• Therians y la Busqueda de Identidad en la Adolescencia

    Hay una cosa que se llama «respeto» y, en la mayoría de los casos, se olvida. Y la culpa no la tienen las redes sociales (que últimamente se demonizan demasiado). Lo tenemos las personas.

    Leo un interesante artículo de opinión en la Revista Perfiles escrito por el director del Máster Universitario de Psicología General Sanitaria y profesor en la UE, Oliver Serrano León, titulado «Cuando el algoritmo pone nombre a la adolescencia: una mirada serena al fenómeno «therian», y no puedo estar más de acuerdo con él.

    Esta realidad de la juventud, como otras muchas, es una forma de manifestarse, de relevarse, de hacerse vale, notar. Como en nuestra época fue identificarse con los «nuevos románticos» o con los «tecno» o con los «quinquis». O más tarde con los «moods», los «heavys» o los pijos (o denominados «pocholos» o «borjamaris»), y que siempre estarán enfrentados/as con los «chonis» y los «macarras». ¡¡Y ya está!! Alguna bronca, alguna pelea, mucho ruido y pocas nueces. Eras/Identificabas, y luegos la edad te ponía en su sitio. Oleadas de realidad.

    Este lenguaje, esta representación, era de los y la jóvenes.

    Ahora, desde la más pura ignorancia, todos y todas sabemos de todo y nos permitimos el lujo de opinar, corregir, criticar, vilipendiar, atacar, destruir y machacar una representación que ni se entiende, ni se conoce, ni se analizar, ni se vive.

    Su convencimiento es: ¡Mi voz vale tanto como la tuya. Y, desde la más inconsistencia del argumento, mi verdad es única. Sólida. Certera! ¡¡Error!! Y más, cuando hablamos de modas, culturas o movimientos sociales.

    Antes nuestro algoritmo fue el «SuperPop», «Los 40 Principales», «Tocata» o «RockoPop». Y formaba parte de los hogares, de la sociedad, sin generar tensión, preocupación o controversia. Ahora algo tan propio de una búsqueda de la identidad, como es el experimentar, probar, descubrir y descartar, dimensiona su propio alcance con la madurez con la que no miramos el verdadero problema: que el respeto empieza donde termina tu libertad. Ahí empieza la del otro.

    Ahora los canales y las fuentes se han multiplicado por mil. Pero la expectación hacia lo diferente, pone en entredicho, la voz de aquellos que de tanto ir a la fuente, hacen que el cántaro se rompa.

    «El comportamiento humano se deriva de tres fuentes principales: el deseo, la emoción y el conocimiento» (Platón 427-247 a.d.c)

  • Mirar sin mirar

    Anoche nos invitó María a cenar a su casa para hablar de la novela que le ha llevado escribir 15 años de su vida. Una novela extensa (más de 800 páginas), y que mi marido tuvo la deferencia de leerse para darle su opinión como ávido lector y profesor de literatura. Fueron 5 horas maravillosas. Nos acompañó Fernando, un amigo de María que nos presentó y que la ha acompañado en este proceso de creación de personajes, sus psicologías, tramas y escrituras.

    Acabamos hablando de muchas cosas más, y terminábamos la velada hablando de esa necesidad que tenemos de salir de la «jaula», de nuestras confortables celdas, para ir al campo o al mar, y mirar sin mirar. Poner la vista al frente y despejar la visión sin otra pretensión que salir de las pantallas azules para ver el verdadero azul del cielo o del océano.

    La ciudad nos atrapa. Nos engulle en un bocado de ruidos, asfalto, humo y sabores sin sabor. Somos chefs de un menú rápido, efímero, que -en la mayoría de las ocasiones, cocinamos sin tiempo para que las salsas reposen el tiempo que requieren.

    El aire libre, el campo, la mar, el pinar, la arboleda, el monte, las montañas, nos liberan de ese tiempo de cocción y nos permite alimentarnos de un menú tan sencillo -y preciado, como es un primero, un segundo y un postre llamado TIEMPO.

    Tiempo para mi. Para ti. Para todos.

    Nuestro día a día es un fast food pensado y concebido por otros. El ketchup o la mostaza, ya la pones tú.

    «Una receta no tiene alma. Es el cocinero quien debe darle alma a la comida». (Thomas Keller, 1955)

  • Yo también soy Transtemporal

    ¿Y a qué se refiere dicho concepto? Pues a la imposibilidad de creerse, sentirse, aceptarse y saberse de la edad que tienes.

    Por ejemplo, el pasado sábado cumplí 59 años. Cuando la gente me pregunta la edad, se quedan pasmados. No. No los aparento. Mi paso al «sexto piso» está a la vuelta de la esquina, pero ni físicamente, ni espiritualmente, me considero en el ascensor de subida de la 5ª a la 6ª.

    Y ya no es cuestión de cuidarse más o menos -que ayuda, si. Mucho está en la actitud. Así que, seguiremos promoviendo esta «transtemporalidad» mientras que el paso del tiempo no aplaque esta actitud positiva y me invite (espero que dentro de mucho), a sentir la edad que de verdad tengo.

    «La edad es un tema de la mente sobre la materia. Si no te importa, no importa» (Mark Twain 1835-1910)

  • Invisibles

    Ayer, al finalizar la clase, una alumna me pidió que si podía hablar conmigo. ¡Claro, ¿cuéntame?! Me dijo que era su última clase. Le pregunté que qué había pasado y me explicó que, estaba muy contenta con el Máster, con la Escuela, con los profesores, que mis clases le «rechiflaban» pero, no podía seguir costeando todos los gastos de estancia en España (ella es natural de un país de Hispanoamérica).

    Estuvimos hablando un rato, mientras que esperaba al Cabify, y su tristeza se reflejaba en los ojos, en parte porque tenía que abandonar algo por lo que había apostado, dejando en su país, familia, negocios… ¡una vida! Y -en segundo lugar- me confesaba que era la única de la clase (17 alumnos/as), que no había conseguido ninguna entrevista para hacer unas prácticas remuneradas o -incluso- un trabajo. Es la mayor (sobre unos 45 años), de una clase que tiene como media los 25 años de edad.

    Mujer. Mayor de 45 años. Extranjera. INVISIBLE.

    Justo además, ese día habíamos estado hablando de los sesgos, de la IA, del «machine learning» de la selección de personas, de la marca personal… Aquí, en España, su perfil no cuenta.

    «Qué equivocado es para una mujer esperar que el hombre construya el mundo que ella quiere, en lugar de crearlo ella misma. – Anais Nin (1903-1970)»

  • ¿Y qué hago yo sin YouTube?

    Me comentaba una amiga el otro día que su sobrina le dijo: «Tía, si pudiera yo no votaría a Pedro Sánchez, porque me va a prohibir ver el YouTube». La sobrina tiene 6 añitos. Toda una carta de intenciones del pensamiento de muchos y muchas mayores de edad, que si podemos votar, y que polarizamos el voto pensando en el «yo» en lugar de en el «nosotros».

    No voy a entrar en debate de si el problema de las redes sociales, mejor dicho, el problema del MOVIL en los niños y adolescentes menores de 16 años, está en Internet (que creo que -una vez más- es una disculpa para diluir la responsabilidad de los adultos al respecto), pero sí en el de la polarización de nuestra sociedad.

    Si fuésemos capaces de disociar el «yo» del «nosotros», muchas de las tensiones que estamos viviendo en nuestra ciudad, nuestra comunidad, nuestro país, y el mundo mundial, se diluirían en un debate lógico, coherente y razonado sobre el pensamiento diferente.

    Puesto que somos diversos, yo respeto tu diversidad -y tú la mía. No la avasallo ni entierro sobre tus ideas y pensamientos, y compartimos al objeto de llegar a un consenso: somos diferentes, pero en un punto común, pensamos como iguales.

    «El seguro de vida de cualquier especie es la diversidad… La diversidad garantiza la sobrevivencia». (Isabel Allende, 1942 – actualidad)