Cielos (y Mares)

Ha sido una semana de locos. ¿Cuál no? Pero por lo menos me ha permitido encontrar el tiempo para ir al Teatro. Nunca hay suficiente tiempo para el ocio cultural y, en esta ocasión, con las entradas reservadas desde marzo, no podía faltar a la cita con tres amigas. Fuimos a ver «Cielos» en el Teatro de La Abadía de Madrid, última parte de una trilogía que analiza y diserta sobre la tragedia que arrastra la humanidad.

Los primeros 20 minutos (o más), entre que las localidades eran poco apropiadas para la obra (montaje a tres alturas, poca visibilidad y pésima calidad de sonido), y el texto estaba lleno de referencias y conversaciones inconexas sobre la premisa de que no sabes que te están contando, estuve a punto de tirar la toalla y de ponerme a pensar en el mega evento que tenía al día siguiente. Veía a mis amigas que se removían constantemente y, aquello derivaba hacia lo peor. Pero, como en la vida, en un momento determinado siempre hay un clic que activa los resortes del cambio, y lo tedioso se convirtió en interesante, y la obra empezó (para mí), a tener mucho interés, finalizando las dos horas de actuación con un «notable» en mi crítica personal.

Llevo varios meses compartiendo jornadas, debates, conversaciones o experiencias, en los que se nos traslada que los jóvenes de hoy reniegan del pasado, desmontan la historia, nuestra historia, su historia, con una crítica constante hacia la sociedad que han heredado. He llegado a escuchar que la historia comienza en ellos, y que cualquier tiempo pasado no debe ser una referencia para construir un futuro que, de primeras, les viene de lado. Yo puedo entender que quieran reinventar la sociedad, me parece perfecto, pero deconstruir el pasado para negar el presente, es absolutamente incoherente y poco responsable.

Mi generación (la mayoría de las personas con las que tengo un contacto más o menos estrecho en esta franja de edad entre los 35 y los 60 años), somos fruto de unos padres y madres que deseaban lo mejor para nosotros, y todo lo que estuvo a su alcance para que pudiéramos vivir dignamente, no sin sus sacrificios y dedicación. Los jóvenes de ahora, han experimentado esa doble experiencia de que sus padres también han construido su entorno bajo la esperanza y el deseo, no solo de trabajar para sacar adelante a sus hijos/as. si no también para disfrutar de aquello que sus padres (los abuelos de estos Centennials), no pudieron disfrutar. ¿Y ahora vamos a tener la culpa de ello? ¡Hasta ahí podríamos llegar!

Me niego a aceptar, reconocer o valorar que la culpa está en su historia, nuestra historia. En enarbolar o movilizar esa bandera de negatividad, porque el mundo que hemos creado o participado, no está adaptado a las demandas que ahora requieren. ¡Cúrratelo! Hay mucha gente que se mueve, por ellos y por los demás. Hay miles de personas que disfrutan, se divierten, argumentan, participan, votan, construyen, no destruyen, en la misma adversidad. ¡Despierta!

Leo una frase que dice:

«Las dificultades que vives no son únicas, otros también padecen de lo mismo, o peor. Lo que sí es exclusivo es cómo deciden enfrentarlas»

Graham Ross
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