En el mundo animal, los reptiles han sobrevivido millones de años gracias a su capacidad de adaptación, su piel dura y su habilidad para camuflarse. En la política española, los recientes casos de corrupción y las denuncias por acoso sexual parecen mostrar un ecosistema similar, donde la supervivencia de ciertos actores depende más de la astucia para ocultarse que de la transparencia o la ética.
Son expertos del camuflaje: Como los camaleones, algunos dirigentes cambian de discurso según el entorno, ocultando responsabilidades tras declaraciones ambiguas o gestos de aparente arrepentimiento.
Tienen la piel dura: La resistencia de los reptiles recuerda a la capacidad de ciertos políticos para soportar críticas y escándalos sin dimitir, confiando en que el tiempo diluya la indignación ciudadana.
Son unos depredadores silenciosos: En la naturaleza, los reptiles cazan con paciencia y oportunismo. En la política, los abusos de poder y los acosos se ejercen en silencio, aprovechando jerarquías y vulnerabilidades.
Fomentan un ecosistema tóxico: Igual que un hábitat desequilibrado puede convertirse en un terreno hostil, la falta de mecanismos efectivos de control y justicia genera un ambiente donde la corrupción y el acoso proliferan.
La analogía no pretende demonizar a los reptiles, que de por sí, tampoco son muy de mi interés y gusto, criaturas fascinantes y esenciales para la biodiversidad, sino señalar cómo la política española corre el riesgo de convertirse en un terrario donde la opacidad y el abuso son la norma.
Frente a ello, la sociedad exige luz, responsabilidad y un cambio de piel que no sea mero camuflaje, sino una verdadera regeneración democrática.
William Blake, poeta y pintor británico dijo:
«El hombre que nunca modifica sus opiniones… cría reptiles en la mente»
William Blake (1757 – 1827)


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