Celebramos el día de Todos los Santos. El día de los muertos. Conmemoramos la pérdida de nuestros seres queridos. Rememoramos aquellos días buenos, malos, regulares que pasamos con ellos y ellas. Padres, madres, hermanos, familiares, amigos/as y compañeros/as. Pero también esos hombres y mujeres, anónimos nombres y apellidos, que dejaron estas lides para pasar a otras.
Por desgracia, triste destino, para mí muchos/as de esos/as anónimos/as se han sumado esta semana a esta pérdida, tras el fatal accidente de AVE. ¡Qué rabia da escuchar tanta falacia y tan poca honestidad!
Crecemos y nos desarrollamos… ¿Para qué? ¿Para olvidar los más importante: la seguridad? Tantos kilómetros de ilusión que se convierten en un camino de minas. Tanto dinero invertido que permea en error tras error. Tanto sacar pecho para luego tener que encogerse y esconder la cabeza por no reconocer el abandono y el olvido de la «joya de España». Todos y todas. Da igual el color. Todos llevan a sus espaldas tristes desencuentros. Y no pasa nada… ¿Hasta cuando?
Mis condolencias a todas las familias, porque la mía pudo ser. ¿Podría llegar a ser? En las últimas semanas he viajado por trabajo mucho en el AVE. De hecho, mañana cojo un AVE a Barcelona. Voy sin miedo. Nunca lo he tenido. Pero el «run-run» revolotea por mi ánimo.
El «ave» mira a su nido y, en lugar de florecientes polluelos, le han salido tordos negros.
Norman Cousins, político, escritor y pensador dijo:
«La muerte no es la mayor pérdida en la vida. La mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros mientras vivimos.»
Norman Cousins (1915-1990)


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