El pasado viernes 10 de octubre se celebró el Día Internacional de la Salud Mental, una realidad que nos preocupa y que se ha convertido en la primera enfermedad en el ámbito laboral. Todas y todos somos agentes propicios a la lacra del S. XXI.
Leo en El País que
«Los jóvenes están mal, se sienten muy tristes, de bajón absoluto. Lo peor no es la ansiedad, ni estar enganchado al móvil, ni sentirse solo, ni estar sin trabajo, ni siquiera saber que es imposible comprarse una casa; lo peor es que, hasta hace unos pocos años, ninguno de ellos esperaba encontrarse con nada de esto.»
La llamada «Generación de Cristal» es una de las principales afectadas por esta enfermedad que portan en sus mochilas y que tienen como arma de destrucción masiva el smartphone.
Jonathan Haidt autor del libro «La Generación ansiosa» explica a El País que:
“Las redes sociales son una causa sustancial —no solo una pequeña correlación— de la depresión y la ansiedad, y por tanto de conductas asociadas a estas enfermedades, incluida la autolesión y el suicidio”.
Pues muchos pensarán: ¡Que dejen los móviles y que pasen a la lectura, al deporte, a socializar, a estudiar, a ir al campo u otras actividades en las que se desconecte de la tecnología y pasen a la acción! Craso error. Haidt matiza:
«… si un adolescente decidiera abandonar las redes para protegerse, su salud mental podría quedar todavía más debilitada al quedar excluido de la vida social de su grupo. Es lo que se denomina como el efecto de cohorte y de red: toda una generación atrapada en un sistema en el que todos estarían mejor si se desconectaran, pero en el que quien lo hace en solitario acaba aislado.»
Hemos pasado entonces, de la Generación de Cristal a la llamada Generación Zombi, término acuñado por el doctor Javier Albares.
Y al fracaso de esta sociedad (una vez más, no se puede generalizar, existen -afortunadamente, muchas excepcionalidades), se le suma la culpa de los mayores: la sobreprotección: “Es una generación a la que se le prometió todo y se ha encontrado con nada”.
Y, además, es ahora cuando entra en la ecuación la política y los políticos. Y ya la espiral del «y tú más», se vuelve viral y perniciosa.
Henry Ford dijo:
«El único verdadero fracaso es aquel del que no aprendemos nada»
Henri Ford (1863-1947)


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