El Mañana (dentro de cinco años)

Ayer al mediodía, terminé de leer el magnífico libro de Rubén Serrano “No estamos tan bien”, y por la tarde, tras ver una tristísima película en Netflix, comencé el libro de Guillem Recolons titulado “Si no aportas, no importas”. Nada más comenzarlo, me encontré con esta cita:

Me interesa el futuro, es donde voy a pasar el resto de mi vida

Woody Allen

Y posteriormente Guillem nos hace la siguiente pregunta: ¿Dónde quieres estar dentro de cinco años? Dejé el libro y me puse a pensar en ello…

El mañana (dentro de cinco años) post de @JgAmago con imagen de @unsplash
Imagen de Drew Beamer en Unsplash

Dentro de cinco años quiero estar… CON SALUD. Achaques tendremos (ya los tengo, pero son llevaderos), pero con salud podemos hacer todas esas cosas que nos gustan (o que podemos), a pesar de los momentos de bajón físico.

Dentro de cinco años quiero estar… FELIZ. La felicidad es un puzzle que se compone de pequeñas/grandes piezas como la familia, la pareja, los amigos, los compañeros/as de trabajo, las ilusiones, los retos, los proyectos, la autonomía económica, los sueños, los deseos… ¡Los caprichos! Y si el coronavirus nos siguen pasando de perfil, no dudo que podremos seguir disfrutando de una nueva felicidad.

Dentro de cinco años quiero estar… TRABAJANDO y disfrutando de los madrugones y horas extra que le dedico a hacer lo que me gusta (soy un privilegiado, lo se). Y que ese trabajo nos siga facilitando pequeños/grandes caprichos como viajar (algo que echo en falta más que nada desde el pasado estado de alerta).

Igual pido mucho. Igual no hay un mañana. Porque el futuro se trunca en segundos.

Lo único que sabemos del futuro es que será diferente. Pero ante esta perspectiva de cambio, de evolución y de no saber qué va a pasar (y ahora estamos en ese momento crucial para rediseñar un futuro), destaco la frase de Fernando Savater que dijo:

“Si no somos corresponsables del pasado, tampoco tendremos derecho a reclamarnos legítimos propietarios del futuro”

Fernando Savater

Vuelta al cole…

Qué fácil es desconectar. 5 semanas, con sus días y sus noches, en las que hemos activado el modo off. Pero todo se acaba. Lo bueno y lo malo. Ahora toca volver a lo menos bueno, pero que por otro lado es lo que nos permite disfrutar de lo mejor ¿no?

Y la vuelta, como era de esperar, llena de dulces promesas, de prometedores retos y de interesantes propuestas. Seguro que algún que otro “marrón” nos comeremos, pero sin darnos cuenta llegaremos a la Navidad. Y luego a Semana Santa. Y rápidamente de nuevo al Verano… ¡Y vuelta a empezar!

vuelta al cole, post de @jgamago en #ReInventarse

Para algun@s este regreso supone lágrimas en los ojos. En mi caso es el reencuentro con cosas chulas por hacer, con alumnos nuevos que conocer, con gente nueva a la que ayudar, con experiencias nuevas que vivir… Y veremos luces y sombras. Pero es la vida. Y ¿qué hay más importante que vivirla? ¡¡Pues, disfrutarla!!

Imagen:  Aaron Burden on Unsplash

Velocidad

Llega un momento en el que hay que parar. No es normal. Más de dos meses sin tener un fin de semana sin actividad. Para no hacer nada. Y los próximos dos siguientes pintan igual… ¡O peor! ¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas?

Ayer, mientras fumaba un cigarro con familiares de mi marido, en un momento de calma tras un fin de semana de intensa actividad, difícil, dura, triste…, comentábamos cómo había pasado el año. ¡Volando! Llega otra Navidad (rara, eso sí), y pronto tendremos la Semana Santa, y después los puentes de Mayo; y luego el verano -que pasa como una exhalación-; y de pronto la vuelta al cole; y luego Halloween; y sin darte cuenta Navidad otra vez… Viajamos en AVE para aprovechar el tiempo cuando nuestra vida es nuestro particular tren de alta velocidad

Velocidad post de @jgamago en #reinventarse

Photo by Florian Steciuk on Unsplash

Y entonces, cuando la autopista se acaba, en algunos casos no podemos ni reflexionar cómo ha sido ese viaje de 365 días a la velocidad del AVE. Y si tenemos la osadía de pensar en lo dejado atrá, nos proponemos que el año que viene haremos las cosas de otra manera para bajar la actividad, frenar la intensidad, y reducir la velocidad de las cosas. 

Es entonces cuando nos engañamos. Una vez más. A la velocidad de la luz.