago en #Reinventarseblog con imagen de Unsplash
Imagen de Raychan en Unsplash

Ortega y Gasset dijo:

“Empezando por la monarquía y siguiendo por la iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”

Ortega y Gasset

Carlos, al igual que su tío Eduardo, renunció a la corona (quizás sin saberlo), por amor. Harry, su hijo, ha decidido lo mismo. ¿Es la corona incompatible con el amor? ¿Es la corona una distopia en el S.XXI? ¿El amor es tiempo de otras realidades? ¿Es el amor una realidad, o una ficción?

Hasta que la muerte nos separe

La semana pasada me fue imposible escribir. Una molesta conjuntivitis me mantuvo alejado de las pantallas durante tres días (que coincidió con el fin de semana, menos mal). Pero hoy ya recuperado, vuelvo a reflexionar sobre una noticia que leí ayer en el diario La Vanguardia que, por un lado me entristeció, pero por otro me llenó los ojos de lágrimas y emoción. Esta es la historia de Carla Sacchi y su marido Stéfano Bozzini.

47 años de matrimonio. Inseparables. Para lo bueno y para lo malo. Toda una vida de amor, penurias, alegrías, retos, fracasos… Juntos. Carla tenía cáncer. Tuvo que estar ingresada durante 10 días y, por el maldito virus del COVID, no se permitían las visitas de ningún familiar. Algo que Stéfano no pudo soportar. Cogió un taburete, su gorrito alpino, su mascarilla, su acordeón y se sentó delante del ventana de la habitación del hospital Castel San Giovani en Piacenza, en el que estaba ingresada su mujer, y le tocó una serenata. Spanish Eyes, de Engelbert Humperdinck, la canción preferida de Carla. Como si fuesen recién enamorados. Aún cuando escribo esto, se me llenan los ojos de “agüilla”. Todos salieron a ver qué estaba pasando. Todos disfrutaban embelesados de esa muestra de amor incondicional, atemporal, eterno… Carla se asomó y le lanzaba, con sus pocas fuerzas, besitos con la mano. Podéis ver el video aquí

Hasta que la muerte nos separe post de @JgAmago con imagen de @unsplash
Imagen de Gabby Orcutt en Unsplash

Carla salió del hospital. Se pudieron encontrar de nuevo estos dos enamorados del amor. De la vida. Hasta que la muerte nos separe.

Carla murió unas semanas después.

En esta vida, corta o larga, intensa o aburrida, triste o alegre, muy pocas veces decimos o compartimos muestras de amor hacia nuestros seres queridos. Ahora por el virus. No podemos. Antes por el ritmo frenético que llevamos. ¡Cuántos remordimientos nos asaltarán cuando la propia vida nos separe!

Descanse en paz, Carla. Stefano tiene ya preparado -por si acaso le pilla desprevenido- el taburete, el gorrito alpino y el acordeón para acompañarte eternamente con sus canciones, y su amor.