Tenemos que vivir la vida. La única que tenemos. Ya se que este mantra nos lo planteamos constantemente pero… ¿Lo hacemos?
Anoche veíamos una película británica del año 2022 titulada «Living». Una adaptación de un clásico de Akira Kurosawa y que se resume en el despertar, ante una enfermedad incurable, de un funcionario que no hay vivido su vida. Ahora, ante el fatal destino, se propone VIVIR.
El trabajo, la familia, las obligaciones, la hipoteca, el dinero, la salud, el día a día nos consume el tiempo para poder disfrutar de todas esas cosas que soñamos hacer y que, capa a capa, vamos depositando en el fondo de las prioridades. Llegará un momento en el que los estratos superiores pesen tanto, que será imposible convertirlas en prioridad.
Pero, de vuelta a la película, Mr. Williams decide romper con su propio letargo para sacar adelante el sueño de unas mujeres que, tropiezo a tropiezo con esa burocracia en la que se convierte la propia vida, no consiguieron empezar. Vivir es insistir. Desistir es el principio del fin.
El escritor Marcel Proust dijo:
«La enfermedad es el médico al que hacemos más caso; a la amabilidad, a los conocimientos, sólo hacemos promesas; a la enfermedad la obedecemos sin rechistar»
Marcel Proust (1871-1922)




