Cuando 25 años no es nada

El pasado viernes, a propuesta de este humilde servidor, le pedí a un antiguo compañero de estudios que encontré en Facebook que moviera los hilos para reencontrarnos con los que fueron compañeros de estudios de la EGB y el BUP. Miguel Ángel se puso al tajo y nos convocó a todos en un bareto de Madrid. En el camino iba con mariposas en el estómago: ¿cómo estarán? ¿Cómo habrá pasado el tiempo por ellos? ¿Cómo me encontrarán a mí –que tanto he cambiado? ¿Qué pensarán de mí, con una vida tan diferente a la suya?

A las 21:15 entré por la puerta del bar y el corazón dio un vuelco porque apenas reconocía a aquellos muchachos con los que crecí desde los 10 hasta los 17 años, en un maravilloso paraje de la sierra de Madrid, colindante con Ávila, en una vaguada llena de árboles, naturaleza, agua y calor humano. Poco a poco acomodé mi retina al cambio que habíamos profesado los que un día fuimos aquellos críos que correteaban por el internado, que maduraban su voz y sus cuerpos con el paso de los tiempos, que salíamos de la inocencia de jugar al “Churro, mediamanga, mangaentera” a fumar a escondidas, a leer las revistas “guarras” que llevábamos ocultas en las maletas cada domingo por la noche…, a escaparnos al pueblo de al lado a beber los primeros cubatas.

A medida que la noche avanzaba, se iban incorporando al grupo más compañeros y recordábamos desde el primer día que llegamos con 9 ó 10 años hasta el último día que nos fuimos con 17, jodidos porque el Director nos anuló la excursión de Fin de Curso porque habíamos organizado una fiesta para recaudar dinero en una discoteca de Madrid – sarao que me encargaron a mi – y tuvimos tan mala suerte que la fiesta fue en una discoteca en la c/ Alcalá 120 la noche del incendio de la discoteca Alcalá 20. ¡¡Ni os imagináis la que se armó…, el teléfono de casa de mi madre no paraba de sonar del susto del resto de padres y en el colegio saltó la alarma porque los padres que no tenían mi teléfono llamaron allí!!

Cerveza tras cerveza, cigarro tras cigarro…, y yo miraba a todos estos amigos, compañeros, y entonces empecé a comprender que Chitu, Chiqui, Caste, Pollillo, se habían convertido en minutos en Fernando, Pablo, José Luis, David…, unos seguían casados, otros divorciados, todos con hijos (y varios, uno hasta cuatro), y curiosamente todos componían una estampa cortada bajo un mismo patrón. Y entonces me saltó la duda, la alarma: ¿soy yo el raro? Ahí estaba yo, con una forma de pensar completamente diferente a todos, con una vida tangencialmente opuesta a la suya, con una trayectoria divergente por completo (plena y satisfecha, por supuesto, pero tan diferente), con una experiencia vital de reafirmación y posicionamiento incomparable a la de todos…, que me acordé de una frase que leí de Savater que decía: “A diferencia de la vejez, que siempre está de más, lo característico de la juventud es que siempre está de moda”. Y cuando al entrar en aquella reunión tras 25 años de silencio me sentía pequeñito, en ese justo instante estiré la espalda y me sentí henchido de orgullo y felicidad porque me reafirmé en que he dibujado mi vida, con los trazos que quería, que he aprovechado el tiempo muy bien, que he vivido tantas cosas tan dispares, con tanta gente a mi alrededor (que aún siguen en mi círculo) que la diferencia se convertía en el lado de la balanza que más pesaba y que más subía en esta imagen que todos tenemos de un equilibrio posicionado y ganado con el pulso del trabajo, el esfuerzo y la satisfacción de aprender a ser uno mismo y perder el miedo a seguir siendo joven de espíritu, de inquietudes, de ánimo, de mente y cuerpo, a pesar de que la arruga se acomode en el contorno de los ojos, que ni con las estupendas cremas de mi amiga Bringas desaparecen.

25 años no son nada…, son el comienzo de otros 25 años más.

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Un comentario en “Cuando 25 años no es nada

  1. Anonymous

    Me has emocionado y esto que tan pocas veces me pasa es parte de esa capacidad tuya de estar en cualquier lado y en cualquier tiempo.
    Aplausos.
    Pd.: Esta firma ya la conoces, así que yo, que no soy tan libre, me escondo.

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