Ayer, al finalizar la clase, una alumna me pidió que si podía hablar conmigo. ¡Claro, ¿cuéntame?! Me dijo que era su última clase. Le pregunté que qué había pasado y me explicó que, estaba muy contenta con el Máster, con la Escuela, con los profesores, que mis clases le «rechiflaban» pero, no podía seguir costeando todos los gastos de estancia en España (ella es natural de un país de Hispanoamérica).
Estuvimos hablando un rato, mientras que esperaba al Cabify, y su tristeza se reflejaba en los ojos, en parte porque tenía que abandonar algo por lo que había apostado, dejando en su país, familia, negocios… ¡una vida! Y -en segundo lugar- me confesaba que era la única de la clase (17 alumnos/as), que no había conseguido ninguna entrevista para hacer unas prácticas remuneradas o -incluso- un trabajo. Es la mayor (sobre unos 45 años), de una clase que tiene como media los 25 años de edad.
Mujer. Mayor de 45 años. Extranjera. INVISIBLE.
Justo además, ese día habíamos estado hablando de los sesgos, de la IA, del «machine learning» de la selección de personas, de la marca personal… Aquí, en España, su perfil no cuenta.
Anaïs Nin dijo:
«Qué equivocado es para una mujer esperar que el hombre construya el mundo que ella quiere, en lugar de crearlo ella misma. – Anais Nin (1903-1970)»




