EuroMisión

Un año más, el Festival de Eurovisión ha marcado tendencias. El espectáculo global y planetario, celebrado este año en la ciudad de Turín, ha vuelto a marcar las tendencias de lo social (música, cultura, moda, política), durante la última semana, si bien ya lleva meses siendo el altavoz de la ciudadanía europea (y por qué no atreverse a decirlo), mundial. Y como fiel reflejo de una sociedad plural, diversa, este acontecimiento musical sigue poniendo de manifiesto que una cosa son las instituciones, y otra las personas de la calle.

El jurado «profesional», el que eligen las instituciones/países, se decanta por otorgar su voto -por primera vez en mucho tiempo- a tres de los países del llamado «Big Five», mientras que el público, el jurado popular, pide a gritos que «la otra Europa», tenga su protagonismo.

El público tenía claro, desde que empezamos a conocer las canciones, que Ucrania (que el año pasado fue la más votada por el público, y quedó en segundo lugar), tenía que ganar. Justicia social. Efecto solidario (la canción estaba bien, pero no para ganar el festival). La audiencia acompaña a Ucrania por la situación en la que un «loco zar destronado» ha puesto a su país. No es tiempo de celebraciones, pero sí de justicia. ¡Felicidades!

Me hubiera gustado que Suecia ganara el Festival (¡qué temazo, madre mía!), y por supuesto muy contento con las posiciones de Serbia (la gran revelación), España (¡ya era hora!) y UK (que el año pasado tuvo 0 votos). Pero el premio para Ucrania es otro «zasca» en toda la bocaza para Rusia, para Putin. A ver si las instituciones, los «profesionales», se ponen las pilas de verdad y dejan de marear con sus intereses, las necesidades, las demandas, los deseos de la comunidad.

«The Sound of Beauty» tiene que convertirse en el slogan del próximo semestre, para que dejen de escucharse ruidos de bombas, y comience de verdad, a oírse la PAZ.

Unicornio

He terminado de ver la serie de Apple TV+ «WeCrashed«, basada en los podcast de David Brown, sobre la inspiración, creación, auge y caída del concepto de «kibutz capitalista» ideado por Adam Neumann sobre los espacios de coworking WeWork. A este tipo de negocios se le denomina empresa Unicornio, compañía de capital privado (no cotizada) cuya valoración ha superado los 1.000 millones de dólares. Son empresas que aumentaron su valor en poco tiempo tras un gran crecimiento. Este término se refiere sobre todo a startups y/o empresas tecnológicas. Por ejemplo Uber, Cabify, Glovo o Airbnb.

Leyendo sobre la biografía de este emprendedor, ciertamente la serie es muy real a los acontecimientos y a la trayectoria vital y profesional de Adam y su mujer Rivka (Rebeka), profesora de yoga y estudiosa de la kabalah, cuyo máximo título fue el de ser prima de Gwyneth Paltrow, (no se a qué esperan para hacer un spin off sobre este personaje, por que es realmente alucinante), y guía inspiracional de Adam (fantástico el capítulo en el que diseña toda la estrategia del concepto «WE»).

Una vez más, lo que me sorprende de esta serie, al igual que de la maravillosa «Inventing Anna» de Netflix, es cómo los todopoderosos caen rendidos ante la palabrería de estos chamarileros de la ilusión. No hay que olvidarse que a Adam le siguieron fervorosamente, desde el todopoderoso Masayoshi Son (Softbank) a JP Morgan. ¿Dónde reside la inteligencia de estos promotores de fortunas? ¿Quién valora el riesgo? ¿Qué nos hace al resto de los mortales invisibles ante una petición de un crédito, o de una confianza en la inversión en una idea «maravillosa»?

Ayer me decía una amiga, que llevaba más de 6 meses de trámites con el banco para poder iniciar un proyecto como emprendedora. Y una fortuna ya en papeleo, notarios, constitución de la SL, etc… Tiempo, dinero, ilusión, esperanza, ganas… Anna, Adam, Elon, Jeff…, se lanzaron con acierto (o desacierto, pero triunfaron), al escenario de hacer lo que querían hacer, de crear. Otros, mientras, como dijo un experto en IT:

Voy a hacer un pronóstico: Puede pasar cualquier cosa

Roy Atkinson

CODA

Anoche vimos «CODA», la película que ha se ha llevado los principales premios y que desbancó a la gran favorita (y mi favorita, todo hay que decirlo), «El Poder del Perro». Y es perfectamente comprensible. «CODA» es… ¡¡MARAVILLOSA!! Sin artificios, sin efectos especiales, sin estridencias, sin dramas, sin estructuras complejas ni guiones enrevesados. No. «CODA» es como la vida misma.

No se qué pensaran al respecto la comunidad de personas sordas, pero creo que «CODA» marca un antes y un después en la visibilización y toma de conciencia sobre la discapacidad auditiva. Y eso ya es de «Oscar». En «CODA» conocemos a una familia de pescadores humilde, en el que el padre, la madre y el hermano mayor son sordos, y la hija pequeña es oyente. Ella es el nexo de conexión con la realidad que les rodea: la crisis del sector, la comunidad, las amistades, los retos, el sexo, el amor, el instituto… Y sobre esa premisa levanta una estructura argumental que huye del victimismo, que te lleva de la risa a la emoción, a la rabia, a la alegría y a la tristeza, como fluyen y silban los signos en el aire cuando sus manos hablan por ellos. Activismo positivo.

Victor Hugo dijo:

¡Qué importa la sordera del oído, cuando la mente escucha. La única sordera verdadera, la sordera incurable, es la de la mente!

Victor Hugo, 1845

Frida

Ayer por la tarde, fuimos a ver la exposición sobre la vida y obra de Frida Khalo que se puede visitar en el Teatro Instante de Madrid. Podéis reservar entradas aquí. Si bien, podrían haber arriesgado un poco más, y meter elementos de realidad virtual, realidad aumentada y experiencias, tengo que decir que me ha gustado. Lástima que al final la «exposición» virtual de su obra se desdibuje con imágenes pixeladas y borrosas. Eso debería de mejorar.

Soy un gran admirador de la obra de la creadora mexicana, y su turbulenta vida con Diego. Y una de las grandes bazas de la exposición es que te sumerge en el talento, la creatividad, la originalidad, el tesón, el esfuerzo, el ímpetu y el coraje de una mujer dolida de cuerpo, alma y corazón, exultante y poderosa en un tiempo gris y complicado. Y lo consigue en apenas 40 minutos.

En un mundo de hombres, el surrealismo toma en ella la máxima expresión de la gratitud, de la vida, del color.

«Todo puede tener belleza, aún lo más horrible»

Frida Khalo

En una vida humillada por su amor, el amor lo ocupa todo.

«Enamórate de ti, de la vida, y luego de quien quieras»

Frida Khalo

En una lucha constante por ser, ella fue su mejor obra.

«Soy mi propia musa. Soy la persona que mejor conozco. Soy la persona que quiero mejorar»

Frida Khalo

Viva la vida, Frida Khalo.

Pecado

Si hay una serie de televisión, absolutamente trasgresora, divertida y muy instructiva, sin lugar a dudas es «Big Mouth», una serie de animación que podemos ver en Netflix. Estos dibujos animados reflejan el despertar sexual de unos niños (en la mente de los adultos que la crean, diseñan, dibujan e interpretan), que se sienten influenciados por los monstruos de las hormonas, de la culpa, de la vergüenza, de la depresión y de la ira. «Big Mouth» es una bocanada de aire fresco para adultos, pero que también deberían ver acompañados de sus hijos/as. Y en los dos últimos capítulos de la 5ª temporada, el «pecado», tiene mucha relevancia.

Revisando y seleccionando fotografías que tenía mi madre en casa, me encontré con las fotos de mi Confirmación. Arropado por muchos de mis compañeros que terminamos el 3º de BUP en el Seminario de Las Rozas de Puerto Real, y apadrinados por la figura del Cardenal Tarancón, la Confirmación fue el rito con el que finalizábamos una etapa única, maravillosa e irrepetible en mi formación académica y personal. No. Afortunadamente no derivé a la carrera religiosa. Más bien he terminado siendo muy crítico con determinadas posturas de la Iglesia Católica, más propias de la época medieval que de la actual sociedad. Jamás renegaré de lo que en aquellos 7 años de internado viví. Sí, del poso que, algunas situaciones y creencias, dejaron en mí. Siempre desde lo personal.

Y en parte esa crítica hacia la institución, esa culpa transmitida, se debe al mensaje del «pecado», del castigo, de la inconsistencia de unas creencias, de unas vivencias, frente a la norma que otros vivían. Entender, asumir, liderar y vivir mi sexualidad en un entorno tan al límite (más de 250 niños/jóvenes/hombres conviviendo juntos durante 5 días a la semana, de septiembre a junio), colapsaba con lo que en mi sexualidad se estaba despertando, y con los deseos que en mí se estaban consolidando. Yo era el «mariquita» del colegio (otros saldrían del armario mucho más tarde). Eso sí, NUNCA tuve episodios de bullying, acoso, o mal trato. Nunca. Pero dejó una inseguridad que tardó en evaporarse más de lo que tendría que haberse alargado.

Si en aquella época, hubiésemos tenido al alcance series como «Big Mouth», «Sex Education», «Genera+ion», «Euphoria», «Please Like Me» o «Love Simon» (y mira que esta última me saca de quicio de lo ñoña que es), el «pecado» se habría convertido en una oportunidad de ser, sentir, expresar y vivir, sin miedo, sin esperas, sin perdón.