Mi razón (o la sinrazón de un cabreo)

Ojeando ayer el grupo de Whatsapp con mis excompañeros de colegio (y que se ha ido creando gracias al laborioso trabajo de investigación y recopilación de teléfonos por José Luis C.), leía un post compartido por nuestro compañero Carlos con un artículo de opinión de Joaquín Leguina. Si bien del 90% del artículo no comparto ningún criterio ni afirmación del ex líder socialista y ex presidente de la Comunidad de Madrid, tengo que reconocer que en este párrafo lo ha clavado:

“La política española está hoy en manos de gente que no ha trabajado en su vida. Y lo peor de poner a estos mediocres arriba es que ellos marcan el listón máximo de excelencia. Todo lo cual indica que -en palabras de Ignacio Varela- «el divorcio de la política con la realidad es brutal. Los políticos españoles han construido un universo virtual, una especie de campana neumática completamente desconectada del mundo real […]. Los españoles con mascarilla, golpeados por la pandemia y la recesión, asisten, entre iracundos y fascinados, al espectáculo fantasmal de sus gobernantes y dirigentes acuchillándose entre sí mientras el virus mata, las empresas se arruinan, los trabajadores pierden el trabajo y el país se cae a pedazos”.

Joaquín Leguina en ABC 19/03

Sé que no debemos generalizar tanto, pero es que lo que estamos viviendo en el último año clama al espacio (porque el cielo se nos queda corto). Cuando la prioridad debe ser vacunar a la población, para ellos, su prioridad es convocar elecciones (País Vasco, Cataluña, Madrid…). Cuando la urgencia es inmunizar a la población para que la economía remonte, su urgencia consiste en vendettas, incoherencias, rencillas y navajazos. Cuando la necesidad imperiosa está en salvar vidas, sus instintos básicos son salvarse a ellos mismos.

Las grandes cabeceras periodísticas del mundo se preguntan: ¿Qué pasa en España? Nosotros nos preguntamos ¿Qué pasa con los políticos españoles? Ahora llega el momento de votar. ¿Para qué?

La política española zozobra. Naufraga… Pero Europa no se queda atrás. Cuando podríamos habernos puesto la medalla a la mejor acción conjunta contra el COVID, sólo nos preocupa que las decisiones importantes, vitales, urgentes pasen por despachos, comisiones, subcomisiones, agencias, políticos y sus equipos… ¡¡Y así nos va!! Mientras que la era Biden ha demostrado que un buen líder moviliza (en tres meses casis 100 millones de vacunas, y subiendo), los gobernantes de Europa sigue confirmando que primero su sillón, luego los ciudadanos (raras excepciones, claro).

Me estoy leyendo un interesante libro escrito por Manolo Rodríguez somo cómo escribir un blog. En sus primeras páginas dice:

“No necesito un psicólogo. Ya tengo un blog”

Manolo Rodríguez. “No le digas a mi madre que tengo un blog”

Este blog es un poco ese muro de las lamentaciones, lo que a veces es un psicólogo. Lo se. Y perdón a los/as lectores/as por estas arengas, porque quizás estos post no tengan “efecto sanador”. Pero seguro que estarás conforme a que “la razón, acabará por tener razón”.

Memorabilia

Se llama (bueno, se llamaba, ya que murió el pasado 6 de marzo), Lou Ottens. Y a los que somos de la Generación X, Generación Y, o Babyboomers nos marcó la vida y significó una revolución tan grande como lo fue en su momento Spotify. ¿Sabes quién fue Lou Ottens y qué inventó? No. Yo tampoco hasta que leí la noticia en la web de ComputerHoy. Lou fue el inventor de la cinta de cassette. Esa maravilla que nos facilitó poder tener la música de nuestros cantantes favoritos en el coche, en casa, camino del trabajo, en el bus o el tren cuando viajábamos… Esa pieza que nos permitió guardarnos las canciones que escuchábamos en la radio (los primeros pasos del pirateo masivo), a golpe de play/rec y que nos jorobaba mogollón cuando el DJ nos la pisaba y teníamos que cortar. Ese artilugio que reinventó el “boli BIC” y lo convirtió en el kit de supervivencia de la música “a medida”. Este señor, Lou Ottens, nos dejó a los 94 años de edad. DEP.

Si yo le muestro hoy esto a mi sobrino de 12 años… ¡Me miraría raro! (Aún recuerdo cómo miró la colección de vinilos que tenemos en el salón el primer día que subió a casa). El concepto físico de determinadas cosas se ha perdido con la percepción de que todo está en la nube, de que todo es intangible. ¿Podemos tocar a Netflix, Apple Music o Spotify, como tocábamos las cintas de video, los CD, los DVD o las cassettes? ¡No!

Seguro que la mayoría recordaremos a Steve Jobs, a Elon Musk, a Jeff Bezos o a Bill Gates. Yo hoy quiero rendir mi modesto y humilde homenaje al creador que facilitó que, una parte importante de mis experiencias y vivencias, tengan una banda sonora.

54

Entre Málaga y Malagón. A un paso de “ser mayor” y abandonar la madurez. Un poco más y, en este momento tan complicado, casi me quedo con una opción menos: la de optar a la vacuna de Astrazaneca 😉 Dentro de 365 días pasaremos a engrosar las filas de un nuevo rango en las encuestas: “mayores de 55″… Pero en mi caso es tan sólo una cuestión de número, no de actitud. Mientras tanto… ¡Vivamos los 54!

A pesar de que a veces, los números pesan, estoy muy a gusto. Se lo que quiero. Y también se lo que no quiero. Otra cosa es saber decir NO. Eso ya cuesta más. Y tras pasar el miedo y la incertidumbre a cómo iba a reaccionar mi organismo ante el COVID, podemos decir que otra prueba superada y que no, tampoco lo quiero (por si acaso).

Hoy también es el cumpleaños de mi marido. Esta cifra mágica, la del 7 de marzo, fue parte del pegamento que va camino de los 18 años juntos. Él es un poco más joven. Aunque siempre es y será mi “abuelo” 😂 ¿Vamos a por los 55?

Cambio

Muchos aún no lo tienen claro. Ni siquiera asimilado. Empezando por nuestros líderes que siguen con la mirada puesta en el pasado, aferrándose a él como naufrago del Titanic, a enfrentarse a la pura realidad de que nada debería ser como antes. Nada. Pero no está siendo así. Ni lo será. Y este país, que se aferra al turismo y al sol como herramienta para la reconstrucción, se pone la venda ante otras certezas como la investigación, las energías renovables o el talento.

Harari, en su libro “21 lecciones para el S.XXI” escribe:

“Muchos pedagogos expertos indican que las escuelas deberían enseñar “las cuatros ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad. (…) Lo más importante de todo será la capacidad de habérselas con el cambio, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental en las situaciones con las que no estemos familiarizados”. Para estar a la altura del 2050, necesitaremos no solo inventar nuevas ideas y productos: sobre todo necesitaremos REINVENTARNOS una y otra vez.”

Yuval Noal Harari. “21 lecciones para el S.XXI. Ed. Debate. Página 288.
Cambio post de @JgAmago con imágenes de Pexels
Foto de Alexas Fotos en Pexels

Quizás, pues, sólo deberíamos hablar de una “gran C”: la del CAMBIO. Una palabra que implica revolución, evolución, futuro, invención, investigación, FUTURO. Pero muchos siguen con miradas de corto alcance. Ya lo dijo Sócrates y seguimos sin hacerle caso:

El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo”

Sócrates (470-390 a.d.C)

Frivolidad

La actualidad informativa (en España), de esta semana ha estado marcada por las manifestaciones suscitadas a raíz de la detención del rapero Pablo Hasel por sus letras contra el establishment (y alguna que otra cosa más). No voy a entrar en el debate sobre la libertad de expresión y el derecho a manifestarse libremente, sino en los comentarios que algunos jóvenes hacían a los medios en medio de las revueltas (provocadas, como siempre, por los mismos indeseables que convierten una manifestación en un campo de batalla).

Frivolidad post de @JgAmago en #ReInventarseBlog con imagen de Pexels
Foto de Amine M’Siouri en Pexels

Estos jóvenes argumentan que “están cansados de la pandemia”, que “les han cercenado un año de sus vidas”, que “quieren volver a vivir sus vidas sin restricciones…” ¿No son argumentos muy poco solidarios? Creo que han pecado de frivolidad y egoísmo. TODOS, repito TODOS Y TODAS estamos agotados de la pandemia. TOD@S padecemos, sufrimos la “fatiga pandémica” que tanto se comenta. Pero no por ello salimos a incendiar las calles. ¿No sería mejor ser medianamente responsables y hacer todo lo posible para que el COVID se frene, para que podamos mantener “cierta normalidad” y recuperar la vida que llevábamos antes? ¿Por qué no miran hacia las personas mayores, que siguen encerradas en sus casas, sin juntarse con sus amigas/os a jugar a las cartas o a tomar el café y que suman el 40% de los muertos de esta terrible plaga, muchos de ellos en tratamiento psicológico para soportar la soledad? ¿Y las personas que han perdido su trabajo y está pidiendo en los Bancos de Alimentos? ¿Y las personas que están en ERTE? ¿Y los médicos y sanitarios que no pueden más y que soportan luego vuestras acciones en sus carnes, cuidando de tod@s? ¿Y los niños y niñas que han manifestado un comportamiento ejemplar aguantando encerrados y sin socializar para prevenir ser portadores del COVID? Perdonar, pero creo que esta vez NO tenéis razón. O por lo menos no es lógico que utilicéis este argumento. No. Esta vez el punto de mira debería haberse dirigido hacia otro foco.

Por favor, mirad más allá y veréis cómo una gran parte de la sociedad se afana en soportar esta pandemia, para dejaros/dejarnos un mundo, un poquito mejor. No lo estropeéis ahora que -quizás- podemos empezar a ver la luz al final del túnel.

“La esperanza es lo que haces que sigas respirando, aún cuando la presión de una vida te esté asfixiando”

Anónimo