¿Es Necesario…?

Son realmente escalofriantes, duras, sobrecogedoras, terribles y angustiosas las imágenes que esta semana estamos recibiendo de la catástrofe de Haití. No hay palabras ante tanta destrucción, ante tanta devastación y caos. Pero yo me pregunto: ¿Es necesaria esa sobresaturación de imágenes en los periódicos, en la televisión o en Internet?

Pienso que se está utilizando una catástrofe (de una magnitud que sabremos quizá muchos meses después), con toda la maquinaria de propaganda de la imagen para invadir nuestros hogares, nuestra cotidianeidad de una exacerbada obsesión con mostrar las miserias, las debacles de los demás. Y, a ser posible, con toda la sarna, la sangre, la miseria y la deshumanización posible. Yo fui de los que se me encogió el estómago cuando salieron las primeras imágenes de CNN, segundos después tras el seísmo, y decidí apagar en mi retina, desde entonces y hasta hoy, cualquier información sobre el terremoto de Haití. Fueron suficientes aquellas imágenes para intuir lo que bajo los escombros se iban a encontrar. Creo que no es necesario tanto escarnio, tanta sangre, tanto polvo sobre nuestra retina.

Y yo me pregunto: ¿se ofrecieron imágenes morbosas, sangrientas, lúgubres del atentado al World Trade Center? No, solo las que se pudieron ver de gente arrojándose por las ventadas cuando aún existía la confusión de si era un error o un atentando. Pero fue el primer día. Los primeros minutos. Después todo quedó resumido a humo y cenizas y las autoridades americanas blindaron los trabajos y posibles fotos morbosas posteriores. No era necesario más.

Pero ahora estamos ante la miseria sobre la miseria. Nos encontramos ante la indefensión del débil y de la utilización de su debilidad para llenar, para ofrecer al resto de la humanidad, la barbarie que la naturaleza puede provocar sobre la humanidad, y cómo la desnaturalizada sociedad, la corrupta clientela política, que tiene a su país sumido en la ruina más absoluta y en la desgracia perenne, se escapa por los pelos de su suerte. Queda lo que ellos consideraban como su propia “basura”. Sus inertes cuerpos.

La sociedad ha sabido responder con premura, mandando todo lo que está en su mano para ayudar a toda la población. De eso me alegro, y si para eso está sirviendo tanta información, me congratulo, pero a veces, dosis más controladas, menos sensacionalistas, menos macabras, cubren la necesidad de un pueblo que demanda ayuda.

El teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino comentó en un congreso sobre la ética periodística frente a la pobreza lo siguiente: “En este mundo de información, de técnica, el pobre está marginado del circuito económico”.

Pero cuando el pobre se convierte en la economía de los otros, pasa a primera página. Es parte de su miseria.

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