Me llamo Valentina

Leyendo mi Feedly, preparando los contenidos para las redes sociales, me encuentro con un post en Verne, de El País, con una historia, que es una entre tantas otras muchas, que esta sociedad tolera. Y es que Valentina lo dice: “Mi historia puede ser la de cualquier mujer maya, otomí, mixteca, tsotsil o zapoteca”. Su vida es una amenaza constante. Su historia es un salto de barreras diario. Su estirpe es otra de esas etnias perseguidas y acosadas por ser… ¡diferentes!

Valentina. Mujer, pobre e indígena… La historia de muchas “Marías”.

Screenshot-2017-10-29 YOSOYOHO - ¡POR FEA NO TE QUEREMOS EN LA ESCUELA Proyecto

La Ventana

Voces. Golpes. Quejidos. Llantos. Puertas que se cierran. Lágrimas. Silencio. Esta es la frecuencia de ruidos que durante unos meses los vecinos de mi bloque hemos tenido cada fin de semana. Eran jóvenes. Educados. Estupendos. Los veías en la piscina, en el ascensor del edificio, en la puerta del garaje. Una pareja más. Pero los fines de semana aquel rostro educado, correcto, amable se convertía en un huracán de despropósitos. Insultos, gritos, amenazas, golpes, carreras… Era cuestión de minutos. El marido explotaba. Ella pedía disculpas. Entoces el golpe seco. Silencio. Los vecinos golpeaban la puerta. Pedían explicaciones. Incluso alguna vez hemos llamado a la policía. Pero ella salía a la puerta, pedía disculpas. Todo volvía a la normalidad hasta el siguiente domingo. La paz se volvía guerra. La batalla se había perdido. En mi casa el escalofrío recorría cada metro cuadrado. Y me preguntaba: ¿Qué puede llevar a que este chico agreda a su pareja? ¿Qué motiva esa terrible humillación, esa beligerante actitud? ¿Cómo se puede maltratar a alguien a quien quieres así? Tan sólo quedaba subir el volumen de la televisión. Y esperar. Al silencio.

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De princesas a mujeres reales

Cuando eran pequeñas, sus padres les contaban cuentos de princesas. Sus sueños velaban aquellas historias en las que un zapato de cristal las esperaba para ser rescatadas de la vida cotidiana y convertirse en damas de postín. Ahora esos cuentos tienen otras protagonistas. De princesas de cuento, a heroínas de verdad. Mujeres que dicen, hacen y ofrecen otras realidades. Otras historias. Algunos son cuentos. Pero de verdad. Con finales felices, o menos alegres. Pero mujeres de carne y hueso que deberían ser el desvelo de esas niñas que sueñan con un mundo mejor. Ellas, las protagonistas de cuentos que no esperan a que el príncipe les solucione la vida.

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Ilustración de Elena Favilli y Francesca Cavallo. v/ Yorokobu