Cambio

Muchos aún no lo tienen claro. Ni siquiera asimilado. Empezando por nuestros líderes que siguen con la mirada puesta en el pasado, aferrándose a él como naufrago del Titanic, a enfrentarse a la pura realidad de que nada debería ser como antes. Nada. Pero no está siendo así. Ni lo será. Y este país, que se aferra al turismo y al sol como herramienta para la reconstrucción, se pone la venda ante otras certezas como la investigación, las energías renovables o el talento.

Harari, en su libro “21 lecciones para el S.XXI” escribe:

“Muchos pedagogos expertos indican que las escuelas deberían enseñar “las cuatros ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad. (…) Lo más importante de todo será la capacidad de habérselas con el cambio, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental en las situaciones con las que no estemos familiarizados”. Para estar a la altura del 2050, necesitaremos no solo inventar nuevas ideas y productos: sobre todo necesitaremos REINVENTARNOS una y otra vez.”

Yuval Noal Harari. “21 lecciones para el S.XXI. Ed. Debate. Página 288.
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Foto de Alexas Fotos en Pexels

Quizás, pues, sólo deberíamos hablar de una “gran C”: la del CAMBIO. Una palabra que implica revolución, evolución, futuro, invención, investigación, FUTURO. Pero muchos siguen con miradas de corto alcance. Ya lo dijo Sócrates y seguimos sin hacerle caso:

El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo”

Sócrates (470-390 a.d.C)

Etiquetas

Hasta el boom de las redes sociales, las etiquetas las hemos identificado con el precio o la identidad de un producto. Desde hace unos años, no podemos vivir sin ellas. Todo lleva una etiqueta, un hashtag, una tag… ¡Llámalo como quieras! Es una manera más para pertenecer, situarse, colocarse, participar, incluirse en esta sociedad hiperconectada. No hay movimiento, actividad, manifestación, protesta, denuncia, agradecimiento, saludo, despedida, conversación o insulto…, sin su etiqueta.

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Imagen de Helena Hertz en Unsplash

A esta era “post-covid” la estamos etiquetando como “la nueva normalidad”. Que de por sí es un error. Algo normal no puede ser nuevo. Lo “normal” es aquello que se toma como norma o regla social, es decir, aquello que es regular y ordinario para todos. Lo “nuevo” es algo recién hecho o fabricado, algo que se percibe o se experimenta por primera vez. No es normal que vayamos por la calle con mascarilla. Eso es nuevo. Ni lo asumiremos como “normalidad” por que, cuando se encuentre la vacuna, volveremos a lo realmente “normal” en sociedades occidentales: ir sin mascarilla.

Y que conste que me gusta el nombre. Es muy marketiniano. Y desde luego, suena mucho mejor “Decreto Ley de la Nueva Normalidad” que no quizás el nombre que debería llevar “Decreto Ley del Distancimiento Social“, que eso si que es nuevo para una sociedad como la latina, pero en ningún caso, nada normal.

Desaprender

¿Qué es más fácil, aprender o desaprender? Ambas requieren unos procesos, unas técnicas, unos tiempos, unas disciplinas, unos intereses y ciertas prácticas. Para desaprender, primero debemos aprender. Para desaprender, debemos de cambiar, modificar, alterar de nuestro disco duro lo aprendido y convertirlo en un aprendizaje de algo nuevo. No se trata de borrar u olvidar, porque entonces volveríamos a aprender algo de lo que no tenemos “backup”, y que nos llevaría a tener que desaprenderlo de nuevo.

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Imagen de Hans-Peter Gauster vía Unsplash

Estamos hablando de “repensarse”. Es un proceso de cambio, de reinventarse, de descubrimiento del aprender. Y ahora estamos en un momento idóneo para desaprender.

Los seres humanos somos complejos por que somos seres de hábitos. Bueno, no todos. Algunos son muy simples, solo son capaces de pensar que su aprendizaje es el único, y desconocen las ventajas del desaprender. Cambiar un hábito es como volver a nacer. Y para ello primero debemos ser conscientes de qué tenemos que modificar y motivarse al proceso de cambio.

Ya lo dijo Alvin Toffler:

“Los analfabetos del siglo 21 no serán aquellos que no sepan leer ni escribir sino aquellos que no sepan desaprender”

Alvin Toffler “La tercera ola”, 1979.

Ascenso, caída y vida

La historia del bailarín Sergei Polunin es pública. Sin tapujos. Sin censura. La podemos ver con toda su desgarradora realidad en un documental titulado “Dancer” y del que todos supimos cuando vimos la espectacular coreografía del tema de Hoosier, “Take me to the Church”, dirigida por David Lachapelle.

Ascenso, caída y vida post de @JgAmago en #ReInventarse

El indómito bailarín nos enseña cómo salío de una familia modesta y ascendió  a los cielos de la danza clásica gracias a su empeño, tesón, esfuerzo, técnica y empeño. Pero ese ascenso también estuvo cargado de tropiezos, de caídas, de drogas, de desafase… ¡Ser el número uno implica tener la cabeza muy bien amueblada! Mucho más allá que dominar tu cuerpo.

Su coreografía es el grito que rompe con el yugo de la dependencia, del hastío, de la decadencia. Es el baile que emerge de la caída a los infiernos hasta volver a elevarse al olimpo de los mortales. La vida sin ataduras. Sus tatuajes son un símbolo de rebeldía. Sus pasos y saltos la danza de resurección que le hizo caminar entre las llamas de su propio fuego.