La Wikipedia nos dice que la «arquitectura brutalista» es un estilo arquitectónico que surgió durante la década de 1950 en el Reino Unido en los proyectos de reconstrucción de la era de la posguerra. Los edificios brutalistas se caracterizan por construcciones minimalistas que muestran los materiales de construcción desnudos y los elementos estructurales sobre el diseño decorativo.
Sus arquitectos, fueron definidos como «fríos, sin alma»… Nada más lejos de la realidad.
Esta introducción viene porque anoche vimos en SkyShowtime, «El Brutalista». La película se inspira en las vidas de muchos arquitectos de aquella época, pero mira especialmente detalles del existir y la obra de Marcel Breuer. De él, el director del filme recoge su ascendencia húngara, su formación en la Bauhaus y que emigró a los Estados Unidos.
Laszlo Toth (magnífica interpretación de Adrian Brody), es una persona rota, destruida, cansada, incomprendida. Un genio -como muchos, que navega entre la obcecación de su talento y el devenir de una existencia convulsa, perseguida, quebrada. Y por ello su arte, no puede dejar de ser, eso: brutal, gigantesco, tosco, perfeccionista, incomprendido, magnífico, rudo y -a la vez, emocionante.
Su entorno no lo es menos. Una Europa en reconstrucción tras la II Guerra Mundial. Una América receptora de millones de migrantes en busca de una vida mejor. Una sociedad que rechaza a los negros (la escena en la que el millonario entra en su mansión es tremenda) y mira desde el escaparate, la ficción de los que tienen que empezar a escribir el nuevo guion de su existencia.
El dinero manda. Los migrantes sobreviven. Pocos ricos, muchos pobres (la miseria persigue a Laszlo, a su fiel compañero Gordon y a su hijo). El talento se aprovecha y se desaprovecha. Y si se puede, se violenta (las escenas del acto final en las canteras de Carrara, – a pesar de la crudeza, son impresionantes).
Al final, todo queda en la memoria, en el papel, en los paneles de una exposición, en las diapositivas de un proyector, en la retina de los que viajamos y contemplamos, con sorpresa y admiración, su obra.
En un momento de la película, Laszlo dice:
“We are nothing. We are worse than nothing.”
The Brutalist (2024)


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