Me estoy leyendo un libro muy interesante, escrito por André Aciman, titulado «Homo Irrealis», y en el que ayer me encontré con esta pregunta: ¿Es posible desterrar el pensamiento de que uno ha vivido la vida que no era? ¿Cómo se puede ser feliz cuando uno se enfrenta a recordatorios diarios de la cantidad de años que ha desperdiciado? Y me dio que pensar.
Todos perseguimos un sueño (o muchos). Ser feliz consiste en eso, en alcanzar las metas, los retos o los desafíos que te propones en determinados momentos de la vida. Peldaños que vamos subiendo, algunos con mucho esfuerzo, y que -a veces, también vas bajando por las ráfagas de mala suerte, decisiones erróneas, devenir de los tiempos u otras «climatologías adversas». Si esto pasa, elegimos otro camino, otro sendero para seguir buscando veredas por las que transitar en ese proceso de alcanzar la felicidad.
Invertimos tiempo en las cosas. Contamos días, años… Primero para ser mayores de edad. Luego para conseguir un trabajo. Encontrar una pareja (o no). Viajar a ese sitio que siempre has deseado. Comprarte un piso (o alquilarlo)… ¡Llegar a la jubilación y entonces «vivir de verdad»! O no.
Kierkegard dijo:
«Se puede comprender la vida hacia atrás, vivirla siempre hacia adelante!
Sören Kierkegard (1813-1855)


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