Desafectos

Ayer, por fin, pudimos disfrutar del festival de Eurovisión. Al igual que otros muchos eventos, la pandemia del coronavirus impidió que la edición del 2020 se celebrara en la ciudad de Rotterdam. Este 2021, con una situación menos caótica, y un proceso de vacunación que comienza a dar sus frutos, la ciudad y el país estaban preparados para organizar el evento musico-cultural más grande del planeta. Sus cifras superan a los Oscars de Hollywood, los MTV Music Awards, los Billboard Awards o los Grammy. ¡Y teníamos ganas de poder celebrar Eurovisión!

Tras tres horas de espectáculo maravilloso, fluido, ágil, potente y apabullante (sin llegar a la espectacularidad de la edición 2019 de Israel, pero tampoco era necesario), llega el momento de la verdad: conocer el voto del jurado y del público. Y una vez más, qué lejos están ambos grupos de decisión. Italia, Ucrania e Islandia estaban en el Top 10, pero veían lejos la posibilidad de posicionarse en el Top 3 dependiendo del voto de los profesionales elegidos por cada corporación televisiva con representación en el festival.

Y entonces llegó el voto popular y… ¡Bum! Descoloca a la audiencia. Los vencedores pasan a ser vencidos, y los dos países con más votos fueron Italia con 318 y Ucrania con 267 por encima de Francia, Suiza y Malta, las peleonas del TOP 3 durante todo el certamen. Fracaso estrepitoso e histórico de UK, España y Alemania con 0 votos del público.

Los jurados profesionales optaron por cierto conservadurismo musical y estético. El voto popular se revelaba con el apoyo al brutal temazo de Go_A (Ucrania), y al poderoso himno de Maneskin (Italia), con su look glam-rock (eso si, de la marca ETRO), y con una letra que fue modificada de su versión original presentada en el Festival de San Remo (y que también ganaron, por eso fueron los candidatos a Eurovisión), para poder ser “políticamente” correctos en el festival internacional.

El público le ha dicho a Eurovisión que no quiere callar. Que lo que busca es eso: ¡Parla! Europa ha fracasado estrepitosamente (Brexit, política económica, gestión de la pandemia…). Y los eurofans han dicho basta a lo convencional para apostar por aires renovados. Una “nueva normalidad” desde las conciencias del pueblo, que empieza en la cultura de la música. Se ha vuelto a visualizar un divorcio entre los que nos representan y a los que representan. Lenguas diferentes, idiomas diversos, culturas casi opuestas, pero con una mentalidad que confluye en un mensaje único:

Estoy loco, pero diferente a ellos
Y estás loco, pero diferente a ellos
Estamos locos, pero diferentes a ellos

Mi razón (o la sinrazón de un cabreo)

Ojeando ayer el grupo de Whatsapp con mis excompañeros de colegio (y que se ha ido creando gracias al laborioso trabajo de investigación y recopilación de teléfonos por José Luis C.), leía un post compartido por nuestro compañero Carlos con un artículo de opinión de Joaquín Leguina. Si bien del 90% del artículo no comparto ningún criterio ni afirmación del ex líder socialista y ex presidente de la Comunidad de Madrid, tengo que reconocer que en este párrafo lo ha clavado:

“La política española está hoy en manos de gente que no ha trabajado en su vida. Y lo peor de poner a estos mediocres arriba es que ellos marcan el listón máximo de excelencia. Todo lo cual indica que -en palabras de Ignacio Varela- «el divorcio de la política con la realidad es brutal. Los políticos españoles han construido un universo virtual, una especie de campana neumática completamente desconectada del mundo real […]. Los españoles con mascarilla, golpeados por la pandemia y la recesión, asisten, entre iracundos y fascinados, al espectáculo fantasmal de sus gobernantes y dirigentes acuchillándose entre sí mientras el virus mata, las empresas se arruinan, los trabajadores pierden el trabajo y el país se cae a pedazos”.

Joaquín Leguina en ABC 19/03

Sé que no debemos generalizar tanto, pero es que lo que estamos viviendo en el último año clama al espacio (porque el cielo se nos queda corto). Cuando la prioridad debe ser vacunar a la población, para ellos, su prioridad es convocar elecciones (País Vasco, Cataluña, Madrid…). Cuando la urgencia es inmunizar a la población para que la economía remonte, su urgencia consiste en vendettas, incoherencias, rencillas y navajazos. Cuando la necesidad imperiosa está en salvar vidas, sus instintos básicos son salvarse a ellos mismos.

Las grandes cabeceras periodísticas del mundo se preguntan: ¿Qué pasa en España? Nosotros nos preguntamos ¿Qué pasa con los políticos españoles? Ahora llega el momento de votar. ¿Para qué?

La política española zozobra. Naufraga… Pero Europa no se queda atrás. Cuando podríamos habernos puesto la medalla a la mejor acción conjunta contra el COVID, sólo nos preocupa que las decisiones importantes, vitales, urgentes pasen por despachos, comisiones, subcomisiones, agencias, políticos y sus equipos… ¡¡Y así nos va!! Mientras que la era Biden ha demostrado que un buen líder moviliza (en tres meses casis 100 millones de vacunas, y subiendo), los gobernantes de Europa sigue confirmando que primero su sillón, luego los ciudadanos (raras excepciones, claro).

Me estoy leyendo un interesante libro escrito por Manolo Rodríguez somo cómo escribir un blog. En sus primeras páginas dice:

“No necesito un psicólogo. Ya tengo un blog”

Manolo Rodríguez. “No le digas a mi madre que tengo un blog”

Este blog es un poco ese muro de las lamentaciones, lo que a veces es un psicólogo. Lo se. Y perdón a los/as lectores/as por estas arengas, porque quizás estos post no tengan “efecto sanador”. Pero seguro que estarás conforme a que “la razón, acabará por tener razón”.

Un país de bandera(s)

“La más grande”, Rocío Carrasco, cantó aquello de “… Se nos rompió el amor, de tanto usarlo”. ¡Y qué razón tenía! Estamos en un momento crítico para ver cómo todo se rompe, aún más. Vivimos tiempos complicados, extraños, difíciles que no se solucionan agarrando el estandarte del “amor a la patria”, y liarse a bocinazos, caceroladas, gritos, insultos, memes, post, videos o fake news… Los colores adornan, visten, maquillan, confunden, difuminan la verdad. Kadinsky dijo:

El color es un medio para ejercer influencia directa sobre el alma: el color es la tecla, el ojo el macillo, y el alma es el piano con sus cuerdas.

Wasily Kadinsky
Un país de bandera(s) post de @JgAmago en #ReInventarse
Imagen de AMRITA GHANTY  en Unsplash

Meciéndome sobre la música de Kadinsky y su cita, tan sólo añadiría que, ahora, quizás nos falte un poco de corazón y un mucho de responsabilidad.

Si queremos ser un país de BANDERA, ahora mismo deberíamos aparcar ser un país de banderas. Si buscamos nuestro sitio en el múndo, empezando por enamorar a una Europa que nos tiene muchas ganas, bajaríamos las banderas y subiríamos a las astas un poquito de conciencia y consciencia. Hagamos patria, si. Pero no actuando como si fuésemos colonia, o puede suceder aquella arenga de Eva Perón:

“Nuestra patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas”

Eva Perón

Acuerdos y Desacuerdos

Que el tiempo nos come la vida, es una máxima que no voy a descubrir a nadie. Que no haya tenido ni un minuto para actualizar este blog desde el pasado 23 de abril, confirma las semanas de locura que llevo a mis espaldas. Parece ser que el sol despunta sobre el horizonte y pinta (eso espero), un poco más de tranquilidad.

Y entre líos y más líos este año he pasado “de puntillas” por Eurovisión (no pude ver/celebrar la Gran Final en directo por motivos de trabajo). Eso no quita para estar a la última de las canciones, los rankings, apuestas, favoritos, menos favoritos y sus cuitas. ¿El resultado? Merecido -aunque no perdonaré a los eurofans que se cargaran en la primera semifinal a Bélgica-, y el previsto. Una vez más existe esa diferencia entre la ley de los elegidos y el deseo del pueblo (en este caso el público que votaba). ¿Qué punto de conexión tiene el jurado con el pueblo? ¿Son los jueces árbitros imparciales de la realidad? ¿Es el pueblo/público capaz de dejarse llevar por sus emociones y ser objetivo con sus decisiones? La realidad política está en la calle. Las decisiones de los poderosos colisionan con las necesidades del pueblo. El votante habla. El político grita. Al final hay un entente cordiale, pero mientras que ambos no simbioticen en un match casi perfecto, la realidad de la calle crujirá en los techos de las instituciones públicas como los forjados de madera de un caserón abandonado.

Acuerdos y Desacuerdos by @JgAmago en #Reinventarse

El show debe continuar. Israel se prepara. El resto tirita. Europa ya no es Europa. El mundo pide a gritos una realidad tan global, tan integradora, tan potente como Eurovision. ¡Larga vida!

 

Sin Artificios

“Vivimos en un mundo de música desechable, de música de comida rápida. La música no son fuegos artificiales, es sentimiento”, este fue le mensaje que Salvador Sobral, el representante de Portugal con su maravillosa canción “Amar pelos dois” ha arrasado en Eurovisión 2017. Poco agraciado, desgarbado, descuidado en el vestir y peinar, sin efectos especiales, ni bailarines o bailarinas, sin luces… Desnudo. Él, su voz y esa maravillosa canción escrita por su hermana (con la que se marcó un exquisito duo en el bis que se ofrece al ganador).

portugal-eurovision

Cuando la vida es, un meandro de experiencias, ilusiones y fracasos, el ruido es lo único que hace distraernos de la auténtica razón de las cosas: hacer para hacer, crear para crear, vivir para vivir, soñar para seguir soñando. Y nada más.

Imagen / El Economista.es