Frida

Ayer por la tarde, fuimos a ver la exposición sobre la vida y obra de Frida Khalo que se puede visitar en el Teatro Instante de Madrid. Podéis reservar entradas aquí. Si bien, podrían haber arriesgado un poco más, y meter elementos de realidad virtual, realidad aumentada y experiencias, tengo que decir que me ha gustado. Lástima que al final la «exposición» virtual de su obra se desdibuje con imágenes pixeladas y borrosas. Eso debería de mejorar.

Soy un gran admirador de la obra de la creadora mexicana, y su turbulenta vida con Diego. Y una de las grandes bazas de la exposición es que te sumerge en el talento, la creatividad, la originalidad, el tesón, el esfuerzo, el ímpetu y el coraje de una mujer dolida de cuerpo, alma y corazón, exultante y poderosa en un tiempo gris y complicado. Y lo consigue en apenas 40 minutos.

En un mundo de hombres, el surrealismo toma en ella la máxima expresión de la gratitud, de la vida, del color.

«Todo puede tener belleza, aún lo más horrible»

Frida Khalo

En una vida humillada por su amor, el amor lo ocupa todo.

«Enamórate de ti, de la vida, y luego de quien quieras»

Frida Khalo

En una lucha constante por ser, ella fue su mejor obra.

«Soy mi propia musa. Soy la persona que mejor conozco. Soy la persona que quiero mejorar»

Frida Khalo

Viva la vida, Frida Khalo.

La Suma de Todo (s)

Un año más. No, no te confundas, no hemos vuelto atrás. No estamos en el umbral de las doce campanadas. Es marzo, día 6. Me refiero a que mañana cumpliré un año más. 55. Un año que da mucho juego para memes y chascarrillos. Un año redondo. De los que me gustan.

El año terminó muy mal. Comenzó muy triste. Aún sigo rellenando los vacíos. Pero la vida continúa y estoy feliz porque lo contamos, lo celebraremos, recibiremos muchas llamadas, mensajes, notificaciones de todas esas personas que me han ido acompañando en estos 54+1. A pesar de la pérdida, soy muy feliz. Rodeado de mi familia, de mi marido (que también cumple años el mismo día), de mis amigos/as (mi segunda familia), mis compañeros/as, muchos conocidos/as… Tengo que dar las gracias por mantener esta estabilidad, la salud (¡con mis achaques, eh!), ganas de hacer muchas cosas, de vivir (si nos dejan), y de continuar aprendiendo cada día. En mi «chepa» se colocan, como piezas del Tetris, tantas experiencias, recuerdos y vivencias, que se empujan unas a otras para seguir dejando sitio para las que vendrán.

«Cumplir años es un regalo. No lo desprecies quejándote por tus canas»

Anónimo

El martes iré a la peluquería. 😉

¿Humanidad?

Leo con tristeza una noticia en El País una noticia del pasado 27 de enero: «El fotógrafo René Robert muere congelado en las calles de parís tras una caída». Y se me erizan los cabellos. Entro en detalle. Su amigo, el periodista Michel Mompontet dijo tras conocer la triste noticia:

“Antes de dar lecciones y acusar a quien sea”, dijo, “hay que responder a una pregunta que me incomoda: ¿estoy seguro al 100% que si me viese confrontado a esta escena, un hombre en el suelo, me habría detenido? ¿Nunca me habría apartado de un sin techo que veo acostado ante una puerta? No poder estar seguro al 100% es un dolor que me persigue. Pero tenemos prisa, tenemos prisa, tenemos nuestras vidas, y apartamos la mirada”.

El País Cultura. 27/01/2021. Versión online

¿Tenemos respuesta a esas preguntas? ¿Somos los suficientemente valientes para responder a esas cuestiones? ¿Qué harías tú?

Tras leer el reportaje, me quedé muy descolocado. Cerré el iPad y seguí escuchando la música que salía del canal Mezzo en la televisión. Me quedé pensando y respondiéndome a aquellas preguntas.

Leon Tolstoi dijo:

«Todo el mundo piensa en cambiar la humanidad, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo»

León Tolstoi

La Soledad

Desde que murió mi madre, me fijo aún mucho más en las personas mayores. A veces me pregunto si estoy buscando en ellas un resquicio de su recuerdo… No lo se… Ha pasado muy poco tiempo, y en mi día a día siguen prevaleciendo mis rutinas con ella, sus horarios, su compañía… Tiempo al tiempo. Pero como decía, me fijo mucho más en las personas mayores, y concretamente en las mujeres mayores. Muchas de ellas viudas, como lo fue mi madre en sus últimos 22 años de vida.

Mi madre me hablaba mucho de sus amigas. Y, a pesar de que eran mujeres muy independientes, muy solventes, fuertes, que -como ella-, habían pasado una infancia y una juventud muy difícil, formaban un grupo muy alegre y vivaz. ¡Eran la revolución de los bailes de mayores de la Comunidad de Madrid! Juntas eran imparables. Pero en la soledad de sus casas, se sentían muy frágiles. Mi madre me contaba que dos de sus mejores amigas no sabían vivir solas. Una de ellas, en los meses de confinamiento, llegó a tratarse psicológicamente y a ser internada en un centro. No podía vivir sin compartir con sus amigas los cafés, los bailes, los paseos, las risas y las preocupaciones de sus hijas… La otra amiga, siempre necesitaba a un hombre en el que apoyarse. No sabía vivir sola. El resto se tuvieron que conformar con lo que había, con sus llamadas diarias para saber cómo habían pasado el día, para comentar el «Sálvame» o para hablar de esa pandemia que nos dejó a todos sin rumbo.

En el fantástico libro de mi gran amiga y admirada Esther Paniagua, «Error 404«, en su página 192 hace una mención a la soledad:

«La soledad es una de las grandes epidemias de los tiempos modernos, como lo ha sido siempre. ¿Por qué ahora que tenemos a miles de personas al alcance de un clic, ahora que estamos conectados con mucha más gente, seguimos sintiéndonos tan solos?

«Error 404». Esther Paniagua. Editoral Debate, página 192″

Veo a estas mujeres, agarradas as sus bolsos por miedo a un tirón, con las mascarillas tapando sus arrugas, y esas miradas que taladran y que te invitan a navegar por sus vidas, su día a día…, y me encantaría decirlas, con todo el cariño del mundo, que aprovechen el momento, que bailen, que rían, que salgan a merendar, que no sean esclavas de sus hijos/as o de los nietos, que viajen, que quieran, que se rían, que disfruten como -quizás-, no lo pudieron hacer cuando podrían. Que la vida son dos días, y al segundo vas, y te dejan.

Propósitos

Ayer fuimos a dar una vuelta por el Barrio de Salamanca. A asomarnos a las rebajas y aprovechar algunas compras que teníamos que hacer. Como siempre que la climatología lo permite, bajamos andando hasta casa. Al llegar al cruce del Paseo del Prado con la Avenida de la Reina Cristina (o sea, frente a la estación del AVE, en Atocha), una pareja de jóvenes que caminaban abrazados, se pararon junto a nosotros a esperar a que el semáforo se abriera. Entonces él se separo de su chica y le dijo: «Se muy bien lo que quiero en la vida. Pero ahora no tengo ganas para empezar a lograrlo». Le dio un beso, y volvieron a abrazarse. El semáforo se abrió y continuamos la marcha. Esta declaración de principios me pareció tan honesta, y a la vez tan cruda, que bajaba por el Paseo de las Delicias dándole vueltas a su significado.

A pesar de la juventud de esta pareja, me parece fantástico que, ante el panorama tan complicado que las generaciones presentes y futuras tienen en la sociedad, haya personas que tengan las cosas tan claras. Ahora bien ¿Por qué retrasar el propósito? ¿Por qué esperar cuando -quizás, debería ser ahora? ¿Y si el mañana no llega? ¿Y si se presenta, y se configura en contra de tus propósitos del ayer y te cambian la foto del futuro que diseñaste?

Volviendo al comentario de este chico, puedo entender que su sentencia expresa ese deseo de querer vivir el hoy, porque sabe que trabajar para el mañana, «lo que quiero en la vida», implicaría muchas horas de estudio, de trabajo, de dedicación, de tiempo que restar a ese paseo/cine/cena/fin de semana con su novia. Pero por otro lado, me viene el ramalazo generacional trasmitido por mis padres de «siembra ahora, que ya recogerás». Y en mi mochila personal, esto me ha funcionado. Pero quizás no sea la maleta que los jóvenes desean preparar para viajar a ese apasionante, pero difícil destino que es, mañana.