Anoche vimos la película «La Zona de Interés», dirigida por Jonathan Glazer, basada en la novela de Martin Amis, película de la que, una vez más, intenté alejarme lo más posible del ruido social media para no estar influenciado, o conocer detalles de la misma. Sólo había oído hablar que se trataba de una película sobre una familia que vive pared con pared al campo de concentración de Auswitch. Y parece ser que es una historia real, rescatando las biografías de Rudolph y Heidi.
La película no cuenta cosas. Se escuchan. La película no muestra acontecimientos. Se intuyen. Los sonidos taladran. Ese vapor del humo del tren, ese llama roja de la chimenea, esos gritos, esos disparos, ese motor constante, molesto, ruidoso… Un zumbido que penetra y te descoloca.
El calor como madre de Heidi, muta. Su ferocidad, su enfado, su ira… Su madre, inocente a la situación escucha, huele, corre… ¿Qué pasa, pues con el olfato, el oído, el tacto o la vista de los perpetradores? Se estanca, se bloquea, se anula… ¡Hasta que llega el momento, y vomitas de horror!
El escritor Primo Levi dijo,
“Aquellos que niegan Auschwitz estarían dispuestos a volver a hacerlo.”
Primo Levi (1919-1987)


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