• La Bola Negra

    Hacía dos años que no íbamos al cine. Desde hace mucho tiempo, la experiencia casi religiosa de cada sábado, de ir a una sala de cine se acabó cuando el universo «foodie» entró a formar parte en las salas de proyecciones. El móvil ha tenido mucho la culpa, también. Pero sobre todo la comida. ¿Cuándo conseguirán que las patatas fritas y demás snacks vengan en envoltorios que no hagan ruido?

    El caso es que, superada esa fobia de padecer la tortuosa experiencia de una sala de cine, en lugar de vivir la catártica comunión con la gran pantalla, fuimos a ver «La Bola Negra». Sobre todo por la insistencia de todas y todos los de mi alrededor insistiendo en que NO es una película para ver en el salón de tu casa. ¡Con lo a gusto que se ven las películas en el sofá, en pantalla de 60´´ y con una copa en la mano! Bueno, pues allá fuimos.

    No voy a descubrir nada nuevo. Seguro que ya lo has leído todo. Es una obra inmensa, compleja, épica, majestuosa, emotiva, dura, tierna, poesía, mano de hierro, guante de seda. Es una historia coherente con los tiempos que estamos viviendo en los que la memoria histórica se aparca y no se le pone el valor que merece: derechos adquiridos a costa de la sangre de muchos.

    «La Bola Negra» es larga, pero fluye con soltura entre esas tres historias que nos bambolean de tiempos no tan lejanos, entre una ficción llena de poesía, y deviene a una realidad tan cercana, que nos hace herida.

    «La Bola Negra» es deseo, es amor, es odio. Es libertad, es jaula y es prisión. Es poesía y es música. Es arte y es guerra. Es construcción y es fuego desolador. Es piel y es sangre. Es dolor y es pasión.

    «La Bola Negra» es cine. Es realidad. Es ficción. Es memoria. Es historia. Es pasado. Es futuro. Es presente. Es lo que quieras que sea. Es, como la vida misma.

    «Ningún arte traspasa nuestra consciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando directamente nuestras emociones, profundizando en los oscuros habitáculo de nuestras almas» (Ingmar Bergman, 1918-2007)

  • Cuando cambiamos la mirada: así viví la película Hamnet

    Anoche vimos en SkyShowtime una de las películas más premiada de la pasada edición de los Oscars: «Hamnet», dirigida por Chloe Zhao y con la inmensa Jessie Buckley como Agnes, y el siempre impecable Paul Mescal como Shakespeare. Mención especial para la siempre exquisita banda sonora de Max Richter.

    No quise investigar mucho sobre la película, desde su estrenó hasta que la vimos ayer, porque sabía que la iba a ver. La gran expectación creada por los premios, nominaciones y el boca a boca, tengoq que decir que me ha dejado un poco «templado». Cierto que es una gran película en su factura e interpretación, pero me esperaba más. Más Shakespeare y menos Agnes, quizás. Igual, de haber sido al revés, habría sido otra película costumbrista de la Inglaterra Isabelina, y no el filme que buscaba y quería su directora.

    El caso es que cada vez intento aislarme del «ruido» ante un acontecimiento cinematográfico, televisivo, literario o viajero. Me gusta ir con el lienzo en blanco (o casi), a la espera de que se dibuje en él impresiones que dejen poso y pasen revista positiva en su devenir.

    Ahora, por ejemplo, el «hype» sobre «La Bola Negra» la película de «Los Javis». Pues si, tengo muchas, muchas ganas de verla, pero no quiero ver, leer, oír o conocer nada sobre ella. Cuando llegue a verla, crearé mi propio juicio y revisaré mi expectativa.

    Volviendo a «Hamnet», quizás a Agnes le pasa lo mismo cuando acude a «The Globe» y ve esa primera representación de «Hamlet» en el escenario. De la indignación, pasa al deslumbramiento. Cada uno/a tenemos una mirada.

    «Cuando cambiamos la forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian. No es lo que miras lo que importa, es lo que ves»

    Anónimo

  • Criaturas Luminosas: amistad, segundas oportunidades y un pulpo sabio

    Tova (su personaje), es una mujer mayor que sigue trabajando para no pensar en sus desgracias personales, en un acuario de un precioso pueblo de Nueva Inglaterra, en USA. Allí establece una conexión muy especial con Marcello, un pulpo que vive en una pecera y que, muy suyo, se escapa constantemente en busca de su propia libertad (con la voz del siempre imponente Alfred Molina). Aparece un joven, llamado Cameron, buscando a un pariente que le va a hacer millonario. Casuísticas de la vida, sustituye a Tova unas semanas en el acuario y entre ellos (y el pulpo), se establece una conexión muy bonita, con un final -un poco forzado-, pero maravilloso. ¡No te la pierdas!

    Tova (Sally Field), vive sus 80 como pudo vivir sus 50. Sin su familia. Pero con la energía, las fuerzas, el tesón, la dedicación y el cariño que ha demostrado y a la que todos se lo demuestran (esa «especial relación» con el tendero -maravilloso Colm Meany, lo dice todo).

    Encuentro una frase anónima que dice:

    «Como decía mi abuela: no le temas a la edad… Vas a hacer las mismas tonterías pero un poquito más lento»

  • La Soledad elegida: como las redes sociales tejen nuevas comunidades

    Este verano, leía un artículo muy interesante en El País titulado «Una vida sin amigos y lejos de la familia: qué hay detrás de los diarios de los influencers que triunfan en redes sociales» publicado el 30/08.

    En este post se desgranan las historias de algunos/as perfiles en redes sociales que cuenta -sin hacer apología, como es una vida sin amistades, sin «familia elegida», sin conexiones. Dejan muy claro que NO es idealizar la soledad, sino que sus «circunstancias personales les ha llevado a sentirse mejor solos/as que acompañados/as.»

    Pero lo aún más curioso es que los denominados «influencers de la soledad» agrupan a miles de seguidores en sus perfiles que son receptores, seguidores y -en muchas ocasiones, «consuelo de sus historias de soledad. ¿No es una paradoja?

    La verdad es que, en mi caso, se me hace raro esta actitud, posición, modo de vida o estado situacional, porque para mi siempre ha sido muy importante el círculo de amistades, amigos/as, compañeros/as, conocidos, etc. El tiempo de la «soledad» es una elección más que, de modo orgánico, yo elijo.

    El escritor y pensador Paulo Coelho dijo que:

    «La soledad, cuando es aceptada, se convierte en un regalo que nos lleva a encontrar nuestro propósito en la vida»

  • Que sigan rabiando, que nosotr@s seguiremos brillando

    Y la rescato por su inteligencia y ubicuidad, tras el ataque feroz que el pasado 6 de julio, un columnista de un conocido periódico de tirada nacional, escupió (a eso no se le puede denominar ni escritura), contra el colectivo LGTBI+ tras la Manifestación Estatal del Orgullo 2026. Seguro que sabéis de quién estoy hablando, pero es que no voy ni a regalarle visitas compartiendo el enlace de esa vomitona de odio, ni a él ni al periódico que lo publicó.

    Las entidades que trabajan por los derechos de las personas LGTBI+ han denunciado la publicación y pedido su retirada, así como la retractación por parte del periódico que las publicó. Eso es un DISCURSO de ODIO. Eso es un DELITO de ODIO. Pero seguimos esperando a que el Congreso de los Diputados apruebe ese Pacto de Estado contra los discursos de odio que, capitaneado por la FELGTBI+ y otras 30 entidades sociales, llevamos peleando más de dos años entre despachos. ¡Es necesario YA!

    Todas y todos sabemos que esa columna de opinión es una provocación. Es el argumento que un periodista denostado hasta por sus propios, escribe para resurgir de las llamas de su propio infierno. No sabe hacer otra cosa: insultar y provocar. Cae tan bajo siempre que nunca ha conseguido despegar hacia el éxito que ha soñado. Expulsado de radios y televisiones, diarios, agrupaciones políticas (de la izquierda a la extrema derecha), su odio le impide razonar, dialogar, conversar, construir, participar… ¡Basura con lazo periodístico!

    Y en su derecho de escribir, el derecho a responder, a opinar y a defender que, por encima de sus mentiras e insultos, están nuestras realidades. Que el ORGULLO es nuestro sentimiento de satisfacción por los logros alcanzados, nuestro amor y autoestima y nuestro sentimiento de pertenencia a una comunidad en la que, millones de personas, clama en las calles sin insultos, pacíficamente, respetando las realidades de los/as/es otros/as/es.

    Una comunidad que grita, jalea, festeja y celebra la DIVERSIDAD, sin fisuras. Sin diferencias. Sin intolerancia. Sin fanatismos. Y así lo haremos cada día, cada mes, cada año. En las casas, en las calles, en las empresas, en los medios de comunicación, en las redes sociales… En la vida.

    Así que, FJL, siga RABIANDO, que nosotros/as/es seguiremos BRILLANDO.

    NOTA: Gracias Annia por tus palabras.