Cada día digerimos un nuevo incendio. Y no de los «reales» (terribles las realidades vividas por los afectados del incendio de Valencia o los incendios de Texas). Me refiero a los incendios provocados por las palabras. Vivimos en épocas de pirómanos y pirómanas del lenguaje.
Los políticos de turno se agarran a un micrófono, a una grabadora, o a sus redes sociales, para la alimentar el voraz apetito de los «haters» y encender las praderas de la concordia. Amnistía, corrupción, democracia, convivencia, educación, cultura, igualdad… Todo vale. Encienden mechas que avivan con la gasolina de sus palabras, de sus tuits, de sus canutazos en los medios. Todo vale.
No son nada fan de Sanchez Dragó, pero estoy muy conforme con lo dijo:
«Los políticos no son necesarios, pero ellos nos convencen de que los necesitamos, para resolver los problemas que, sin ellos, no existirían»
Fernando Sánchez Dragó (1936-2023)


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