Ni pan, ni ganas de comerlo

Asistimos impávidos a otra irresponsabilidad más de nuestros gobernantes/as. Nuevas elecciones. SU prioridad no es la salud de tod@s, ni el bienestar de tod@s, ni la seguridad de tod@s. No. Su urgencia es la suya. ¡Lo del interés general queda muy bien en el titular de los medios! Todo vale. Nada cuenta. Que digo una cosa, y en una entrevista me sacan los colores porque no es cierta… ¡Me pongo de perfil, miro hacia otro lado y listo! Sus ejércitos de opinión (tuiteros y contertulios a sueldo o pro-bono), se encargarán de asestar el golpe. Su sentido de la vergüenza no tiene vergüenza.

Nuestros mayores mueren de tristeza en sus casas (aún muchos sin vacunar). Las personas con discapacidad y enfermos crónicos piden ayuda y una vacuna a la que aferrar su día a día. Los comerciantes se ahogan (dicen que dinero no hay, pero sí para «otr@s»). Muchas familias son el retrato de los años 40, tras la guerra, cuando las colas del hambre eran el pan nuestro de cada día. Las ONG se asfixian: no hay recursos para los que no tienen recursos… ¡Y ell@s a lo suyo! Da igual el color. No importa si eres diestro o zurdo. Lo de los otr@s les importa un bledo.

¿Qué nos queda al resto? ¿Protestar? ¿Patalear? ¿No votar? ¿Votar? Y a las bravas pienso: ¡Por mucho pan que me ofrezcas, sinceramente no tengo ganas de comérmelo! Pero, reflexionando, ya en frío, me digo: ¡Cuando no hay otro menú que poder seleccionar, elegiré el pan a las hostias! Aunque luego nos vengan dobladas.

Antes de…

Y así las cosas… ¡Pasaron! Antes de padre, fue hijo. Antes de tío, fue sobrino. Antes de abuelo, fue marido. Antes de juez, fue testigo.

Y mientras… ¡Pasan! Son estos momentos del año, en los que el calendario se empeña en poner fin a los 365 días; en los que consumimos los últimos espacios en esa libreta en la que hemos apuntado todas esas cosas que cada día nos piden que memoricemos, aun a expensas de que no las tachemos; en los que marcamos con cruces y con saña los números del calendario… En estos días -decía-, hacemos balance de lo malo, porque lo bueno se posiciona solo en nuestra memoria. Miramos fotos. Las redes sociales se empeñan en destacarnos nuestros «likes» más comentados…

Antes de... Post de @JgAmago en #Reinventarse

Y entonces… ¡Pasarán! No escarmentamos. Llegará el 1 de enero y nos volveremos a meter en el absorvente torbellino de pasar páginas del diario, de tachar números en el calendario, de colgar fotos en nuestras comunidades online, de malgastar el tiempo con memeces, de olvidarnos de los amigos, de descuidar a nuestros seres queridos, de apagar la llama de nuestro cariño…

Y luego… ¡Pasó! Y ya no seremos ni tíos, ni sobrinos, ni padres, ni abuelos, ni nietos, ni amigos, ni hijos, ni jueces, ni testigos…