La hoguera de sus pensamientos


Yo es que no puedo con ellos. De verdad, lo intento, a veces hasta hago actos de genuflexión, meditación, rezo, reflexión y hasta punitivos…, pero cada vez lo llevo peor. Tengo la sensación de que me están atacando constantemente, están hiriendo, no solo mi sensibilidad, sino mi espacio, mi vida.

En esta última semana, hemos padecido el capítulo tres mil del ataque mediático de la Iglesia con el tema del aborto, y también con el tema de SIDA. La curia española, el blanquito Benedicto, el obispo de África…, hasta el papamóvil… todos han decidido hacer fuerza común, “chupipanda” y lanzarse al estrellato mediático con la retahíla de apocalípticas mentiras sobre la vida, la muerte, el sexo, el amor y sus miedos. Voy a intentar desquitarme de tanta mentira mediática a través del cine y la filosofía.

Ayer disfruté al ver “Gran Torino” esa nueva obra maestra del “abuelo” Clint Eastwood que demuestra, una vez más, que la edad en algunos seres humanos, como en los vinos, genera la verdadera madurez y el exquisito placer de recoger lo sembrado bajo la batuta de la inteligencia, la excelencia y de la cultura. En esta maravillosa obra maestra, se habla de la vida y la muerte, con esos endiablados, maravillosos, ácidos e inteligentes diálogos entre el cura y Walt (Mr. Kobalski). La muerte es el fin liberador para que otras vidas puedan continuar su iniciación, su despegue, su madurez y poder llegar a cimentar un poso de verdadera esencia humana.

La semana pasada, pude ver la entrevista que en el programa “Cara a Cara” de CNN+, el periodista Antonio San José le realizó al Hans Kung. Este teólogo, pensador, filósofo y escritor, en su segundo capítulo de memorias, titulado “Verdad Controvertida”, solicita a la iglesia católica a no radicalizar la postura que tiene sobre el aborto, la eutanasia, la homosexualidad y la anticoncepción, cuatro problemas que son delicados, porque los mismos católicos tienen visiones diferentes y no es posible hacerlos parte de una ética mundial, la que ellos abanderan como única.

Pues bien, deposito lentamente en la coctelera de mi cabeza estos dos tragos de inteligencia bien armada y agito suavemente mi cerebro para esgrimir, ahora, mi combinado contra el clero y sus verdades a medias.

El aborto, cuando se hace, cuando se decide, cuando se ELIGE, (y es que no debemos olvidar que es una elección, que no se obliga a toas las mujeres a abortar), utiliza el vínculo de la muerte para generar vida. Cuando una mujer aborta, es con dolor. Y hablo de MUJER, con mayúsculas, no de niñatas insensatas que se han dejado comer la oreja por el puto egoísta de su novio que le hizo el amor con promesas de amor eterno y cuando la dejó preñada, corrió, si, pero fuera de ese útero lo más rápido que pudo y supo. Eso es irresponsabilidad, inmadurez, culpa de los adolescentes, de sus padres y de sus amigos, culpa de esta sociedad hasta de sus profesores… Cierto es que poner en sus alocadas cabezas la decisión de su inmadurez, es un poco perverso, pero recuerden ese reallity que Cuatro programó sobre madres adolescentes. ¡Qué pena nos daban esos niños en las inmaduras manos de esas niñas que aún no saben ni lo que es vivir! ¿Cuántos niños vemos, por ahí, descuidados, incivilizados, maltratados, repudiados, no queridos, humillados…, por el mero hecho de no haber tomado una decisión a tiempo? Muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras pensaron, en sus adentros, que esos niños no merecían el castigo de tener una madre egoísta e irresponsable. Mejor que no hubieran nacido.

Cuando hablo del aborto asumido, me refiero a esas mujeres que no están preparadas, que no sienten la maternidad en sus adentros, que no desean más niños, que no quieren hipotecar sus vidas, o la de los niños, y necesitan reposar sus decisiones, y por consiguientes sus necesidades, para continuar con su vida, o con la de su familia, o con la de su pareja, para decidir, recapacitar y meditar si un niño viene con un pan bajo el brazo, o con un yunque. Por supuesto que el aborto es muerte. Si, pero es vida. Por encima de la muerte está la vida, porque sin vida, nunca habrá muerte. Me parece indecente, impropio, que la Iglesia, esa jerarquía de poder anclada en el época medieval, se inmiscuya en la mente y en las decisiones de las únicas que tiene capacidad de decidir al respecto: LAS MUJERES. Insisto, de DECIDIR, porque el aborto es una elección.

Y cuando “Bene” ha dicho lo que ha dicho en África sobre el SIDA… si es que se nota que van mal “follaos” (con perdón de la expresión), y que tiene razón Elvira Lindo cuando escribe en su columna de este domingo en “El País” que: “¿Qué sabrán de hijos o del amor sexual aquellos que prometen mantenerse al margen de esa experiencia durante toda su vida?”
Claro, como ellos no se ponen preservativos cuando abusan de los niños…, ¿O es que tampoco se enfundan un condón cuando van a la saunas a ligar? ¿O cuando se acuestan con sus feligresas?… Eso no es pecado, padre. Pero el daño de joder la vida a cientos de niños, ese daño, si es pecado. Pero no importa. Me confieso y Cristo, como es bueno y perdona a los justos, pues ya está. ¡¡Pero que fariseos!!

Lo dicho, que no puedo con ellos… pero que no puedo…

Imagen: Nuria Escobedo: www.lucas-escobedo.com

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