Los jóvenes de 20 años están mal. Se sienten tristes, infelices, de bajón… Tienen ansiedad, su futuro es incierto, complicado, difícil… La juventud, como antaño, ya no es «divino tesoro». La «Generación de Cristal» no es de Duralex. Es de Murano. Es de un fino vidrio que se quiebra con apenas soplar.
Cierto es que la situación es complicada, pero ¿no la tuvimos todos y todas en nuestra juventud? Quizás el problema reside en que las expectativas han sido muy prometedoras y, ahora, las promesas se las lleva el viento sin apenas dar tiempo a reposar.
Y, en parte, esta realidad es la suma de muchos factores. Dimos por hecho que -como en generaciones anteriores, íbamos a tenerlo más fácil porque nuestros progenitores habían sembrado el camino, pero éste está lleno de minas que dinamitan su deambular. La sobreprotección ha colapsado la realidad: les prometimos todo, y se han encontrado con nada.
Ahora, la felicidad no constituye el tener un trabajo fijo, pagar la hipoteca de un piso y disfrutar de una vivienda propia, una familia, una pareja, quizás algún hijo/a. No. Ahora en la variable, ninguno de estos factores está en la ecuación. Ahora hay otros como las redes sociales, el TOC, el TDAH, el burnout o el síndrome del impostor. Y pesan en la intención, tanto o más, que la propia necesidad. La Generación de Cristal es la Generación Zombi.
¿Cómo serán las próximas generaciones? ¿Resurgirán como el ave Fénix de las cenizas de este nihilismo light?
Os invito a leer este interesantes artículo de Daniel Soufi en El País
Ya lo dijo G.K. Chesterton:
«La Ilusión es el poder de estar alegre en circunstancias que sabemos son desesperadas?» (G.K. Chesterton 1874-1936)


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