Ni pan, ni ganas de comerlo

Asistimos impávidos a otra irresponsabilidad más de nuestros gobernantes/as. Nuevas elecciones. SU prioridad no es la salud de tod@s, ni el bienestar de tod@s, ni la seguridad de tod@s. No. Su urgencia es la suya. ¡Lo del interés general queda muy bien en el titular de los medios! Todo vale. Nada cuenta. Que digo una cosa, y en una entrevista me sacan los colores porque no es cierta… ¡Me pongo de perfil, miro hacia otro lado y listo! Sus ejércitos de opinión (tuiteros y contertulios a sueldo o pro-bono), se encargarán de asestar el golpe. Su sentido de la vergüenza no tiene vergüenza.

Nuestros mayores mueren de tristeza en sus casas (aún muchos sin vacunar). Las personas con discapacidad y enfermos crónicos piden ayuda y una vacuna a la que aferrar su día a día. Los comerciantes se ahogan (dicen que dinero no hay, pero sí para “otr@s”). Muchas familias son el retrato de los años 40, tras la guerra, cuando las colas del hambre eran el pan nuestro de cada día. Las ONG se asfixian: no hay recursos para los que no tienen recursos… ¡Y ell@s a lo suyo! Da igual el color. No importa si eres diestro o zurdo. Lo de los otr@s les importa un bledo.

¿Qué nos queda al resto? ¿Protestar? ¿Patalear? ¿No votar? ¿Votar? Y a las bravas pienso: ¡Por mucho pan que me ofrezcas, sinceramente no tengo ganas de comérmelo! Pero, reflexionando, ya en frío, me digo: ¡Cuando no hay otro menú que poder seleccionar, elegiré el pan a las hostias! Aunque luego nos vengan dobladas.

Entre los dedos…

Hoy me he levantado tarareando una canción de ABBA. La edad no perdona, lo sé, y quizás si hoy pregunto a mis sobrinos que si les suena el nombre de este grupo, me dirán que soy un “abuelo”. ¡Como mucho les sonará de haber visto con sus padres la película “Mamma Mía” en Netflix! El caso es que mientras preparaba el desayuno su tema “Slipping through my fingers” (que en castellano se tituló “Se me está escapando…”) ponía la banda sonora al amanecer de este domingo. Hagamos historia: esta canción fue compuesta en el año 1981 y fue dedicada a Linda, la hija de Bjorn, y como se estaba perdiendo su infancia entre tantas giras, conciertos, grabaciones, entrevistas, etc. Fue la última canción que ABBA grabó en castellano, y se incluyó en (desde mi punto de vista), su mejor y último disco: “The Visitors”. La letra la podéis leer (en español y en inglés), aquí.

Hoy cumple años Hannah. Nuestra niña, nuestra princesita, y cada día más… ¡nuestra señorita! Y cada vez que tenemos la suerte de achucharla, de verla, de compartir con ella el tiempo… ¡Tenemos esa sensación de que se nos “escapa entre los dedos”, y cómo se está convirtiendo en toda una mujer! Desde pequeña, hemos tenido devoción por ella. Inteligente, tímida, curiosa, creativa, original, vivaz, divertida, arriesgada, emprendedora, sensible… ¡Fran siempre ha dicho que Hannah llegará a ser una nueva “Lady Gaga”, porque su creatividad no tiene límites! Nos encantaba ver como construía con sus piezas de Lego barrios, entornos con lo que soñar… O cómo jugaba con sus Barbies y desarrollaba historias (siempre muy diversas, todo sea dicho). O cómo tocaba el piano y compuso su primera canción… O cómo creó su canal de Youtube con videos geniales. ¡¡Y tantas cosas más!! Hannah nos decoró su habitación, en la visita a NYC que hicimos tras nuestra boda, y la convirtió en el paraíso gayfriendly con el que ella nos quiso agasajar. Ella fue nuestra madrina de bodas. Desde el momento “0” tuvimos claro que si alguien tenía que acompañarnos hasta el “altar”, era ella (el momento está recogido en la foto destacada de este post). Y ese día, los dos nos agarramos muy fuerte a sus dedos.

El genial ilustrador Quino, dijo:

“Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud”

Quino (1932-2020)

Hoy es su cumpleaños. Y Hannah reinventa su día a día. Sigue construyendo su juventud. Desde primera hora el chat de la pandilla está “on fire“. Cuando Hannah se despierte, comprobará lo mucho que sus “tías y tíos” la queremos. ¡Feliz cumpleaños, princesa! ¡Ganas de verte y achucharte para que no te escapes entre los dedos!

¿Qué es la “felicidad”?

Anoche vimos el fantástico documental “The Capote Tapes” en Filmin. Un magnífico trabajo de investigación sobre la vida, obra e influencia de Truman Capote, partiendo de las famosas cintas que recogieron las entrevistas a los famosos, que nunca llegaron a ser publicadas y que se quedaron ocultas (y nunca encontradas), en su obra literaria y periodística (para tranquilidad de muchos/as de los entrevistados). La historia la va hilvanando Kate Harrington, la hija de un amate de Truman, y que él consideró como su “hija adoptiva”. ¡Muy recomendable, de verdad! De Capote sólo me he leído “A sangre fría” (imprescindible, sin lugar a dudas), pero creo que voy a leerme más novelas este verano.

Una de las cosas que más me entristeció (y a la vez me dejó sin palabras), es la imposibilidad de Truman de ser feliz. Lo tuvo todo: fama, dinero, éxito, reconocimiento… ¡¡Y fue incapaz de encontrar la felicidad!! Algunos de los expertos y amigos/as entrevistados lo atribuyen a su infancia tan complicada y a la exacerbada obsesión por ser el centro de todo y de todos. Menos de él mismo. Su homosexualidad no fue un problema. Fuera del armario desde sus comienzos, fue admirado por su sinceridad y libertad, en un momento en el que la homosexualidad seguía siendo un tabú y un pecado. Sin embargo, el alcohol y las drogas acabaron con la vida de un magistral escritor y relator de su tiempo, pero atormentado y desafortunado en su vida personal.

¿Qué se necesita para ser feliz? ¿Salud? ¿Dinero? ¿Amor? ¿Fama? ¿Éxito? ¿Serenidad? ¿Paz? ¿…? Le he hecho la pregunta a Google, y el todopoderoso “don respuestas” me dicen que, para ser feliz:

“… no se necesita más que seguridad, tranquilidad, familiares y amigos que nos quieran y a los que querer, gozar de buena salud, un propósito en la vida, una esperanza para el futuro y, en cuanto a los material, alimento, ropa y vivienda, pequeñas cosas que hacen grande nuestra propia existencia.”

¡Y se queda tan ancho! Bueno. Yo, me quedo un poco más tranquilo. Tengo un poco de todo, ergo… ¡Me puedo considerar feliz! ¿Y tú? 👇

Mi razón (o la sinrazón de un cabreo)

Ojeando ayer el grupo de Whatsapp con mis excompañeros de colegio (y que se ha ido creando gracias al laborioso trabajo de investigación y recopilación de teléfonos por José Luis C.), leía un post compartido por nuestro compañero Carlos con un artículo de opinión de Joaquín Leguina. Si bien del 90% del artículo no comparto ningún criterio ni afirmación del ex líder socialista y ex presidente de la Comunidad de Madrid, tengo que reconocer que en este párrafo lo ha clavado:

“La política española está hoy en manos de gente que no ha trabajado en su vida. Y lo peor de poner a estos mediocres arriba es que ellos marcan el listón máximo de excelencia. Todo lo cual indica que -en palabras de Ignacio Varela- «el divorcio de la política con la realidad es brutal. Los políticos españoles han construido un universo virtual, una especie de campana neumática completamente desconectada del mundo real […]. Los españoles con mascarilla, golpeados por la pandemia y la recesión, asisten, entre iracundos y fascinados, al espectáculo fantasmal de sus gobernantes y dirigentes acuchillándose entre sí mientras el virus mata, las empresas se arruinan, los trabajadores pierden el trabajo y el país se cae a pedazos”.

Joaquín Leguina en ABC 19/03

Sé que no debemos generalizar tanto, pero es que lo que estamos viviendo en el último año clama al espacio (porque el cielo se nos queda corto). Cuando la prioridad debe ser vacunar a la población, para ellos, su prioridad es convocar elecciones (País Vasco, Cataluña, Madrid…). Cuando la urgencia es inmunizar a la población para que la economía remonte, su urgencia consiste en vendettas, incoherencias, rencillas y navajazos. Cuando la necesidad imperiosa está en salvar vidas, sus instintos básicos son salvarse a ellos mismos.

Las grandes cabeceras periodísticas del mundo se preguntan: ¿Qué pasa en España? Nosotros nos preguntamos ¿Qué pasa con los políticos españoles? Ahora llega el momento de votar. ¿Para qué?

La política española zozobra. Naufraga… Pero Europa no se queda atrás. Cuando podríamos habernos puesto la medalla a la mejor acción conjunta contra el COVID, sólo nos preocupa que las decisiones importantes, vitales, urgentes pasen por despachos, comisiones, subcomisiones, agencias, políticos y sus equipos… ¡¡Y así nos va!! Mientras que la era Biden ha demostrado que un buen líder moviliza (en tres meses casis 100 millones de vacunas, y subiendo), los gobernantes de Europa sigue confirmando que primero su sillón, luego los ciudadanos (raras excepciones, claro).

Me estoy leyendo un interesante libro escrito por Manolo Rodríguez somo cómo escribir un blog. En sus primeras páginas dice:

“No necesito un psicólogo. Ya tengo un blog”

Manolo Rodríguez. “No le digas a mi madre que tengo un blog”

Este blog es un poco ese muro de las lamentaciones, lo que a veces es un psicólogo. Lo se. Y perdón a los/as lectores/as por estas arengas, porque quizás estos post no tengan “efecto sanador”. Pero seguro que estarás conforme a que “la razón, acabará por tener razón”.

Memorabilia

Se llama (bueno, se llamaba, ya que murió el pasado 6 de marzo), Lou Ottens. Y a los que somos de la Generación X, Generación Y, o Babyboomers nos marcó la vida y significó una revolución tan grande como lo fue en su momento Spotify. ¿Sabes quién fue Lou Ottens y qué inventó? No. Yo tampoco hasta que leí la noticia en la web de ComputerHoy. Lou fue el inventor de la cinta de cassette. Esa maravilla que nos facilitó poder tener la música de nuestros cantantes favoritos en el coche, en casa, camino del trabajo, en el bus o el tren cuando viajábamos… Esa pieza que nos permitió guardarnos las canciones que escuchábamos en la radio (los primeros pasos del pirateo masivo), a golpe de play/rec y que nos jorobaba mogollón cuando el DJ nos la pisaba y teníamos que cortar. Ese artilugio que reinventó el “boli BIC” y lo convirtió en el kit de supervivencia de la música “a medida”. Este señor, Lou Ottens, nos dejó a los 94 años de edad. DEP.

Si yo le muestro hoy esto a mi sobrino de 12 años… ¡Me miraría raro! (Aún recuerdo cómo miró la colección de vinilos que tenemos en el salón el primer día que subió a casa). El concepto físico de determinadas cosas se ha perdido con la percepción de que todo está en la nube, de que todo es intangible. ¿Podemos tocar a Netflix, Apple Music o Spotify, como tocábamos las cintas de video, los CD, los DVD o las cassettes? ¡No!

Seguro que la mayoría recordaremos a Steve Jobs, a Elon Musk, a Jeff Bezos o a Bill Gates. Yo hoy quiero rendir mi modesto y humilde homenaje al creador que facilitó que, una parte importante de mis experiencias y vivencias, tengan una banda sonora.