Quiero compartir con vosotros/as el discurso de apertura que hice con motivo del I Congreso Estatal de Personas con Discapacidad LGTBI «Diversidades Sexuales, Diversidades Humanas: Tu derecho a ser» que celebramos los pasados 18 y 19 de junio en Madrid. Y lo quiero compartirlo porque aún sigo en la nube de lo que viví, experimenté, conocí y descubrí, después de casi 20 años de trabajar sobre este tema, en las más de 100 personas, 45 panelistas e invitados que por allí pasaron.
Dicen los poetas que lo que no se nombra, no existe. Y durante décadas, las personas LGTBI+ con discapacidad hemos sido un susurro en los pasillos de la historia.
Pero hoy, en este I Congreso Estatal de Personas con Discapacidad LGTBI+, bajo el lema ‘Diversidades sexuales, diversidades humanas: TU derecho a ser’, el susurro se convierte en grito y el silencio en agenda política.
Este Congreso no es solo un evento. Es la firma de un nuevo contrato social. Un espacio donde nuestros cuerpos diversos y nuestras identidades libres dejan de pedir permiso para empezar a ejercer derechos.
Queremos transicionar de la mirada que juzga a la mirada que celebra.
Durante mucho tiempo, para las personas LGTBI+ con discapacidad, el hecho de ser miradas ha sido un campo de batalla. Nos han mirado con condescendencia, con extrañeza, con lástima o, lo que es peor, con la intención de borrarnos.
Pero hoy estamos aquí para darle la vuelta a esa mirada. Para decir que nuestros cuerpos no son un problema, nuestras identidades no son una anomalía y nuestras vidas no pueden seguir habitando en los márgenes de los márgenes.
El arte nos recuerda que la identidad también es una performance de libertad. Que hay canciones que son himnos y hay himnos que, en determinados contextos, se convierten en manifiestos políticos. Por eso este Congreso quiere ser también un espacio para la palabra, para el cuerpo, para la música, para la visibilidad y para la celebración.
Porque hoy, si todos nos miran, que sea para ver nuestro orgullo, nuestra fuerza y nuestra indomable belleza. Hoy ya no nos importa el qué dirán, porque somos nosotros, nosotras y nosotres quienes decidimos quiénes somos.
Este Congreso nace de una convicción profunda: los derechos LGTBI+ y los derechos de las personas con discapacidad no son compartimentos estancos. Son una misma lucha por la dignidad humana.
La igualdad debe ser interseccional o no será. No podemos permitir que las personas LGTBI+ con discapacidad sigan ocupando espacios secundarios en las políticas públicas, en los movimientos sociales, en la cultura, en los medios de comunicación o en la vida cotidiana.
Durante estos días vamos a debatir, encontrarnos y reconocernos. Vamos a hablar de derechos humanos, de interseccionalidad, de comunicación, de salud mental, de sexualidad, de delitos de odio, de cultura, de representación y de participación social.
Pero, sobre todo, vamos a recordar por qué estamos aquí.
Estamos aquí porque se acabó el tiempo de pedir permiso por ser quienes somos o por cómo son nuestros cuerpos.
Durante demasiado tiempo nos han dicho cómo debemos comportarnos, a quién debemos amar o qué capacidades debemos demostrar para ser considerados ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho.
Nuestra vida no es un pecado, nuestra diversidad no es un error y nuestra identidad no es algo que se pueda curar.
Si el mundo nos ve diferentes, si la norma nos encuentra extraños, si el sistema no sabe dónde encajarnos, respondemos con presencia, con derechos, con orgullo y con comunidad.
El derecho a ser no puede depender de la mirada ajena. No puede quedar condicionado por el capacitismo, por la LGTBIfobia, por el sexismo, por el prejuicio o por el miedo.
El derecho a ser significa poder vivir sin ocultarse. Significa poder amar, desear, participar, decidir, expresarse y ocupar el espacio público sin pedir disculpas.
Significa que ninguna persona con discapacidad LGTBI+ tenga que elegir entre partes de sí misma para ser aceptada.
Este Congreso es una invitación a construir una sociedad que no tolere nuestras vidas como excepción, sino que las reconozca como parte plena de la diversidad humana.
Una sociedad en la que nuestros cuerpos, nuestras identidades y nuestras formas de estar en el mundo no sean motivo de exclusión, sino expresión legítima de ciudadanía.
Hoy abrimos este Congreso con una certeza: ya no queremos ser susurro. Queremos ser voz, presencia, agenda y derecho.
Porque las personas con discapacidad LGTBI+ estamos aquí.
Y nuestro derecho a ser no se negocia.
(Palabras de Jesús González Amago, presidente de la Comisión de Diversidades Sexuales y Discapacidad del CERMI Estatal en la apertura del I Congreso Estatal de Personas con Discapacidad LGTBI+ del CERMI)


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