Hasta que la muerte nos separe

La semana pasada me fue imposible escribir. Una molesta conjuntivitis me mantuvo alejado de las pantallas durante tres días (que coincidió con el fin de semana, menos mal). Pero hoy ya recuperado, vuelvo a reflexionar sobre una noticia que leí ayer en el diario La Vanguardia que, por un lado me entristeció, pero por otro me llenó los ojos de lágrimas y emoción. Esta es la historia de Carla Sacchi y su marido Stéfano Bozzini.

47 años de matrimonio. Inseparables. Para lo bueno y para lo malo. Toda una vida de amor, penurias, alegrías, retos, fracasos… Juntos. Carla tenía cáncer. Tuvo que estar ingresada durante 10 días y, por el maldito virus del COVID, no se permitían las visitas de ningún familiar. Algo que Stéfano no pudo soportar. Cogió un taburete, su gorrito alpino, su mascarilla, su acordeón y se sentó delante del ventana de la habitación del hospital Castel San Giovani en Piacenza, en el que estaba ingresada su mujer, y le tocó una serenata. Spanish Eyes, de Engelbert Humperdinck, la canción preferida de Carla. Como si fuesen recién enamorados. Aún cuando escribo esto, se me llenan los ojos de “agüilla”. Todos salieron a ver qué estaba pasando. Todos disfrutaban embelesados de esa muestra de amor incondicional, atemporal, eterno… Carla se asomó y le lanzaba, con sus pocas fuerzas, besitos con la mano. Podéis ver el video aquí

Hasta que la muerte nos separe post de @JgAmago con imagen de @unsplash
Imagen de Gabby Orcutt en Unsplash

Carla salió del hospital. Se pudieron encontrar de nuevo estos dos enamorados del amor. De la vida. Hasta que la muerte nos separe.

Carla murió unas semanas después.

En esta vida, corta o larga, intensa o aburrida, triste o alegre, muy pocas veces decimos o compartimos muestras de amor hacia nuestros seres queridos. Ahora por el virus. No podemos. Antes por el ritmo frenético que llevamos. ¡Cuántos remordimientos nos asaltarán cuando la propia vida nos separe!

Descanse en paz, Carla. Stefano tiene ya preparado -por si acaso le pilla desprevenido- el taburete, el gorrito alpino y el acordeón para acompañarte eternamente con sus canciones, y su amor.

¿Cómo quieres recordar tu propia vida?

El otro día, haciendo un descando en el teletrabajo, me propuse aligerar el despacho de mi casa, de unos contenedores de fotografía viejos que tenía sobre las columnas de CD y DVD. Decidí tirar el contenedor, vaciar las fotos, y revivir uno a uno todos los recuerdos. ¡Uf, qué de momentos desempolvados! Fotografías en blanco y negro y color, reveladas en el laboratorio fotográfico Alhambra, el de toda la vida al lado de mi casa (y que aún se mantiene a flote). Algunas las digitalicé en el iPhone para ir compartiéndolas poco a poco en mi perfil de Instagram.

¿Cómo quieres recordar tu propia vida? Post de @JgAmago en #ReInventarse
Imagen de Roman Kraft en Unsplash

Ayer por la tarde, tras ver algunos capítulos de las series que sigo, revisé los post que tenía pendientes de leer de mi comunidad de WordPress, y leí el post “¿Son nuestros recuerdos más auténticos que los de nuestros padres y abuelos?“, escrito por Javier Alarcos en su estupendo blog. Tras su lectura, decidí hacerme la pregunta con la que acaba su artículo: ¿Cómo quieres recordar tu propia vida? ¡Menudo reto!

Todas esas fotos que rescaté del polvo y el olvido, me han ayudado a encontrar una respuesta: quiero recordar mi vida como una persona afortunada por las personas que me han acompañado. Y espero que así siga siendo. Quiero recordar mi vida como un ciudadano, como un hijo, como un hermano, tío, sobrino, amigo, compañero, novio y marido que fue/soy afortunado por l@s compañer@s de viaje. Con sus días de nubes, y sus muchos días más de claros.

Y en estos tiempos de incertidumbre, de cambio, de caos, de miedo, pero también de esperanza, deseo seguir construyendo mis recuerdos sobre la frase de Sócrates que dice:

“El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo”

Sócrates

Ikigai

Tranquil@s. El PC no se ha vuelto loco ni he puesto por error algo encima del teclado que ha disparado estas letras sin sentido. No. Quizás para los occidentales esta suma de caracteres no tenga mucho sentido, pero para los japoneses es todo un leit-motiv. Ikigai significa “tener una razón para vivir”, “aquello que merece la pena” o “el motivo para vivir“.

Ikigay post de @JgAmago con imagen de Kristopher Roller vía Unplash
Imagen de Kristopher Roller vía Unsplash

Esta sabiduría japonesa proviene de la zona de Okinawa, que es un territorio que tiene una de las calidades de vida más alta del mundo. Sus habitantes viven más de 100 años con una buena salud y vida plena.

El objetivo de todo ser humano es encontrar su ikigai y vivirlo hasta el fin de sus días. Y ¿cómo encontrarlo? Pues los expertos en el tema dicen que hay que “explorar en las cosas que hacemos y que nos producen satisfacción, descubriendo aquello que más amamos, lo que más nos gusta hacer. Buscar nuestro ikigai es sentir la dicha de estar vivo para concretar tus sueños, si permanecemos atentos, cada día encontraremos diversos motivos para que nuestra existencia valga la pena”.

No me atrevería a afirmar cuál es mi ikigay, pero quizás sea el de disfrutar trabajando en el trabajo que me gusta trabajar. ¿Es esto un ikigai? Entonces, creo que lo he encontrado.

La Vuelta

La “vuelta al cole” ha sido difícil. Tanto que a los dos días me tuve que meter en la cama con 38,2 de fiebre. Los cinco días en Maspalomas me resetearon el disco duro de tal manera que despertar el martes 7 para ir a trabajar fue como salir de una anestesia dulce, corta y placentera. ¡Pero había que volver!

Entre fiebre y fiebre, paracetamol e ibuprofeno, jarabes y litros de agua, tuve mis momentos lúcidos para ver un nuevo episodio de la 3ª temporada de “The Crown”, esa obra maestra de Netflix sobre la vida de la reina Isabel II de Inglaterra. Nos tocaba ver el capítulo sexto titulado “Tywysog Cymru” en el que el príncipe Carlos (magníficamente interpretado por Josh O´Connor), debe pasar tres meses en Gales para conocer el país del que es su máxima autoridad. Si ya en la segunda temporada pudimos ver un capítulo durísimo sobre la tormentosa educación de Charles en un internado, ahora vemos como se enfrenta, dejando por unos meses su acomodada educación en Cambridge, a un país que no le quiere, con un idioma e historia que desconoce, y con unos compañeros que no le aceptan. Cada secuencia dibuja con exquisita precisión, la actitud y aptitud de un principe/persona que busca desesperadamente a una familia, en lugar de un trono.

Pero lo peor está a su vuelta a Londres.

La Vuelta post de @JgAmago en #Reinventarse imagen gracias a Revista GQ
“La Vuelta” post de @jgamago en #ReInventarse (Foto cortesía de Revista GQ).

En un cara a cara con la reina, Carlos manifiesta sus desacuerdos con la corona y con su madre exigiendo como futuro heredero y como hijo, su lugar, su voz y su posición. Isabel II no lo puede dejar más claro… ¡Pero no haré spoilers al respecto, mejor verlo!

Hay veces que el exilio, por muy duro que sea, es el mejor refugio para no tener que volver a casa.

Socialité

No… No voy a hacer bandera del programa “rosa” de la cadena Mediaset. No. Este post surge tras ver el exquisito capítulo 3, de la tercera temporada de esa “joya” visual de Netflix titulada “The Crown”, y basada en la vida, obra y milagros de la reina Isabel II de Inglaterra.

Ya supimos de las diferencias entre la princesa Margarita (hermana pequeña de Lilibeth), y la “queen”. En este capítulo (non spoiler), se consolida el motivo de esas notables discrepancias: la empatía, el don de gentes, la “socialité”.

Socialite post de @jgamago en #Reinventarse
Photo by Louis Hansel on Unsplash

Me considero una persona sociable. Lo he sido toda mi vida. Me gusta conocer gente, aprender de las personas, saber de experiencias, compartir vivencias, viajar, leer, mirar, descubrir… Creo que la socialización es una fuente inagotable de sabiduría para una persona, y para el grupo. Ahora bien: hay que saber medir el grado de compensación entre lo que otros ofrecen, lo que tú demandas, y lo que el resto solicita.

La edad marca la pauta: somos jóvenes y vivimos de experiencias locas…, maduramos y empezamos a separar el grano de la paja…, nos consolidamos y vamos asentando lazos estrechos…, pero siempre alerta a las nuevas oportunidades, a nuevas “socialités” que nos aporten algo real. Vida.

Tras el boom planetario de Rihanna, y tras unos años dedicados a otras facetas creativas, la cantante declaró hace poco: “Mi círculo de amistades cada vez es más pequeño. Y créanme que cada vez estoy mejor”.