Raíces

Ayer por la tarde acudí al concierto de Rodrigo Cuevas en el Movistar Arena. Tenía muchas ganas de escuchar en directo a este músico y showman, arquitecto del S. XXI del folclore asturiano y español (no hay género que se le resista), para confirmar todas las críticas y beneplácitos que había escuchado. Y fue increíble.

Más de 2 horas de espectáculo en las que, embobado y embelesado, disfruté de «La Romería» que nos había preparado.

Los días previos me había enchufado su música en bucle en mi iPhone y el iPad, y cada canción me activaba el cine de mi memoria, hacía brillar ese rincón en mi cerebro del recuerdo a mis raíces, me invitaba a subirme a la cabina del Doctor Who y a viajar en el tiempo a mi más tierna infancia.

De golpe, vino a mi cabeza aquella caja azul de cintas de casete de «El Presi» que mi padre tenía en el Renault 10 y que eran la banda sonora de nuestros viajes, en verano, a Cangas del Narcea a ver a la familia. Escuchando el disco de Rodrigo Cuecas, oí -como si estuviera en la cocina de mi casa, la voz de mi madre, que cantaba como los ángeles, y que su padre (abuelo al que nunca conocí), la prohibió ser cantante porque eso era de «putas», ¡¡Y me emocioné!!

Tengo una herida abierta pendiente con Asturias. No quiero que se infecte. Poco a poco la voy curando y suturando. Hilván a hilván coso la piel para que no sangre y se pierda la herencia de aquellos años tan felices, pastando vacas con mis primos Marcelino, Ángel o Loli; cogiendo truchas con Laureano en el Narcea; durmiendo en la Panera de la tía María; comiendo pan con mantequilla (casera, de la buena), y mojándolo en el café de puchero que nos hacía la abuela Pepa (que era la madre del marido de mi tío, pero que para nosotros era «la abuela»); escuchando al abuelo Clemente sentado en la terraza de Veigadepope o en el bar de Villaconejos jugando a la brisca… A mis tías Lola y Pilar bajar de sus aldeas para vernos y esas comidas y meriendas con empanada asturiana casera y bizcocho de limón.

Mi padre era feliz enterrando los malos tiempos del hambre y la misera, ahora convertidos en tiempos nuevos de una familia de clase media en la capital. Mi madre estaba pletórica, alegre, disfrutando de la naturaleza rodeada de sus cuñadas que, siempre, fueron como sus hermanas.

Tanto en tan poco. Más de dos horas de conciertos convulsionaron mis más de 50 años en un terremoto de emociones. ¡Gracias Rodrigo!

El poeta francés Victor Hugo dijo:

«La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio.»

Víctor Hugo (1802-1885)

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