Quieto


Fue el día 2 de enero, mientras los impresentables pilotos y controladores de Iberia nos mantuvieron más de dos horas esperando a volar rumbo a Barcelona (y eso que se trataba de Puente Aéreo), comencé a leer, a devorar, a degustar y disfrutar el último libro de Marius Sierra: “Quieto”.

Había oído hablar en una entrevista que le hicieron en el programa “La Ventana” de la Cadena SER y me apunté bien el libro. Papa Noel se encargó de hacer realidad mi petición y, encajado en esos asientos incómodos de la T4 y después, del avión de Iberia, me deshice en la historia maravillosa que Marius cuenta con tanto ingenio, humor, ternura, crudeza y elegancia, que al final solo pude que escribir desde mi IPhone un e-mail masivo recomendando la lectura.

“QUIETO” nos narra las vivencias personales de Marius, su mujer Merçe y la primogénita Carla, con su hijo pequeño, Lluis (en el libro llamado cariñosamente Llullu), que nació con una parálisis cerebral. Hoy tiene siete años.

Aún conociendo de su autor su facilidad y su genialidad en crear frases, palabras, expresiones, en la novela utiliza un lenguaje que te envuelve, te atrapa en la magnificencia del personaje, en lo complicado de la situación, en la crudeza de sus inquietudes e incógnitas y en la humanidad de sus respuestas. El libro navega en aguas de la ternura cuando Marius cuenta cómo desea ver correr a su hijo (y al final del libro lo consigue), en la amargura de las situaciones complicadas como la que nos describe que vivió en Venecia, y en el hilarante y desternillante capítulo en el que descubre la sexualidad viva de Llullu con su cuidadora. Todo es real. Todo es verdadero, tanto como la dificultad de convivir con una persona con discapacidad, dependiente, viva y sorprendentemente activa.

“Y entonces levanto la sábana para verlo dormir encogido. Todo se detiene. Lo miro y remiro reprimiendo las ganas de comérmelo a besos para celebrar que está vivo y bien vivo. Y piendo que si yo puedo, que si nosotros podemos, es simplemente porque él no puede. Tan sencillo como eso”

Desde este humilde blog quiero recomendar a todas y todos la lectura de “Quieto” y agradecer a su autor la aportación que hace a esa sociedad “sana”, que complica su existencia con trabas menores, con problemas de ridícula importancia que, ante una situación como la que nos describe, se situaría en el rango de problema de imposible solución, la lectura de sus páginas para transmitir esa necesidad de normalización. Todos somos personas con alguna discapacidad…, también la emocional, y ante eso solo queda cargarse la mochila y seguir adelante.

“Quieto” nos demuestra que el movimiento se demuestra… andando… como Llullu hace en las páginas finales del libro… ¡¡y como corre!!

Más información sobre literatura y discapacidad:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/bosque/arboles/genealogicos/elpepucul/20090114elpepicul_1/Tes

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