No hay otra cosa de la que hablar (en el panorama de las series de televisión). Y estaría bien que, en lugar de dar titulares a Trump, Putin u otros mandatarios que están jugando al ajedrez con las negras y las blancas al tiempo, en espera del «jaque mate» al mundo, «Adolescencia», la serie de Netflix, ocupara las portadas en los diarios y noticias globales, más allá de las secciones de entretenimiento.
4 horas. Nada más. No es necesario ni segundas temporadas, ni ree-bots, ni spin-offs… Solo 4 capítulos. Uno para plantear la situación. Otro para conocer el entorno. Un tercero para entrar en la psicología de Jamie. El cuarto para sufrir con la pena de un padre (madre y hermana), por haber fallado… ¿O no?
Fin de la serie.
Más allá de la preocupante «irrealidad» -cada vez calando más en el universo masculino, de los «Incels», más allá de si el sistema educativo está acabado, agotado, exhausto para dar respuestas a las nuevas generaciones, más allá de si hay que empoderar a «príncipes tiranos» o «monstruos imberbes», más allá de si la culpa está en los móviles o en las redes sociales. Lejos de todas esas realidades que sabemos, pero que no aplicamos, «Adolescencia» es una llamada al orden para parar, reflexionar y empezar de cero.
Mardy Grothe, psicólogo y escritor americano, dijo:
«La adolescencia es una especie de esclavitud hábilmente disfrazada de libertad»
Mardy Grothe (1942 – actualidad)


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