El Vía Crucis (laboral)


Ayer me contaban el caso de una amiga que, tras pasar por el filtro de Infojobs, tres entrevistas de trabajo con diferentes personas del staff de la empresa empleadora, reconocerle sus méritos como una persona idónea para el puesto, ser la finalista entre 112 candidatos para 5 puestos, aceptar una oferta económica anual por debajo de la valoración media de su titulación y su preparación técnica y humana…, al final de todo este calvario cargado de tensión, nervios y esperanza, el pasado viernes recibe una llamada diciendo que no ha sido seleccionada porque su perfil era demasiado alto para las expectativas del puesto. Decepción.

Y yo me pregunto: ¿es que hay que ir de mediocres para conseguir un puesto de trabajo? ¿Es que los años de estudio, de esfuerzo, el desarrollo profesional, la experiencia laboral, el equilibrio personal, emocional y laboral no suman para enfrentarse al desempeño de una tarea eficiente? Pues parece ser, hechos me remito, que no.

Vivimos en el país de la obra pública, en la nación en la que todo se arregla con el dinero del estado (desde la carretera hasta el bolsillo del político de turno que vive de la renta de la Renta pública), hemos alimentado a nuestra sociedad del dinero fácil (y el trabajo a destajo) de la cultura del ladrillo. En lugar por apostar por la investigación, por el desarrollo de nuevas empresas, por los proyectos de innovación y los autónomos, por impulsar un nuevo horizonte empresarial que se aleje del pelotazo de la construcción, de la manía de levantar una calle cinco veces sin sentido, de abandonar esa infructuoso afán por encontrar el tesoro escondido bajos las calles y seguir jodiéndonos la vida con obras, más obras y otra vez obras…, en lugar de aparcar estas prácticas de riesgo (ya se han visto que son más peligrosas que hacer sexo sin preservativo), se sigue avanzando en el error general de demandar un empleo de fachada más que de base consistente y rico.

A mi lo del PLAN E me ha parecido algo tan aséptico como una taza de caldo fría contra una fiebre que no baja. El otro día relataban en un informativo las barbaridades que han financiado con el Plan E, absurdas medidas de paliación del desempleo con efectos lamentables para el entorno, las arcas del Estado/Comunidad/Municipio y para la salud del empleo en nuestro país.

¿Por qué no mirar a Alemania, a EEUU, a Francia… y dejar de mirar hacia el bolsillo de los políticos? Por supuesto que se pueden hacer otras cosas, sin restar el gasto social ganado en estos años y que la Patronal y algún que otro partido más capitalista se empeña en recortar, pero apostando por crear un nuevo tejido laboral, empresarial, social que no fomente ni valide la cultura del pelotazo, la especulación inmobiliaria –y por tanto política- y que apuntale una economía nueva, rica, diferente, que se base en la razón, la novedad, la especialización, la formación y el riesgo.

Me imagino que debe ser muy difícil, porque nadie lo ha intentado. O no lo quieren intentar. ¿Será porque, en el fondo, “ayuda” más un Florentino que un investigador del CSIC?
Me quedo con aquella maravillosa frase de Gabriel García Márquez que decía “Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”.

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