Saramago escribió: «… lo que se considera ceguera del destino, es en realidad miopía propia». Estamos a cegados. Nos quejamos sin sentido. Sin sentidos, vivimos en una miopía profunda. Es el momento de quitarse el antifaz y ver con los ojos del que no puede ver. Entonces aprenderíamos a no vivir a ciegas.