La Soledad

Desde que murió mi madre, me fijo aún mucho más en las personas mayores. A veces me pregunto si estoy buscando en ellas un resquicio de su recuerdo… No lo se… Ha pasado muy poco tiempo, y en mi día a día siguen prevaleciendo mis rutinas con ella, sus horarios, su compañía… Tiempo al tiempo. Pero como decía, me fijo mucho más en las personas mayores, y concretamente en las mujeres mayores. Muchas de ellas viudas, como lo fue mi madre en sus últimos 22 años de vida.

Mi madre me hablaba mucho de sus amigas. Y, a pesar de que eran mujeres muy independientes, muy solventes, fuertes, que -como ella-, habían pasado una infancia y una juventud muy difícil, formaban un grupo muy alegre y vivaz. ¡Eran la revolución de los bailes de mayores de la Comunidad de Madrid! Juntas eran imparables. Pero en la soledad de sus casas, se sentían muy frágiles. Mi madre me contaba que dos de sus mejores amigas no sabían vivir solas. Una de ellas, en los meses de confinamiento, llegó a tratarse psicológicamente y a ser internada en un centro. No podía vivir sin compartir con sus amigas los cafés, los bailes, los paseos, las risas y las preocupaciones de sus hijas… La otra amiga, siempre necesitaba a un hombre en el que apoyarse. No sabía vivir sola. El resto se tuvieron que conformar con lo que había, con sus llamadas diarias para saber cómo habían pasado el día, para comentar el «Sálvame» o para hablar de esa pandemia que nos dejó a todos sin rumbo.

En el fantástico libro de mi gran amiga y admirada Esther Paniagua, «Error 404«, en su página 192 hace una mención a la soledad:

«La soledad es una de las grandes epidemias de los tiempos modernos, como lo ha sido siempre. ¿Por qué ahora que tenemos a miles de personas al alcance de un clic, ahora que estamos conectados con mucha más gente, seguimos sintiéndonos tan solos?

«Error 404». Esther Paniagua. Editoral Debate, página 192″

Veo a estas mujeres, agarradas as sus bolsos por miedo a un tirón, con las mascarillas tapando sus arrugas, y esas miradas que taladran y que te invitan a navegar por sus vidas, su día a día…, y me encantaría decirlas, con todo el cariño del mundo, que aprovechen el momento, que bailen, que rían, que salgan a merendar, que no sean esclavas de sus hijos/as o de los nietos, que viajen, que quieran, que se rían, que disfruten como -quizás-, no lo pudieron hacer cuando podrían. Que la vida son dos días, y al segundo vas, y te dejan.

Propósitos

Ayer fuimos a dar una vuelta por el Barrio de Salamanca. A asomarnos a las rebajas y aprovechar algunas compras que teníamos que hacer. Como siempre que la climatología lo permite, bajamos andando hasta casa. Al llegar al cruce del Paseo del Prado con la Avenida de la Reina Cristina (o sea, frente a la estación del AVE, en Atocha), una pareja de jóvenes que caminaban abrazados, se pararon junto a nosotros a esperar a que el semáforo se abriera. Entonces él se separo de su chica y le dijo: «Se muy bien lo que quiero en la vida. Pero ahora no tengo ganas para empezar a lograrlo». Le dio un beso, y volvieron a abrazarse. El semáforo se abrió y continuamos la marcha. Esta declaración de principios me pareció tan honesta, y a la vez tan cruda, que bajaba por el Paseo de las Delicias dándole vueltas a su significado.

A pesar de la juventud de esta pareja, me parece fantástico que, ante el panorama tan complicado que las generaciones presentes y futuras tienen en la sociedad, haya personas que tengan las cosas tan claras. Ahora bien ¿Por qué retrasar el propósito? ¿Por qué esperar cuando -quizás, debería ser ahora? ¿Y si el mañana no llega? ¿Y si se presenta, y se configura en contra de tus propósitos del ayer y te cambian la foto del futuro que diseñaste?

Volviendo al comentario de este chico, puedo entender que su sentencia expresa ese deseo de querer vivir el hoy, porque sabe que trabajar para el mañana, «lo que quiero en la vida», implicaría muchas horas de estudio, de trabajo, de dedicación, de tiempo que restar a ese paseo/cine/cena/fin de semana con su novia. Pero por otro lado, me viene el ramalazo generacional trasmitido por mis padres de «siembra ahora, que ya recogerás». Y en mi mochila personal, esto me ha funcionado. Pero quizás no sea la maleta que los jóvenes desean preparar para viajar a ese apasionante, pero difícil destino que es, mañana.

And Just Like That!

¡Uf, madre mía! Más de 3 semanas sin escribir. Trabajo, trabajo, trabajo… Pero ya estamos en la recta final de otro año «raruno» que ya se acaba. Un año marcado por las «olas«. Las de los tsunamis del COVID que ahora vuelve a lanzarnos su encrespada marea y a cebarse en contagios. Una ola que nos invita a quedarnos en nuestras casa; nos atemoriza en estos tiempos de encuentros; nos invita a desencontrarnos, a ser precavidos, y a no bajar la guardia. And Just Like That!

El viernes por fin pudimos empezar a ver el reebot de la icónica serie de HBO «Sex In The City», que ahora se titula «… And Just Like That!«, que se podría traducir como «Y así como así…». Las maravillosas y exquisitas temporadas de «Sexo en Nueva York» hablaban del despertar, de la vida, de los retos, de los sueños, del sexo, del crecimiento profesional y personal, de la madurez… Ahora la serie se centra en las pérdidas. En el que las cosas pasan. Llegan. Se materializan. Se van. ¡Ya tenemos una edad!

A pesar de las durísimas críticas que está teniendo la serie, tengo que decir que me ha gustado mucho el primer capítulo. Porque ahora, Carrie, Miranda y Charlotte son como son. Con sus arrugas, con su pelo canoso, con su kilitos de más… Por supuesto que mantienen el esplendor de una exquisita producción en la que ellas van siempre impecables, e imposibles de acceder -por parte de la mayoría de la humanidad- a esos outfits, pero es parte de la magia, de la ficción, de la fantasía, del sueño de la serie.

Navidad. Año Nuevo. Volver a empezar. Ya se que es muy deprimente el tener que estar pensando que la muerte nos ronda (y más a partir de estas edades, y con el puñetero COVID persiguiéndonos sin tregua), pero… ¿Estamos preparados para ese momento? ¿Estamos preparados para decir, «… and Just Like That!?»

¡Felices Fiestas y que el próximo 2022 venga cargado de todas esas cosas que al 2021 se le han olvidado! 🎄

Luca

Huele a verano. Y parece ser que, este estío, vamos a poder olerlo mejor (con sus buenos y sus malos aromas), ya que no estaremos obligados a llevar mascarilla mientras que estemos al aire libre. ¡No sé como acabará esto, pero creo que son buenas -pero tempranas-, noticias!

Ayer vimos «Luca» la nueva MARAVILLOSA película de animación de Pixar para Disney, una exquisita joya que rezuma verano, sal, agua, sol, calor, pantalones cortos, sangría, pescadito frito y mar. Una estupenda película que habla de diversidad, de diferencia, de inclusión, de amistad, de minorías, de todo eso que no soportan los de verde (imagino que les prohibirán a sus hijos verla, porque desde el momento «0» la película respira diferencia). Bueno, quizás les dejarán disfrutarla con la perorata final de que «¡veis hij@s, son unos monstruos!». Y se quedarán tan panchos.

Películas como esta (o como su anterior joyita «Soul»), deberían de ser asignatura obligatoria en los centros de educación primaria (y secundaria), para poner en común con los alumnos y alumnas la diversidad de la sociedad. Porque ¿Quién de nosotros es lo suficientemente «normal» como para decir qué se considera «normal»?

YOLO

¿Sabes qué es Y.O.L.O? Es un acrónimo de You Only Live Once, es decir «Sólo vives una vez» que implica que uno debe disfrutar la vida, aunque implique tomar riesgos. La frase y el acrónimo son utilizados en la cultura de los jóvenes y en la música, y se popularizaron en el año 2011 con la canción «The Motto» del rapero canadiense Drake. Sobre esta nueva «filosofía», «cultura», «moda» o «nueva forma de vivir y pensar» (llámalo como quieras), no sólo se han escrito canciones, sino que también obras de teatro, novelas, canales de Youtube específicos, muy utilizada el mundo de los videojuegos y con mucha, mucha interacción en las redes sociales. ¿Estamos ante una nueva ola de hedonismo 4.0?

Y un ejemplo muy claro es lo que estamos viviendo día tras día, sobre todo los fines de semana, con las cientos de fiestas piratas que, desafiando al COVID19, pueblan la geografía española (y también mundial). Caiga quien caiga. Se trata de disfrutar.

Aquella famosa frase de James Dean se va a convertir en el tatuaje de moda: «vive rápido, muere joven, y deja un cadáver bonito«.