Entre el ruido que se ha generado (y lo que queda por venir), por los últimos acontecimientos políticos nacionales, los diarios publican noticias de interés que, por desgracia, pasan desapercibidas. Llevo unas semanas viendo aparecer por las secciones de algunos importantes periódicos (en papel y online), referencias a los móviles en los jóvenes y, más concretamente, a la prohibición de dispositivos móviles en los centros educativos.
Tres comunidades autónomas, Madrid, Galicia y Castilla La-Mancha ya ha prohibido en los colegios el paso de los smartphones. El resto lo ponen en decisión de los claustros, equipos directivos y el Consejo Escolar. Ahora bien, los padres no están conformes con dicha norma, alegando entre otros, los posibles «incidentes» que se pueden producir en los desplazamientos en transporte público.
En otro debate en paralelo, el psicólogo clínico y director de un centro escolar Francisco Villar, publica en El País un interesante artículo sobre la prohibición de los móviles en menores de 16 años. En él se aborda como las pantallas móviles son uno de los factores que incrementan el suicidio entre menores. El ciberacoso o la redes y perfiles que alientan el suicidio, razones más que obvias para restringir el uso a menores. Según el «Barómetro Juvenil sobre Salud y Bienestar 2023» de la FAD, el 48,9% de los jóvenes en España han pensado alguna vez en suicidarse. Concluye el psicólogo que «… Es sangrante que sigamos dejando o deseando que de forme pasiva se regule solo [el uso de los móviles]»
En mi opinión, los móviles deberían quedarse en casa. Pero no seré yo el director de centro, profesor o tutor que me ponga a «cachear» a un alumno/a para ver si guarda el dispositivo entre su ropa o mochila. ¡No es su función, de ninguna manera! Y si ya los maestros/as tienen sus conflictos actitudinales con muchos estudiantes, esto podría generar muchas más tensiones.
Una vez más la responsabilidad es de los padres/madres y tutores/as de sus hijos/as. Respeto esas reticencias a no estar controlados/conectados a ellos en el momento de los transportes y desplazamientos pero… ¿Y nuestra generación? ¿Y las generaciones que vivieron su etapa escolar sin teléfonos móviles? ¡Hemos sobrevivido, ¿verdad?!
Tenemos un problema con los niños/as de hoy en día. No serán la generación más preparada, pero sí la más sobreprotegida.
Quien protege al niño/a de sufrir las consecuencias de sus acciones, de adulto culpará a los demás o a las circunstancias por sus problemas.
Anónimo


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