Antes de…

Y así las cosas… ¡Pasaron! Antes de padre, fue hijo. Antes de tío, fue sobrino. Antes de abuelo, fue marido. Antes de juez, fue testigo.

Y mientras… ¡Pasan! Son estos momentos del año, en los que el calendario se empeña en poner fin a los 365 días; en los que consumimos los últimos espacios en esa libreta en la que hemos apuntado todas esas cosas que cada día nos piden que memoricemos, aun a expensas de que no las tachemos; en los que marcamos con cruces y con saña los números del calendario… En estos días -decía-, hacemos balance de lo malo, porque lo bueno se posiciona solo en nuestra memoria. Miramos fotos. Las redes sociales se empeñan en destacarnos nuestros “likes” más comentados…

Antes de... Post de @JgAmago en #Reinventarse

Y entonces… ¡Pasarán! No escarmentamos. Llegará el 1 de enero y nos volveremos a meter en el absorvente torbellino de pasar páginas del diario, de tachar números en el calendario, de colgar fotos en nuestras comunidades online, de malgastar el tiempo con memeces, de olvidarnos de los amigos, de descuidar a nuestros seres queridos, de apagar la llama de nuestro cariño…

Y luego… ¡Pasó! Y ya no seremos ni tíos, ni sobrinos, ni padres, ni abuelos, ni nietos, ni amigos, ni hijos, ni jueces, ni testigos…

Velocidad

Llega un momento en el que hay que parar. No es normal. Más de dos meses sin tener un fin de semana sin actividad. Para no hacer nada. Y los próximos dos siguientes pintan igual… ¡O peor! ¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas?

Ayer, mientras fumaba un cigarro con familiares de mi marido, en un momento de calma tras un fin de semana de intensa actividad, difícil, dura, triste…, comentábamos cómo había pasado el año. ¡Volando! Llega otra Navidad (rara, eso sí), y pronto tendremos la Semana Santa, y después los puentes de Mayo; y luego el verano -que pasa como una exhalación-; y de pronto la vuelta al cole; y luego Halloween; y sin darte cuenta Navidad otra vez… Viajamos en AVE para aprovechar el tiempo cuando nuestra vida es nuestro particular tren de alta velocidad

Velocidad post de @jgamago en #reinventarse

Photo by Florian Steciuk on Unsplash

Y entonces, cuando la autopista se acaba, en algunos casos no podemos ni reflexionar cómo ha sido ese viaje de 365 días a la velocidad del AVE. Y si tenemos la osadía de pensar en lo dejado atrá, nos proponemos que el año que viene haremos las cosas de otra manera para bajar la actividad, frenar la intensidad, y reducir la velocidad de las cosas. 

Es entonces cuando nos engañamos. Una vez más. A la velocidad de la luz.

Sin hora

Sin horas post de @JgAmago en #ReinventarseEl tiempo vuela. Los días se desvanecen. Las semanas se convierten en trayectos cortos en los que el fin de semana es como el camino entre las paradas de Lleida y Tarragona. Sin inmutarse. Ya estás recogiendo la maleta para Navidad cuando tienes que preparar la de Semana Santa. Verano. Y otra vez Navidad. Y cuando esos 60 segundos, 60 minutos, 24 horas, 365 días del año se consumen, esa sensación de… ¡Pero si no me ha dado tiempo a nada! Y entonces el plan es intentar darse cuenta de lo que no nos ha dado tiempo.

El resultado: vivimos como “vacas sin cencerro” (Almodovar dixit). Que de vez en cuando necesitamos un pequeño establo en el que encerrarnos y disfrutar de las pequeñas cosas: un libro, un té, un silencio, una cena con amigos, una tarde de cine con los sobrinos o ahijados, un paseo por el parque o una siesta haciendo piececitos con tu pareja.

Grandes cosas que el tiempo te roba, y la necesidad de robarle al tiempo, espacio y tiempo para poder hacer pequeñas cosas. ¡Me encantaría un día -pero quizás solo uno- sin horas! Yo decidiría cuándo levantarme, cuándo trabajar, cuándo acostarme, cuándo leer, cuándo ver Netflix, cuándo fumar, cuándo perder el tiempo y cuándo no decirme a mi mismo, cuándo.

Imagen de Daniel Arsham