El Príncipe ha perdido su corona…

Ayer terminamos de ver la espectacular 4ª temporada de la “joya de la corona” de Netflix: “The Crown”. No hay ni puntos ni comas, ni aristas ni vaguedades… ¡Impecable! Destacando las interpretaciones de Emma Corrin (Diana), Josh O´Connor (Carlos) y la impresionante actuación de Gillian Anderson como Margaret Thatcher (sin olvidarnos de las recurrentes Olivia Colman (Isabel II) y de la maravillosa Helena Bonham Carter como la Princesa Margarita). Tal es el nivel que ha alcanzado la serie, que ha superado a sus otras tres temporadas en ratio de calidad y crítica: en Rotten Tomatoes tiene un 97% y en Metacritic un 82%.

Pero lo que más me llamó la atención de este último capítulo fue la enconada defensa del fracaso de la relación que hace Carlos frente a Diana. Ella (Diana), es la adúltera. Él no. Porque él está enamorado de su gran amor: Camilla. Diana sólo tenía que cumplír las expectativas de los que prepararon este enlace para salvar la corona y dar herederos al futuro rey. ¿Es que Diana no estaba enamorada de Carlos? ¿Diana no vivió embrujada, encantada en su palacio, adorada por el público, odiada por la familia, repudiada por su marido… ¡Por amor!? Se abre debate… 🤔

El Príncipe ha perdido su corona... post de @JgAmago en #Reinventarseblog con imagen de Unsplash
Imagen de Raychan en Unsplash

Ortega y Gasset dijo:

“Empezando por la monarquía y siguiendo por la iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”

Ortega y Gasset

Carlos, al igual que su tío Eduardo, renunció a la corona (quizás sin saberlo), por amor. Harry, su hijo, ha decidido lo mismo. ¿Es la corona incompatible con el amor? ¿Es la corona una distopia en el S.XXI? ¿El amor es tiempo de otras realidades? ¿Es el amor una realidad, o una ficción?

Cuento de Hadas

La nueva temporada de la obra maestra de Netflix, “The Crown”, no está dejando indiferente a nadie. Hasta tal punto que el gobierno británico ha pedido que, en los títulos de comienzo de cada capítulo, aparezca una referencia a que se trata de una ficción. Esta polvareda se está levantando por la imagen que se están lanzando de la difunta Lady Di, Diana Spencer, magníficamente interpretada por la actriz Emma Corrin. Y la pregunta que nos hacemos en casa, después de ver cada magnífico capítulo es: ¿Realmente Diana desconocía el “charco” en el que se estaba metiendo? ¿Estaba enamorada hasta “las trancas” de Carlos? ¿Era una ingenua? ¿Se creyó su propio cuento de hadas?

Cuento de hadas, post de @JgAmago en #ReinventarseBlog
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Ficción o verdad, Diana fue un juguete roto a manos de un estamento tan demodé como sus propias normas (la escena en la que Diana entra en el palacio y la princesa Margarita le dice cómo y a quién debe el saludo es angustiosa). Yo no soy anti monarca, ni mucho menos, pero la realidad de su propio estatus está fuera de lugar en esta sociedad. Es puro anacronismo del pasado. En Inglaterra, en España, en Bélgica, en Holanda o en Marruecos. Y su “modernización” se enfrenta a su propio lastre: la tradición. El escritor Carlos Fuentes dijo:

“Para crear debes estar consciente de las tradiciones, pero para mantener las tradiciones debes crear algo nuevo”.

Carlos Fuentes (1928-2012)

Cada sábado seguiremos saboreando sorbo a sorbo, como el buen brandy o whisky, un capítulo de esta enorme serie y, que cada memoria individual se construya la semblanza de una mujer que se creyó vivir un cuento de hadas, y al final no supo vivir nada más que una pesadilla.

La Llamada

Ayer vimos la maravillosa película de NetflixThe Two Popes“, una película dirigida por Fernando Meirelles con los magníficos Anthony Hopkins interpretando al cardenal Ratzinger aka Papa Benedicto XVI, y a Jonathan Pryce como el cardenal Bergoglio más conocido como el Papa Francisco I. Ambos de Oscar, si bien en mi opinión, el maestro Pryce se sale por haber aprendido a hablar en argentino, y sin acento extranjero, que parece que ha nacido en la mismísima Pampa… ¡Magistral!

No voy a desvelar nada de la trama, basada en un hecho real, pero si me llamó mucho la atención como se explica “la llamada” a Jorge Bergoglio. Cómo por un momento concreto, en un lugar determinado, a una hora específica, y encontrarse con una persona única (fuese o no “Él“), la vida te cambia, te da un vuelco, gira 180 grados para convulsionar toda tu existencia y comenzar a ser… ¡otro!

La Llamada, post de @JgAmago en #ReInventarse imagen de Davide Cantelli vía Unsplash
Imagen de Davide Cantelli vía Unsplash

Yo he explicado alguna vez que nunca sentí esa “llamada” (estudié durante 7 años en un internado que nos preparaban para ser sacerdotes, pero no llegué a serlo -afortunadamente para la orden sacerdotal-), y jamás me arrepentiré de haber vivido aquella experiencia formativa y vivencial, libre y decidida por mí al cumplir los 10 años. Soy lo que soy, en parte gracias a lo vivido en el seminario menor de Las Rozas de Puerto Real de Madrid.

Pero sí que la mayoría de nosotr@s hemos experimentado esa “llamada” cuando se nos ha cruzado en nuestras vidas alguien que aún forma parte de nuestra existencia: amig@s, pareja, profesor@s, compañer@s…, y que dejan un poso indeleble en nuestro pasado, presente y seguro futuro existencial. La llamada es esa que no se trata de quién vino primero o de quién te conoce más tiempo. Se trata de quién llegó y nunca se fue…

La Vuelta

La “vuelta al cole” ha sido difícil. Tanto que a los dos días me tuve que meter en la cama con 38,2 de fiebre. Los cinco días en Maspalomas me resetearon el disco duro de tal manera que despertar el martes 7 para ir a trabajar fue como salir de una anestesia dulce, corta y placentera. ¡Pero había que volver!

Entre fiebre y fiebre, paracetamol e ibuprofeno, jarabes y litros de agua, tuve mis momentos lúcidos para ver un nuevo episodio de la 3ª temporada de “The Crown”, esa obra maestra de Netflix sobre la vida de la reina Isabel II de Inglaterra. Nos tocaba ver el capítulo sexto titulado “Tywysog Cymru” en el que el príncipe Carlos (magníficamente interpretado por Josh O´Connor), debe pasar tres meses en Gales para conocer el país del que es su máxima autoridad. Si ya en la segunda temporada pudimos ver un capítulo durísimo sobre la tormentosa educación de Charles en un internado, ahora vemos como se enfrenta, dejando por unos meses su acomodada educación en Cambridge, a un país que no le quiere, con un idioma e historia que desconoce, y con unos compañeros que no le aceptan. Cada secuencia dibuja con exquisita precisión, la actitud y aptitud de un principe/persona que busca desesperadamente a una familia, en lugar de un trono.

Pero lo peor está a su vuelta a Londres.

La Vuelta post de @JgAmago en #Reinventarse imagen gracias a Revista GQ
“La Vuelta” post de @jgamago en #ReInventarse (Foto cortesía de Revista GQ).

En un cara a cara con la reina, Carlos manifiesta sus desacuerdos con la corona y con su madre exigiendo como futuro heredero y como hijo, su lugar, su voz y su posición. Isabel II no lo puede dejar más claro… ¡Pero no haré spoilers al respecto, mejor verlo!

Hay veces que el exilio, por muy duro que sea, es el mejor refugio para no tener que volver a casa.

No Planet, No Fun

Veía esta semana en el blog Yorokobu un reportaje sobre las ilustraciones del proyecto de artistas afincados en Barcelona #NoPlanetNoFun, que utilizan el arte para concienciar sobre la preocupante situación del planeta.

Y si bien no hay que tomárselo a risa, ni hacer caso del primo del político de turno, si no de los verdaderos expertos en el tema, la conclusión es que estamos aniquilando a la Tierra. Desertización, inundaciones, deshielo, incendios, cambio climático…, palabras que hieren, que duelen, que producen heridas al planeta azul y que plantean incertidumbres sobre el lugar en el que vivirán nuestras próximas generaciones.

No Planet, No Fun post de @jgamago en #ReInventarse
Ilustración de la colección “No Planet, No Fun” que podrá verse en Barcelona en el espacio WeWork a partir del 12/12

Os recomiendo el último capítulo de la serie de #Netflix “Nuestro Planeta” del maestro Richard Attenborough en el que sobrecogen las imágenes de cómo es ahora Chernobyl, una ciudad inhabitable para el ser humano, pero que presenta uno de los ecosistemas de vida natural más prósperos.

Ya no es sólo el caballo de Atila el que al pasar no dejaba crecer la hierba. Ahora todos somos Atila.