Frida

Ayer por la tarde, fuimos a ver la exposición sobre la vida y obra de Frida Khalo que se puede visitar en el Teatro Instante de Madrid. Podéis reservar entradas aquí. Si bien, podrían haber arriesgado un poco más, y meter elementos de realidad virtual, realidad aumentada y experiencias, tengo que decir que me ha gustado. Lástima que al final la «exposición» virtual de su obra se desdibuje con imágenes pixeladas y borrosas. Eso debería de mejorar.

Soy un gran admirador de la obra de la creadora mexicana, y su turbulenta vida con Diego. Y una de las grandes bazas de la exposición es que te sumerge en el talento, la creatividad, la originalidad, el tesón, el esfuerzo, el ímpetu y el coraje de una mujer dolida de cuerpo, alma y corazón, exultante y poderosa en un tiempo gris y complicado. Y lo consigue en apenas 40 minutos.

En un mundo de hombres, el surrealismo toma en ella la máxima expresión de la gratitud, de la vida, del color.

«Todo puede tener belleza, aún lo más horrible»

Frida Khalo

En una vida humillada por su amor, el amor lo ocupa todo.

«Enamórate de ti, de la vida, y luego de quien quieras»

Frida Khalo

En una lucha constante por ser, ella fue su mejor obra.

«Soy mi propia musa. Soy la persona que mejor conozco. Soy la persona que quiero mejorar»

Frida Khalo

Viva la vida, Frida Khalo.

Pecado

Si hay una serie de televisión, absolutamente trasgresora, divertida y muy instructiva, sin lugar a dudas es «Big Mouth», una serie de animación que podemos ver en Netflix. Estos dibujos animados reflejan el despertar sexual de unos niños (en la mente de los adultos que la crean, diseñan, dibujan e interpretan), que se sienten influenciados por los monstruos de las hormonas, de la culpa, de la vergüenza, de la depresión y de la ira. «Big Mouth» es una bocanada de aire fresco para adultos, pero que también deberían ver acompañados de sus hijos/as. Y en los dos últimos capítulos de la 5ª temporada, el «pecado», tiene mucha relevancia.

Revisando y seleccionando fotografías que tenía mi madre en casa, me encontré con las fotos de mi Confirmación. Arropado por muchos de mis compañeros que terminamos el 3º de BUP en el Seminario de Las Rozas de Puerto Real, y apadrinados por la figura del Cardenal Tarancón, la Confirmación fue el rito con el que finalizábamos una etapa única, maravillosa e irrepetible en mi formación académica y personal. No. Afortunadamente no derivé a la carrera religiosa. Más bien he terminado siendo muy crítico con determinadas posturas de la Iglesia Católica, más propias de la época medieval que de la actual sociedad. Jamás renegaré de lo que en aquellos 7 años de internado viví. Sí, del poso que, algunas situaciones y creencias, dejaron en mí. Siempre desde lo personal.

Y en parte esa crítica hacia la institución, esa culpa transmitida, se debe al mensaje del «pecado», del castigo, de la inconsistencia de unas creencias, de unas vivencias, frente a la norma que otros vivían. Entender, asumir, liderar y vivir mi sexualidad en un entorno tan al límite (más de 250 niños/jóvenes/hombres conviviendo juntos durante 5 días a la semana, de septiembre a junio), colapsaba con lo que en mi sexualidad se estaba despertando, y con los deseos que en mí se estaban consolidando. Yo era el «mariquita» del colegio (otros saldrían del armario mucho más tarde). Eso sí, NUNCA tuve episodios de bullying, acoso, o mal trato. Nunca. Pero dejó una inseguridad que tardó en evaporarse más de lo que tendría que haberse alargado.

Si en aquella época, hubiésemos tenido al alcance series como «Big Mouth», «Sex Education», «Genera+ion», «Euphoria», «Please Like Me» o «Love Simon» (y mira que esta última me saca de quicio de lo ñoña que es), el «pecado» se habría convertido en una oportunidad de ser, sentir, expresar y vivir, sin miedo, sin esperas, sin perdón.

La Fortaleza

Abdullah nunca había ido al cine. Mirka no sabía lo que era el metro. Dasha se quedó sorprendida de la magia de los fuegos artificiales. ¡Pero también se asustó! Valerio alucinó la primera vez que vio la mar. Aunque parezca mentira, por que es verdad, hay muchas personas que ni han visto, ni vivido, ni experimentado o alcanzado la mayoría de las cosas que el resto de las personas. Y no es necesario irse a países menos desarrollados, o a dictaduras, o a lugares más remotos. No. Hace poco conocí a una persona que no había visto NUNCA el mar. Somos afortunados/as y aún así, algunos deciden vivir en la ignorancia de sabedores y conocedores del todo, sin apenas salir de su cascarón. El problema es cuando el «yo» es el único mundo que conocemos.

Damos por hecho ciertas realidades que, ni de lejos, son probadas. Creemos que lo sabemos «casi» todo. Pero sé que no sabemos «casi» nada. Partimos de nuestras experiencias (buenas, malas, regulares), para edificarnos nuestro cocoon y desde esa plataforma, mirar al entorno, e intentar vivir experiencias positivas que fortalezcan nuestra burbuja. Ya vendrás las malas. Esas intentamos no buscarlas. Pero a veces llegan.

Leer. Aprender. Conocer. Mirar. Ver. Escuchar. Descubrir… ¿Qué mas se le puede pedir a la vida? Eso es estar vivo. Romper la burbuja que nos rodea y calarse hasta los huesos.

No se trata de derribar la fortaleza, sino de bajar el puente levadizo para permitir entrar en tu morada, algún que otro turista más.

Ajustes de Silencio

Horror. Tragedia. Ruido. Gritos. Carreras. Muerte. Desolación. Heridas. Olor. Silencio… 11-M. El pasado viernes, mientras que comenzábamos la mañana en el pequeño «córner-café» que tenemos en la cuarta planta de la oficina, Alberto nos hizo una pregunta: –¿Dónde estabas tú tal día como hoy, hace 18 años? Yo, rápidamente, lo recordé. Tan claro como si hubiese pasado hacía dos minutos. Uno a uno, mientras apurábamos el café para empezar la jornada, fuimos contando el qué, el cómo y el dónde, de aquel triste día, a esa fatídica hora.

Al llegar a casa, la aplicación del iPhone en la que sigo todas mis series de televisión, me lanzó una alerta: «El Desafío: 11M» ya está disponible. Encendí la TV, busqué la app de Amazon Prime Video y le di al «play«. ¡No paré de llorar desde el minuto uno hasta el final! Ahondando en mi pena, puse el segundo. También lloré, pero de rabia por las declaraciones de ciertos políticos, de sus mentiras, de sus «vacíos» de recuerdos. Todo vale. Incluso la muerte. Y la memoria.

Fue en el primer episodio, en el que uno de los policías entrevistados, con las lágrimas a punto de romper su coraje, dijo: «… y mientras en Atocha empezaban los ajustes de silencio, bajé a recoger otro cuerpo más.» Y apunté esa frase. Apagué la tele. En mi teléfono saltó un pop-up con una noticia de «El Huffington Post» sobre Ucrania. Puse el teléfono en modo silencio. Cogí el libro que me estaba terminando. Leí. Lo acabé. Un final violento, angustioso. Guardo el libro en la librería y preparo el siguiente. Me tumbo en el sofá. Nada que hacer, ni que decir.

Necesitaba ese ajuste de silencio hasta volver a empezar con el ruido ensordecedor de la tragedia en 360 grados que estamos viviendo.

La Suma de Todo (s)

Un año más. No, no te confundas, no hemos vuelto atrás. No estamos en el umbral de las doce campanadas. Es marzo, día 6. Me refiero a que mañana cumpliré un año más. 55. Un año que da mucho juego para memes y chascarrillos. Un año redondo. De los que me gustan.

El año terminó muy mal. Comenzó muy triste. Aún sigo rellenando los vacíos. Pero la vida continúa y estoy feliz porque lo contamos, lo celebraremos, recibiremos muchas llamadas, mensajes, notificaciones de todas esas personas que me han ido acompañando en estos 54+1. A pesar de la pérdida, soy muy feliz. Rodeado de mi familia, de mi marido (que también cumple años el mismo día), de mis amigos/as (mi segunda familia), mis compañeros/as, muchos conocidos/as… Tengo que dar las gracias por mantener esta estabilidad, la salud (¡con mis achaques, eh!), ganas de hacer muchas cosas, de vivir (si nos dejan), y de continuar aprendiendo cada día. En mi «chepa» se colocan, como piezas del Tetris, tantas experiencias, recuerdos y vivencias, que se empujan unas a otras para seguir dejando sitio para las que vendrán.

«Cumplir años es un regalo. No lo desprecies quejándote por tus canas»

Anónimo

El martes iré a la peluquería. 😉