Ayer leía una noticia en El País que me volvía a reconsiderar la estupidez humana (que es mucha, lo se, y constantemente se manifiesta). Soy un «romántico empedernido» y fiel creyente en las personas… ¡Excepto en estos momentos!

La noticia decía que la ropa que llevaba Luigi Mangioni, asesino a sangre fría en las calles de Manhattan, del presidente de United Healthcare, se había agotado en las tiendas. Además que se organizó un concurso de «dobles» y que se investiga y persiguen en comercios y en las redes sobre sus prendas preferidas, o las compras que tenía pendientes en la red Grailed. ¿En serio estamos tan, tan enfermos?

Los psicólogos y expertos lo denominan al efecto «Halo», un sesgo cognitivo en el que la percepción positiva de una característica de una persona, producto o empresa influye en la percepción de otras características. Por ejemplo, si alguien es percibido como atractivo, es más probable que también se le considere inteligente, amable o competente, aunque no haya evidencia de estas cualidades.

O sea, que el asesino, además de ser guapo, joven y exitoso… ¡Vestía bien! Pues nada… A seguir adorando asesinos.

Jean Jacques Rousseau dijo:

«Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas»

Jean Jacques Rousseau (1712-1778)

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