And Just Like That!

¡Uf, madre mía! Más de 3 semanas sin escribir. Trabajo, trabajo, trabajo… Pero ya estamos en la recta final de otro año «raruno» que ya se acaba. Un año marcado por las «olas«. Las de los tsunamis del COVID que ahora vuelve a lanzarnos su encrespada marea y a cebarse en contagios. Una ola que nos invita a quedarnos en nuestras casa; nos atemoriza en estos tiempos de encuentros; nos invita a desencontrarnos, a ser precavidos, y a no bajar la guardia. And Just Like That!

El viernes por fin pudimos empezar a ver el reebot de la icónica serie de HBO «Sex In The City», que ahora se titula «… And Just Like That!«, que se podría traducir como «Y así como así…». Las maravillosas y exquisitas temporadas de «Sexo en Nueva York» hablaban del despertar, de la vida, de los retos, de los sueños, del sexo, del crecimiento profesional y personal, de la madurez… Ahora la serie se centra en las pérdidas. En el que las cosas pasan. Llegan. Se materializan. Se van. ¡Ya tenemos una edad!

A pesar de las durísimas críticas que está teniendo la serie, tengo que decir que me ha gustado mucho el primer capítulo. Porque ahora, Carrie, Miranda y Charlotte son como son. Con sus arrugas, con su pelo canoso, con su kilitos de más… Por supuesto que mantienen el esplendor de una exquisita producción en la que ellas van siempre impecables, e imposibles de acceder -por parte de la mayoría de la humanidad- a esos outfits, pero es parte de la magia, de la ficción, de la fantasía, del sueño de la serie.

Navidad. Año Nuevo. Volver a empezar. Ya se que es muy deprimente el tener que estar pensando que la muerte nos ronda (y más a partir de estas edades, y con el puñetero COVID persiguiéndonos sin tregua), pero… ¿Estamos preparados para ese momento? ¿Estamos preparados para decir, «… and Just Like That!?»

¡Felices Fiestas y que el próximo 2022 venga cargado de todas esas cosas que al 2021 se le han olvidado! 🎄

El Príncipe ha perdido su corona…

Ayer terminamos de ver la espectacular 4ª temporada de la «joya de la corona» de Netflix: «The Crown». No hay ni puntos ni comas, ni aristas ni vaguedades… ¡Impecable! Destacando las interpretaciones de Emma Corrin (Diana), Josh O´Connor (Carlos) y la impresionante actuación de Gillian Anderson como Margaret Thatcher (sin olvidarnos de las recurrentes Olivia Colman (Isabel II) y de la maravillosa Helena Bonham Carter como la Princesa Margarita). Tal es el nivel que ha alcanzado la serie, que ha superado a sus otras tres temporadas en ratio de calidad y crítica: en Rotten Tomatoes tiene un 97% y en Metacritic un 82%.

Pero lo que más me llamó la atención de este último capítulo fue la enconada defensa del fracaso de la relación que hace Carlos frente a Diana. Ella (Diana), es la adúltera. Él no. Porque él está enamorado de su gran amor: Camilla. Diana sólo tenía que cumplír las expectativas de los que prepararon este enlace para salvar la corona y dar herederos al futuro rey. ¿Es que Diana no estaba enamorada de Carlos? ¿Diana no vivió embrujada, encantada en su palacio, adorada por el público, odiada por la familia, repudiada por su marido… ¡Por amor!? Se abre debate… 🤔

El Príncipe ha perdido su corona... post de @JgAmago en #Reinventarseblog con imagen de Unsplash
Imagen de Raychan en Unsplash

Ortega y Gasset dijo:

«Empezando por la monarquía y siguiendo por la iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo»

Ortega y Gasset

Carlos, al igual que su tío Eduardo, renunció a la corona (quizás sin saberlo), por amor. Harry, su hijo, ha decidido lo mismo. ¿Es la corona incompatible con el amor? ¿Es la corona una distopia en el S.XXI? ¿El amor es tiempo de otras realidades? ¿Es el amor una realidad, o una ficción?

Cuento de Hadas

La nueva temporada de la obra maestra de Netflix, «The Crown», no está dejando indiferente a nadie. Hasta tal punto que el gobierno británico ha pedido que, en los títulos de comienzo de cada capítulo, aparezca una referencia a que se trata de una ficción. Esta polvareda se está levantando por la imagen que se están lanzando de la difunta Lady Di, Diana Spencer, magníficamente interpretada por la actriz Emma Corrin. Y la pregunta que nos hacemos en casa, después de ver cada magnífico capítulo es: ¿Realmente Diana desconocía el «charco» en el que se estaba metiendo? ¿Estaba enamorada hasta «las trancas» de Carlos? ¿Era una ingenua? ¿Se creyó su propio cuento de hadas?

Cuento de hadas, post de @JgAmago en #ReinventarseBlog
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Ficción o verdad, Diana fue un juguete roto a manos de un estamento tan demodé como sus propias normas (la escena en la que Diana entra en el palacio y la princesa Margarita le dice cómo y a quién debe el saludo es angustiosa). Yo no soy anti monarca, ni mucho menos, pero la realidad de su propio estatus está fuera de lugar en esta sociedad. Es puro anacronismo del pasado. En Inglaterra, en España, en Bélgica, en Holanda o en Marruecos. Y su «modernización» se enfrenta a su propio lastre: la tradición. El escritor Carlos Fuentes dijo:

«Para crear debes estar consciente de las tradiciones, pero para mantener las tradiciones debes crear algo nuevo».

Carlos Fuentes (1928-2012)

Cada sábado seguiremos saboreando sorbo a sorbo, como el buen brandy o whisky, un capítulo de esta enorme serie y, que cada memoria individual se construya la semblanza de una mujer que se creyó vivir un cuento de hadas, y al final no supo vivir nada más que una pesadilla.

Los Años de Plomo

La Línea Invisible (en Movistar+), Patria (en HBO) y El Desafío: ETA (en Amazon Prime Video), configuran la trilogía televisiva que rescata los años de violencia, sangre, horror y terror de la banda terrorista ETA en nuestro país. Un triángulo en el cada lado ofrece una visión diferente de la historia de un pueblo, de un país, de una nación marcada por las más de 850 personas que murieron, que perdieron sus vidas. Dos ficciones (Patria y La Línea Invisible), y una serie documental (El Desafío: ETA) que ahonda, que ahoga, que levanta heridas, que profundiza en el dolor que para todas esas personas (terroristas, miembros de ETA, guardia civil, policía, políticos, empresarios, mujeres, esposas, viudas, madres, hijos…, víctimas y verdugos del terrorismo), afligieron y fueron afligidas por verdades, mentiras, ideales y convicciones que vistieron a España de luto.

Los años de plomo post de @JgAmago en #ReInventarseBlog Imagen de Sergi Ferrete en @unsplash
Imagen de Sergi Ferrete en Unsplash

El otro día me comentaba mi compañera Araceli que se había visto cuatro capítulos de «El Desafío: ETA» de un tirón. Soy incapaz. Estoy viendo un capítulo a la semana. Me sobrepasa tanto dolor. Me cuesta entender toda esa sinrazón, en dosis mayores a una hora.

Recuerdo muchos de los atentados, y secuestros que restañan la barbarie en pleno S. XXI y, si bien creo que es necesario recordar a todos/as los que no vivieron esta brutalidad, las páginas más tristes de la historia de nuestro país, no hay vendas, ni tiritas, ni apósitos ni cirugías suficientes para cerrar tantas heridas, para cicatrizar el dolor de los supervivientes, tras muchos años de paz.

«No puedo perdonarles. ¿Cómo puedo hacerlo?

Hortensia Gómez, madre de Guardia Civil asesinado por ETA el 25/04/1986

Seguiré viendo esta serie en silencio. Con el corazón en un puño. Respetando las ideas de unos, el dolor y el odio de otros, el perdón y el arrepentimiento de algunos. La obcecada defensa de los menos. Y con el deseo de que estas tristes página de la historia de un pueblo, de un país, de una nación, no se vuelvan a escribir.

La Vuelta

La «vuelta al cole» ha sido difícil. Tanto que a los dos días me tuve que meter en la cama con 38,2 de fiebre. Los cinco días en Maspalomas me resetearon el disco duro de tal manera que despertar el martes 7 para ir a trabajar fue como salir de una anestesia dulce, corta y placentera. ¡Pero había que volver!

Entre fiebre y fiebre, paracetamol e ibuprofeno, jarabes y litros de agua, tuve mis momentos lúcidos para ver un nuevo episodio de la 3ª temporada de «The Crown», esa obra maestra de Netflix sobre la vida de la reina Isabel II de Inglaterra. Nos tocaba ver el capítulo sexto titulado «Tywysog Cymru» en el que el príncipe Carlos (magníficamente interpretado por Josh O´Connor), debe pasar tres meses en Gales para conocer el país del que es su máxima autoridad. Si ya en la segunda temporada pudimos ver un capítulo durísimo sobre la tormentosa educación de Charles en un internado, ahora vemos como se enfrenta, dejando por unos meses su acomodada educación en Cambridge, a un país que no le quiere, con un idioma e historia que desconoce, y con unos compañeros que no le aceptan. Cada secuencia dibuja con exquisita precisión, la actitud y aptitud de un principe/persona que busca desesperadamente a una familia, en lugar de un trono.

Pero lo peor está a su vuelta a Londres.

La Vuelta post de @JgAmago en #Reinventarse imagen gracias a Revista GQ
«La Vuelta» post de @jgamago en #ReInventarse (Foto cortesía de Revista GQ).

En un cara a cara con la reina, Carlos manifiesta sus desacuerdos con la corona y con su madre exigiendo como futuro heredero y como hijo, su lugar, su voz y su posición. Isabel II no lo puede dejar más claro… ¡Pero no haré spoilers al respecto, mejor verlo!

Hay veces que el exilio, por muy duro que sea, es el mejor refugio para no tener que volver a casa.