Luca

Huele a verano. Y parece ser que, este estío, vamos a poder olerlo mejor (con sus buenos y sus malos aromas), ya que no estaremos obligados a llevar mascarilla mientras que estemos al aire libre. ¡No sé como acabará esto, pero creo que son buenas -pero tempranas-, noticias!

Ayer vimos “Luca” la nueva MARAVILLOSA película de animación de Pixar para Disney, una exquisita joya que rezuma verano, sal, agua, sol, calor, pantalones cortos, sangría, pescadito frito y mar. Una estupenda película que habla de diversidad, de diferencia, de inclusión, de amistad, de minorías, de todo eso que no soportan los de verde (imagino que les prohibirán a sus hijos verla, porque desde el momento “0” la película respira diferencia). Bueno, quizás les dejarán disfrutarla con la perorata final de que “¡veis hij@s, son unos monstruos!”. Y se quedarán tan panchos.

Películas como esta (o como su anterior joyita “Soul”), deberían de ser asignatura obligatoria en los centros de educación primaria (y secundaria), para poner en común con los alumnos y alumnas la diversidad de la sociedad. Porque ¿Quién de nosotros es lo suficientemente “normal” como para decir qué se considera “normal”?

El Mejor Regalo 🌈

No hay mejor regalo que te quieran por lo que tú eres. Pero más allá de que te gusten o no los deportes, estudiar, llevar el pelo de color azul, vestir a lo Harajuku Girl o como un EMO… Lo más importante en esta vida, y más en la infancia y adolescencia, es que te quieran, que te acepten por tu orientación sexual. Ayer, en la visita diaria a mi madre, me la encontré llorando a moco tendido mientras veía la repetición de un talent show. Cuando por fin paró de llorar (la pobre hasta hipaba del disgusto que tenía), me pudo contar el motivo: había salido una chica que, cuando le dijo a su madre que le gustaban las chicas, ésta la echó de casa. Hacía ya 5 años de esta situación y ahora, la chica, se presentaba a este talent con una canción escrita para su madre y, acompañada de su novia, intentaba que la aceptara y poder volver a verla.

Imagen gracias a Unsplash

Yo le dije a mi madre que era muy habitual este tipo de historias. Que por desgracia no fueron situaciones del pasado, de su generación (o incluso de la mía, solo que en mi caso yo no tuve ese problema), si no que lamentablemente, aún en pleno S.XXI, nos encontramos con desafortunados casos de homofobia, de odio, de falta de comprensión y de asumir esa realidad: SOMOS LO QUE SOMOS.

Y por ello, el mejor regalo es que nos quieran. Sin “puntos ni comas”. Y me acordé de esta maravillosa campaña de Doritos México que os invito a ver en este enlace: ver aquí

Y a los que no sepan, quieran, entiendan que somos lo que somos, deberían reflexionar sobre esta frase de Rafael Vidac que dice:

“Aceptar es hacer las paces con tu realidad”