Cuento de Hadas

La nueva temporada de la obra maestra de Netflix, “The Crown”, no está dejando indiferente a nadie. Hasta tal punto que el gobierno británico ha pedido que, en los títulos de comienzo de cada capítulo, aparezca una referencia a que se trata de una ficción. Esta polvareda se está levantando por la imagen que se están lanzando de la difunta Lady Di, Diana Spencer, magníficamente interpretada por la actriz Emma Corrin. Y la pregunta que nos hacemos en casa, después de ver cada magnífico capítulo es: ¿Realmente Diana desconocía el “charco” en el que se estaba metiendo? ¿Estaba enamorada hasta “las trancas” de Carlos? ¿Era una ingenua? ¿Se creyó su propio cuento de hadas?

Cuento de hadas, post de @JgAmago en #ReinventarseBlog
Imagen de Annie Spratt en Unsplash

Ficción o verdad, Diana fue un juguete roto a manos de un estamento tan demodé como sus propias normas (la escena en la que Diana entra en el palacio y la princesa Margarita le dice cómo y a quién debe el saludo es angustiosa). Yo no soy anti monarca, ni mucho menos, pero la realidad de su propio estatus está fuera de lugar en esta sociedad. Es puro anacronismo del pasado. En Inglaterra, en España, en Bélgica, en Holanda o en Marruecos. Y su “modernización” se enfrenta a su propio lastre: la tradición. El escritor Carlos Fuentes dijo:

“Para crear debes estar consciente de las tradiciones, pero para mantener las tradiciones debes crear algo nuevo”.

Carlos Fuentes (1928-2012)

Cada sábado seguiremos saboreando sorbo a sorbo, como el buen brandy o whisky, un capítulo de esta enorme serie y, que cada memoria individual se construya la semblanza de una mujer que se creyó vivir un cuento de hadas, y al final no supo vivir nada más que una pesadilla.

Sin Rumbo

Aún no recuperado del todo de un largo proceso gripal (que comenzó el 7 de enero, que aún sigue, pero por lo menos ya sin fiebre), ayer sábado nos animamos a dar una vuelta por Madrid y a cenar fuera. Camino del Barrio de Salamanca, en la línea 6 del metro, se subieron dos chicos de 19 años (los supimos por el transcurso de su conversación). Uno le contaba al otro, a grito pelado, cómo se había ligado a una chica de 18 años que le estaba dando clases particulares de química. ¡Era su versión de los hechos, si, me habría gustado conocer la versión de la chica, claro! 🤔

Pero lo que más me llamó la atención de esa conversación fueron dos cosas que se dijeron entre ellos: la primera que uno de los chicos conto que le pagaba a la chica 3 euros por hora y media de clase (ya empezamos con la explotación laboral que tanto se han encargado los empresarios en imponer a los trabajadores de este país). La otra fue que, cuando ya llevaban unas paradas recorridas, el otro chico le pregunta: –Por cierto, ¿dónde nos bajamos? Y éste le contesta: Sin rumbo. A la de tres nos bajamos en la estación que tú decidas, nos montamos en el siguiente tren del andén contrario, y así hasta que sea la hora.

Sin Rumbo, post de @JgAmago en #ReInventarse, foto de JC Gellidon vía Unsplash.
Imagen de JC Gellidon vía Unsplash

Están conectados a una realidad (a veces distorsionada y contaminada), a través de una pantalla, en la oscuridad de su habitación, o en el subuelo del mundo, sin disfrutar de las pequeñas-grandes-bellas-feas cosas que ofrece el exterior. Se alojan en su particular cocoon, construido en el cómodo nido de su proximidad más confortable, protegidos de la verdadera jungla en la que les está tocando vivir. Se aislan de su entorno, quizás por que no lo entiendan, o a lo mejor por que se están dando cuenta de que aquello que les hemos dejado en herencia sea un infierno al que mejor no bajar.

¿Sabiduría, pereza o torpeza? No se qué es… La verdad es que el metro, de por sí, ya es un auténtico infierno al que evitar día tras día.

La Vuelta

La “vuelta al cole” ha sido difícil. Tanto que a los dos días me tuve que meter en la cama con 38,2 de fiebre. Los cinco días en Maspalomas me resetearon el disco duro de tal manera que despertar el martes 7 para ir a trabajar fue como salir de una anestesia dulce, corta y placentera. ¡Pero había que volver!

Entre fiebre y fiebre, paracetamol e ibuprofeno, jarabes y litros de agua, tuve mis momentos lúcidos para ver un nuevo episodio de la 3ª temporada de “The Crown”, esa obra maestra de Netflix sobre la vida de la reina Isabel II de Inglaterra. Nos tocaba ver el capítulo sexto titulado “Tywysog Cymru” en el que el príncipe Carlos (magníficamente interpretado por Josh O´Connor), debe pasar tres meses en Gales para conocer el país del que es su máxima autoridad. Si ya en la segunda temporada pudimos ver un capítulo durísimo sobre la tormentosa educación de Charles en un internado, ahora vemos como se enfrenta, dejando por unos meses su acomodada educación en Cambridge, a un país que no le quiere, con un idioma e historia que desconoce, y con unos compañeros que no le aceptan. Cada secuencia dibuja con exquisita precisión, la actitud y aptitud de un principe/persona que busca desesperadamente a una familia, en lugar de un trono.

Pero lo peor está a su vuelta a Londres.

La Vuelta post de @JgAmago en #Reinventarse imagen gracias a Revista GQ
“La Vuelta” post de @jgamago en #ReInventarse (Foto cortesía de Revista GQ).

En un cara a cara con la reina, Carlos manifiesta sus desacuerdos con la corona y con su madre exigiendo como futuro heredero y como hijo, su lugar, su voz y su posición. Isabel II no lo puede dejar más claro… ¡Pero no haré spoilers al respecto, mejor verlo!

Hay veces que el exilio, por muy duro que sea, es el mejor refugio para no tener que volver a casa.

Vuelta al cole…

Qué fácil es desconectar. 5 semanas, con sus días y sus noches, en las que hemos activado el modo off. Pero todo se acaba. Lo bueno y lo malo. Ahora toca volver a lo menos bueno, pero que por otro lado es lo que nos permite disfrutar de lo mejor ¿no?

Y la vuelta, como era de esperar, llena de dulces promesas, de prometedores retos y de interesantes propuestas. Seguro que algún que otro “marrón” nos comeremos, pero sin darnos cuenta llegaremos a la Navidad. Y luego a Semana Santa. Y rápidamente de nuevo al Verano… ¡Y vuelta a empezar!

vuelta al cole, post de @jgamago en #ReInventarse

Para algun@s este regreso supone lágrimas en los ojos. En mi caso es el reencuentro con cosas chulas por hacer, con alumnos nuevos que conocer, con gente nueva a la que ayudar, con experiencias nuevas que vivir… Y veremos luces y sombras. Pero es la vida. Y ¿qué hay más importante que vivirla? ¡¡Pues, disfrutarla!!

Imagen:  Aaron Burden on Unsplash

Distopia

Una distopía​ o antiutopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma.​ Esta sociedad distópica suele ser introducida mediante una novela, ensayo, cómic, serie televisiva, videojuego o película.

Estamos viendo últimamente cómo la ficción se aproxima a la realidad. Muy pocos acertaron en cómo iba a ser el futuro. En aquellas películas de ciencia ficción en las que los coches volaban, otras galaxias se habitaban ante la masificación en la tierra, o vestíamos con uniformes “raros”, fueron tan sólo quizas el sueño de un guionista al que le falló su predicción. Sigue siendo una quimera. El cine y la televisión intentaron escribir una realidad futura sin mucho acierto.

Ahora, las series de televisión y algunas novelas nos están presentando escenarios que -por desgracia-, algunos poderosos quieren hacer verdad. La ficción cada vez está mas próxima a la realidad. “The Man in the high castle”, “El cuento de la criada”, “Altered Carbon”, “3%” o la última serie que he comenzado a ver “Years&Years” (brutal el episodio piloto, vamos a ver cómo continua), están alertando de esas sociedades indeseables que determinados poderes desean instaurar. Os recomiendo este estupendo post de Yorokobu al respecto.

Distopia post de @jgamago en #ReInventarse
Distopia por @jgamago en #ReInventarse

Miedo. Lo tenemos tan cerca que produce pavor. Si la ciencia ficción no acertó (ya veremos si llegamos a vivir para contar que “Blade Runner” fue la distopia del S.XX), cada vez estamos más cerca de constatar que alguna de estas series de televisión -que os recomiendo ver-, no inventaron un mundo construyendo hipótesis de dificil factura. Más bien fueron visionari@s catastrofistas de un mundo mucho peor.

Imagen: Blasting News