Decepción

Ayer escuché esta frase y me pareció genial: «No hay persona peor en la vida que un tonto/a motivado/a. Y si encima tiene poder, peor». Los presentes, sabíamos muy bien a qué político/a se estaban refiriendo y las risas se adueñaron del auditorio. Y es que es cierto, qué peligrosos/as son estas personas que no miden sus decisiones, teniendo el foco de los intereses generales, y se predisponen a gobernar, gestionar, proponer o promover, acciones, leyes que atentan directamente contra millones de personas, en beneficio de otras (que tienen todo el derecho del mundo a ser contempladas como las que ahora quieren derogar).

Vivimos en tensión y tensionados en lo político. Se generan conflictos y conflictúan a los ciudadanos/as tomando decisiones que miran hacia el lado opuesto al que deben mirar. No nos dicen la verdad. Sabemos (o no), quién está detrás moviendo los hilos. Desconocemos que intereses tienen. Pero les votamos porque deseamos que los «otros» no lleguen a gestionar, no lleguen a ser otros «tontos/as motivados/as» que aún seccionen más los derechos y libertades, en pro de aquellos que alimentan sus egos.

Estamos subidos a un tio-vivo de telerrealidad en el que nos abochorna lo que pasa, lo que dicen, lo que gesticulan, lo que insultan, lo que se mofan en la casa de la constitución, en la casa del pueblo y para el pueblo. Y jaleamos con banderas al color que pensamos que nos representa.

El desencanto provoca el caos. La incertidumbre. La apatía. El tedio. La sociedad acciona y reacciona desde la desilusión. La decepción anida en las calles, como buitre que otea el horizonte en busca de su alimento. Y ellos, ellas, esos tontos, tontas, motivados y motivadas, tienen siempre activados sus radares a la caza de una presa más.

A Ciegas

El pasado martes asistí como invitado, por primera vez, a una cena a ciegas. ¡Mira que las había organizado yo para empresas y compañeros/as de otras áreas, pero yo nunca había estado sentado en la mesa, compartiendo esta experiencia sensorial! El caso es que fue toda una sorpresa, porque estábamos citados para una cena de equipo de proyecto, sin más, y nos encontramos todos con el antifaz puesto antes de sentarnos a cenar.

Ya desde el primer momento la experiencia es inmersiva: antes de sumergirte en la oscuridad, la jefa de sala y el chef te cuentan qué va a pasar, y cómo lo van a gestionar. A continuación, te vendan los ojos en la puerta del comedor, para guiarte por el restaurante -primera sensación rara, moverte apoyado en el brazo del otro, confiando en su destreza-, para sentarte y explicarte la disposición de los platos, cubiertos, copas, etc. Una vez situados, comienza la cena, con las explicaciones pertinentes sobre la orientación, utilizando las horas del reloj para contarte cómo está la mesa y el plato presentado.

Yo tengo que decir que me agobié mucho… No estaba a gusto… Además que todos empezaron a hablar muy alto, a gritar, presa de la excitación y del miedo a tirar una copa, o a no pillar nada con los cubiertos y quedarse sin cenar… Fue una sensación extraña. Así que decidí pasar de mis compañeros de mesa, concentrarme en mi espacio, e ir probando a coger el salmón con verduras (estaba exquisito), la copa de vino sin tirarla, y el pan de la mejor forma posible. El resto seguían a grito pelado. ¡Prueba superada! Acabé toda la comida, me bebí el vino sin «liarla parda» y nos pudimos quitar el antifaz, antes de pasar al postre. De repente el volumen volvió a su nivel normal, todos nos tranquilizamos, y comenzó la revisión de quién había terminado el plato, quién no…

Poco a poco la gente se fue retirando, y yo me quedé con unos pocos tomando una copa y fumando un cigarro antes de coger el taxi regreso a casa. Al buscar las llaves en la mochila, me topé con el antifaz y volvió a mí la extraña sensación de hacía unas horas. ¡Qué afortunados somos!

Llevo casi 25 años trabajando con, por y para el colectivo de personas ciegas o con discapacidad visual, y está en mi día a día la interacción con su discapacidad, poniéndome en sus zapatos para generar y facilitar una relación entre pares. Desde fuera, claro. Porque cuando te pones en sus ojos, desde dentro, la situación es otra. Cambia. A pesar de ser temporal y planificada.

Saramago escribió: «… lo que se considera ceguera del destino, es en realidad miopía propia». Estamos cegados. Nos quejamos sin sentido. Sin sentidos, vivimos en una miopía profunda. Es el momento de quitarse el antifaz y ver con los ojos del que no puede ver. Entonces aprenderíamos a no vivir a ciegas.

¿Pasar Página o Quemar El Libro?

Este viernes he visto un capítulo más de la segunda temporada de la MARAVILLOSA serie «Sapere Aude», la continuación de esa joya televisiva que es «Merlí», y que podemos ver en Nexflix. Cada capítulo viene cargado de filosofía de la buena: de la teórica en las clases que imparten La Bolaños y otros profesores, y filosofía de la vida. Real. Como la vida misma. El gran acierto de esta segunda temporada ha sido incorporar al personaje de Dino, el impresionante Eusebio Poncela haciendo alarde de lo que es, el mejor actor de cine, teatro y televisión que ha parido este país. Sus conversaciones con Pol o María Bolaños (¡¡enorme María Pujalte, brava!!), son de lo mejor guionizado para la ficción en muchos, muchos años.

Al final del capítulo 7, en el que la pandilla está sentada hablando de sus cosas, Rai dice: «Pasar página está bien, pero a veces debes quemar el libro y tirar sus cenizas al mar.» ¿Por qué lo dice? No te lo desvelo que no quiero hacerte un spoiler. 😉

En los últimos meses, he tenido relación muy directa con la familia de un prodigioso joven músico con TEA. Hablando con sus padres me decían que era injusto que este chico, superdotado en las artes musicales, no pudiera acceder al Grado Superior de Música por su discapacidad, cuando había demostrado conocimientos y técnicas excepcionales, alabadas y reconocidas por sus propios profesores. Barreras entre la norma y la realidad. Diferencias entre lo que unos dictan -muy alejados de la realidad de la calle, y otros tenemos que cumplir.

¿Qué miedo existe a renovar la Constitución, para trabajar y redactar en un nuevo tratado que acoja y recoja la realidad de un país, de una sociedad que ha evolucionado en estos casi 45 años de su historia? ¿Por qué mueven páginas, marean sus letras, artículos en lugar de «quemar el libro», tirar las cenizas al mar con todos los honores por la labor prestada, y trabajar todos en construir un modelo acorde a los nuevos tiempos? ¿Qué pierden unos, y qué ganamos otros?

Quizás el problema reside en eso, en lo que pierden unos pocos.

Ocupad@s

¡Dos meses sin escribir! Y no por ganas. Si no por tiempo. La «vuelta al cole» ha sido tan «intensa», que no he encontrado el momento para sentarme delante del PC, abrir el blog y activar el modo «domingo» para actualizar los contenidos, las páginas, y escribir de nuevo.

En los primeros días de septiembre, he estado desplazándome al trabajo desde otra vivienda, porque la nuestra estaba en obras (bueno, aún no han acabado, pero ya hemos vuelto al hogar), y me enfrentaba a 17 paradas de metro entre esta casa estacional, y el trabajo. Durante estos largos trayectos he escuchado todos esos podcast que tenía almacenados. ¡No hay mal que por bien no venga! En uno de esos trayectos, se sentó a mi lado una chica, de unos 30 y pocos años, que estaba anotando en una libreta tipo «moleskine», las clases extraescolares y particulares de su niña. ¡¡Y yo me quejo de agenda!! 🤯 Aquello era un puzle de mil piezas sin plantilla sobre la que guiarse. Era una locura. Como soy muy curioso, de vez en cuando lanzaba el ojo izquierdo hacia su libreta. Pude ver que el viernes, a las 19 horas escribía «psicólogo». ¿Para ella o para la niña?

Y mientras que yo movía mi pie al ritmo del podcast de Defected by Rimarkable mi cabeza se puso a pensar: ¿Realmente necesita esta niñas todas esas clases extraescolares? ¿Son una excusa para que los padres tengan tiempo para trabajar, llegar a casa y que la niña no esté sola, o tener que pagar a una niñera? ¿Están creando un «monstruo de la ansiedad» o una «niña prodigio»? ¿Qué pensará la pobre criatura de tan apretada agenda? ¿Sus amiguitas/os tendrán la misma carga de extraescolares? ¿Cuándo tendrá tiempo para jugar? Y en estos pensamientos, llegué a Atocha y me tuve que bajar.

Vivimos entre los huecos del calendario. ¡Si nos dejan!

Flip-Flop

Es mi calzado favorito. Si las condiciones climatológicas lo permitieran, estaría todo el año en chanclas. Como desde hace un par de meses el calorcito aprieta, las flip-flop son lo mejor para estar fresquito. Cada temporada me dejo caer por la página de Havaianas y busco un par que me gusten. Este año me han regalado unas de la colección «Strangers Things» chulísimas. ¡No veo el momento de estrenarlas! Porque eso si: las nuevas no se estrenan hasta que no comienza oficialmente la temporada de playa. Mientras tanto, tiramos de «fondo de armario» 😜.

Y parece ser que ese momento de sacarlas de la bolsa está ya más próximo. Se huele. Se intuye. Se necesita. Se impacienta. Se agolpa en las prioridades. Ya hemos desempolvado la maleta del trastero y está esperando a que se llene de kilómetros.

Ha sido un año magnífico, intenso, con cosas muy interesantes y proyectos de los que invitan a crear. Retos. Muchos. ¿Quizás demasiados? Condensados en estos 7 meses de un año en el que hemos tenido prisa por recuperar los dos previos de pandemia y post-pandemia. También ha sido un año muy triste. Se fue y empezó de la peor manera posible. Pero esta excesiva actividad profesional y personal ha hecho que el duelo haya sido más llevadero. Pero no se olvida.

El próximo martes, a las 14.30 horas, colgaremos el cartel de «Cerrado por Descanso» hasta finales de agosto. La agenda ya está que explota a la vuelta pero… ¡De eso hablaremos después de las vacaciones!

Feliz verano a todas y todos.