• Vive la vida

    Tenemos que vivir la vida. La única que tenemos. Ya se que este mantra nos lo planteamos constantemente pero… ¿Lo hacemos?

    El trabajo, la familia, las obligaciones, la hipoteca, el dinero, la salud, el día a día nos consume el tiempo para poder disfrutar de todas esas cosas que soñamos hacer y que, capa a capa, vamos depositando en el fondo de las prioridades. Llegará un momento en el que los estratos superiores pesen tanto, que será imposible convertirlas en prioridad.

    Pero, de vuelta a la película, Mr. Williams decide romper con su propio letargo para sacar adelante el sueño de unas mujeres que, tropiezo a tropiezo con esa burocracia en la que se convierte la propia vida, no consiguieron empezar. Vivir es insistir. Desistir es el principio del fin.

    «La enfermedad es el médico al que hacemos más caso; a la amabilidad, a los conocimientos, sólo hacemos promesas; a la enfermedad la obedecemos sin rechistar»

    Marcel Proust (1871-1922)

  • La Divina

    Pero cuando veo o leo estas revisiones de las biografías de personajes célebres que lo fueron todo, y que finalmente acaban sus videos suicidándose, víctimas de sus adicciones y tristezas, algo me descoloca.

    Cierto que «los ricos también lloran» pero, ¿No tienen los recursos para «llorar» mejor? ¿No disponen de herramientas que les liberen de sus yugos personales?

    La Callas camina por París, la ciudad que la acogió hasta su muerte, en un otoño frío, lluvioso, con paso lento y firme sobre miles de hojas caídas. Es el viaje hacia su propio invierno.

    «Primero perdí mi voz, luego perdí mi figura, después perdí a Onassis»

    María Callas (1923-1977)

  • El Brutalista

    Sus arquitectos, fueron definidos como «fríos, sin alma»… Nada más lejos de la realidad.

    Laszlo Toth (magnífica interpretación de Adrian Brody), es una persona rota, destruida, cansada, incomprendida. Un genio -como muchos, que navega entre la obcecación de su talento y el devenir de una existencia convulsa, perseguida, quebrada. Y por ello su arte, no puede dejar de ser, eso: brutal, gigantesco, tosco, perfeccionista, incomprendido, magnífico, rudo y -a la vez, emocionante.

    Su entorno no lo es menos. Una Europa en reconstrucción tras la II Guerra Mundial. Una América receptora de millones de migrantes en busca de una vida mejor. Una sociedad que rechaza a los negros (la escena en la que el millonario entra en su mansión es tremenda) y mira desde el escaparate, la ficción de los que tienen que empezar a escribir el nuevo guion de su existencia.

    El dinero manda. Los migrantes sobreviven. Pocos ricos, muchos pobres (la miseria persigue a Laszlo, a su fiel compañero Gordon y a su hijo). El talento se aprovecha y se desaprovecha. Y si se puede, se violenta (las escenas del acto final en las canteras de Carrara, – a pesar de la crudeza, son impresionantes).

    Al final, todo queda en la memoria, en el papel, en los paneles de una exposición, en las diapositivas de un proyector, en la retina de los que viajamos y contemplamos, con sorpresa y admiración, su obra.

    En un momento de la película, Laszlo dice:

    “We are nothing. We are worse than nothing.”

    The Brutalist (2024)

  • Campanas

    Eran las 20:15 de la tarde y el pueblo se sumergió en un festival musical de campanas. Todas las iglesias tañían su coronas de metal anunciando la misa de 20:30. Son las fiestas patronales, y este primer viernes se ofrecía una misa solemne, la primera de las nueve que a esa hora, y durante los próximos días, se celebrarían en este lugar.

    Los bancos casi estaban llenos. De fondo, una letanía de oraciones y respuestas de los feligreses que, todos a una, como un mantra, recitaban al unísono. Los monaguillos preparaban el altar, mientras que un importante número de sacerdotes accedían a la sacristía cruzando el altar mayor. Jarana espiritual, anticipo de la gran celebración.

    El público seguía llenando la nave central. Principalmente gente mayor que, con dificultad, tras subir las empinadas escaleras que elevan la iglesia a lo más alto de la Plaza Mayor, buscaban un resuello en la bancada central. Arreglados/as, de «domingo», solos o en familia. Es el acontecimiento de la Fiesta Mayor. Nadie puede faltar.

    Los jóvenes se incorporan más tarde. Muy arreglados, en grupitos y pandillas. Pero mucho menos numerosos. No se olvidan de sus móviles que, en la espera, iluminan sus rostros en la tenue penumbra del santo recinto. A alguno se les escapa el audio del último TikTok que están viendo, o de ese «reel» que acaba de colgar el influencer de moda.

    Dos turistas, haciendo tiempo para ocupar su mesa en el restaurante de la plaza, deciden entrar y situarse en el último banco. Curiosidad. Hace calor en la nave. Estas iglesias tan antiguas no saben de la modernidad de la climatización, y los abanicos se despliegan y se mueven al son de la letanía. Y entonces… Un fogonazo se produce en el espacio que el cerebro tiene asignado a los recuerdos, y los labios de uno de los dos turistas, comienzan a moverse al son del rezo, de la oración, de la letanía. Se despiertan frases que ni se acordaba que había aprendido en sus años de monaguillo.

    Esos diez minutos de espera, fueron recuerdos de aquellas misas de domingo vestido igual que los acólitos que se preparaban para llevar los cirios encendidos hasta el altar. Años que fueron un refugio de una espiritualidad que se esfumó en el momento en el que la niñez cruzó el río de la adolescencia. Pero el recuerdo sigue ahí. Imborrable.

    Comienza la misa. Llegan dos personas muy mayores y los turistas les dejan sus sitios. Se ubican más hacia atrás, relegando esos recuerdos al más inmediato: tienen que irse al restaurante. Se oye el coro de monjas cantando el Salmo.

    Minutos que recuerdan que el tiempo pasado, no saben si fue mejor, pero si muy diferente.

    Marcel Proust dijo:

    «El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.» (Marcel Proust, 1871-1922)

  • Un corto de verano

    A estas alturas de la película, el argumento flojea. La trama comienza a diluirse pensando en el próximo rodaje. Más corto que el del proyecto anterior. En este caso podríamos hablar de un cortometraje. Pero igual de intenso y apetecible que los meses anteriores. Llega el momento de comenzar… ¡¡La película del verano!!

    Creo que este año, va a ser más tipo «Dos en la carretera» de Stanley Donnen que «Jurassic Park» de Spielberg, porque no vamos a coger ni aviones ni trenes, evitar aeropuertos y grandes ciudades, algo que se ha convertido en una auténtica aventura. No. Por primera vez, vamos a coger el coche y a hacer kilómetros por Francia y España. Destinos ya cerrados hace meses, con la comodidad de que nosotros elegimos las pausas, los descansos, el ritmo y las obligaciones.

    Ha sido un semestre agotador. Lleno de interesantes propuestas y retos profesionales increíbles.

    La «vuelta al cole» se presenta movidita, así que, el único pensamiento que circula por el guion de este cortometraje tiene como palabras clave: toalla, playa, piscina, lectura, paseos, desconexión y siesta. Por supuesto que tendremos invitados especiales, cultura, prensa, series de TV, cócteles, vino, queso, amigos/amigas y familia.

    John Mayer dijo:

    «Un poco de verano, hace que todo el año valga la pena»

    John Mayer (1977 – Actualidad)