Leo en El País un interesante artículo titulado ¿Están los universitarios sobreprotegidos por padres «helicópteros» y «quitanieves»? de Kristin Suleing a raíz del cartel que la Universidad de Granada colgó en su instalaciones y que decía: «El vicedecanato de Prácticas no atiende a madres y padres. Todo el alumnado matriculado es mayor de edad». ¡¡Ole!!
Los «padres/madres helicópteros» son aquellos «supervisan de forma contante la vida de sus hijos/as». Los padres y madres «quitanieves» no solo observan, «sino que intervienen para eliminar obstáculos antes de que aparezcan.»
La interferencia de los padres y madres en la vida académica de los estudiantes universitarios (en algunos, no en todos), preocupa a los agentes implicados en la educación superior poniendo de manifiesto que esta generación, más que nunca, está perdida, protegida, almidonada, blindada por unos protectores que no les permiten enfrentarse a la duda, tensión, frustración, problemática, ilusión, ansiedad y/o cambio que el mundo universitario requiere.
No se trata de no ayudar, no. Se trata de invadir, sustituir la acción del estudiante y que éste o ésta pierda la oportunidad de aprender a la adversidad.
A todas y todos nos ha pasado. El cambio del Instituto a la Universidad es muy salvaje. Pero flaco favor hacemos a nuestras promesas universitarias si vamos de cabecilla en la delegación familiar al bautizo del estudiante superior.
Og Mandino dijo:
«El éxito se aprende. Aquí hallaras los conocimientos necesarios para aprobar la asignatura de la vida» (Og Mandino 1923-1996)




