• Mirar sin mirar

    Anoche nos invitó María a cenar a su casa para hablar de la novela que le ha llevado escribir 15 años de su vida. Una novela extensa (más de 800 páginas), y que mi marido tuvo la deferencia de leerse para darle su opinión como ávido lector y profesor de literatura. Fueron 5 horas maravillosas. Nos acompañó Fernando, un amigo de María que nos presentó y que la ha acompañado en este proceso de creación de personajes, sus psicologías, tramas y escrituras.

    Acabamos hablando de muchas cosas más, y terminábamos la velada hablando de esa necesidad que tenemos de salir de la «jaula», de nuestras confortables celdas, para ir al campo o al mar, y mirar sin mirar. Poner la vista al frente y despejar la visión sin otra pretensión que salir de las pantallas azules para ver el verdadero azul del cielo o del océano.

    La ciudad nos atrapa. Nos engulle en un bocado de ruidos, asfalto, humo y sabores sin sabor. Somos chefs de un menú rápido, efímero, que -en la mayoría de las ocasiones, cocinamos sin tiempo para que las salsas reposen el tiempo que requieren.

    El aire libre, el campo, la mar, el pinar, la arboleda, el monte, las montañas, nos liberan de ese tiempo de cocción y nos permite alimentarnos de un menú tan sencillo -y preciado, como es un primero, un segundo y un postre llamado TIEMPO.

    Tiempo para mi. Para ti. Para todos.

    Nuestro día a día es un fast food pensado y concebido por otros. El ketchup o la mostaza, ya la pones tú.

    «Una receta no tiene alma. Es el cocinero quien debe darle alma a la comida». (Thomas Keller, 1955)

  • Yo también soy Transtemporal

    ¿Y a qué se refiere dicho concepto? Pues a la imposibilidad de creerse, sentirse, aceptarse y saberse de la edad que tienes.

    Por ejemplo, el pasado sábado cumplí 59 años. Cuando la gente me pregunta la edad, se quedan pasmados. No. No los aparento. Mi paso al «sexto piso» está a la vuelta de la esquina, pero ni físicamente, ni espiritualmente, me considero en el ascensor de subida de la 5ª a la 6ª.

    Y ya no es cuestión de cuidarse más o menos -que ayuda, si. Mucho está en la actitud. Así que, seguiremos promoviendo esta «transtemporalidad» mientras que el paso del tiempo no aplaque esta actitud positiva y me invite (espero que dentro de mucho), a sentir la edad que de verdad tengo.

    «La edad es un tema de la mente sobre la materia. Si no te importa, no importa» (Mark Twain 1835-1910)

  • Invisibles

    Ayer, al finalizar la clase, una alumna me pidió que si podía hablar conmigo. ¡Claro, ¿cuéntame?! Me dijo que era su última clase. Le pregunté que qué había pasado y me explicó que, estaba muy contenta con el Máster, con la Escuela, con los profesores, que mis clases le «rechiflaban» pero, no podía seguir costeando todos los gastos de estancia en España (ella es natural de un país de Hispanoamérica).

    Estuvimos hablando un rato, mientras que esperaba al Cabify, y su tristeza se reflejaba en los ojos, en parte porque tenía que abandonar algo por lo que había apostado, dejando en su país, familia, negocios… ¡una vida! Y -en segundo lugar- me confesaba que era la única de la clase (17 alumnos/as), que no había conseguido ninguna entrevista para hacer unas prácticas remuneradas o -incluso- un trabajo. Es la mayor (sobre unos 45 años), de una clase que tiene como media los 25 años de edad.

    Mujer. Mayor de 45 años. Extranjera. INVISIBLE.

    Justo además, ese día habíamos estado hablando de los sesgos, de la IA, del «machine learning» de la selección de personas, de la marca personal… Aquí, en España, su perfil no cuenta.

    «Qué equivocado es para una mujer esperar que el hombre construya el mundo que ella quiere, en lugar de crearlo ella misma. – Anais Nin (1903-1970)»

  • ¿Y qué hago yo sin YouTube?

    Me comentaba una amiga el otro día que su sobrina le dijo: «Tía, si pudiera yo no votaría a Pedro Sánchez, porque me va a prohibir ver el YouTube». La sobrina tiene 6 añitos. Toda una carta de intenciones del pensamiento de muchos y muchas mayores de edad, que si podemos votar, y que polarizamos el voto pensando en el «yo» en lugar de en el «nosotros».

    No voy a entrar en debate de si el problema de las redes sociales, mejor dicho, el problema del MOVIL en los niños y adolescentes menores de 16 años, está en Internet (que creo que -una vez más- es una disculpa para diluir la responsabilidad de los adultos al respecto), pero sí en el de la polarización de nuestra sociedad.

    Si fuésemos capaces de disociar el «yo» del «nosotros», muchas de las tensiones que estamos viviendo en nuestra ciudad, nuestra comunidad, nuestro país, y el mundo mundial, se diluirían en un debate lógico, coherente y razonado sobre el pensamiento diferente.

    Puesto que somos diversos, yo respeto tu diversidad -y tú la mía. No la avasallo ni entierro sobre tus ideas y pensamientos, y compartimos al objeto de llegar a un consenso: somos diferentes, pero en un punto común, pensamos como iguales.

    «El seguro de vida de cualquier especie es la diversidad… La diversidad garantiza la sobrevivencia». (Isabel Allende, 1942 – actualidad)

  • La suma de muchos

    El pasado viernes, acudí a la entrega de los cheques solidarios del Grupo Social ONCE a las entidades Cris Contra el Cáncer, Menudos Corazones y Saca la Lengua a la ELA. Más de 117.000 euros para sacar adelante tres proyectos sociales por y para las personas.

    En el transcurso del acto, conocimos la historia de Jose. Su hija, consiguió ser trasplantada de médula, y vivir como una niñas más. Pero cuando la alegría llamó a su puerta, la mano negra del adiós dejó a sus padres sin el amor de sus vidas. Superadas todas las trabas, el pasado mes de diciembre, a los 16 años, por una maldita infección, murió. Todos, sobrecogidos, no pudimos hacer otra cosa que aplaudir, aplaudir y aplaudir su coraje y su valentía.

    Andrea nos contó su realidad: nació con una cardiopatía congénita en los 80, y se emocionó al recordar que, si en aquellos momentos, sus padres hubieran encontrado el soporte, el apoyo y la información que hoy entidades que apoyan a los enfermos de corazón tienen, habría sido todo mucho más fácil.

    Eugenio, padre de una niña con ELA, nos leyó el WhatsApp que le escribió su hija pidiéndole la eutanasia y que donaran todos sus órganos. El auditorio se quedó conmovido, helado, destrozado. Yo luego pude leer la respuesta que le escribió su padre: TE QUIERO. Con mayúsculas.

    En el taxi de vuelta, en un Madrid hostil, frío, lluvioso y desagradable, el taxista me hablaba de algo, pero no era capaz de responder. Iba pensando en lo afortunados que somos y en lo injusto de nuestras quejas, lamentos e inconformidades.

    «La humildad es la única verdadera sabiduría que nos prepara para todos los posibles cambios de la vida» (1868-1946)»